POR UNA HISTORIA DE LA TRADUCCIÓN EN HISPANOAMÉRICA – Georges Bastin

IN: Íkala, revista de lenguaje y cultura, vol. 8, núm. 14, jan./dez./2003, pp. 193-217. Publicação da Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. “(Este artigo é uma versão ampliada e atualizada do trabalho publicado em 1998 na Routledge Encyclopedia of Translation Studies sob o título <Latin American Tradition>.)”

Texto integral disponível em: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=255026028009

En primer lugar, si bien es cierto que esbozar un panorama de la actividad traductora en un continente a lo largo de 500 años implica un arqueo bibliográfico de gran magnitud, resulta al mismo tiempo una tarea difícil y muy lejos de ser exhaustiva. En segundo lugar, por ser el primero en su género, este trabajo presenta seguramente serias lagunas que no han podido ser colmadas por el difícil acceso a las fuentes de información.”

(…) la relación esencial y paradójica entre el hispanismo y el indigenismo. No es casual que la traducción hispano-americana encuentre su mejor simbiosis en una figura tan real-mágica como la de Malinalli Tenépal. Esta india azteca, mejor conocida como la Malinche, símbolo del mestizaje de las culturas, es la primera intérprete americana en marcar con sello polémico el controversial paso hacia adelante de la historia universal, mediante el cual se enriquece el planeta, hasta entonces conocido, con tierras, hombres e ideas que, a pesar de su milenaria tradición, fueron llamados <Nuevo Mundo>.”

Cuando Colón pisó tierras americanas se enfrentó a unas mil lenguas agrupadas en cerca de 133 familias, entre las cuales las principales eran la azteca (con más de 20 dialectos) en México, Estados Unidos y América Central; la maya-quiche y la náhuatl en México, Guatemala y América Central; la chibcha en Colombia; la caribe en las Antillas y Venezuela; la tupí-guaraní en Paraguay, Uruguay y norte de Argentina; la aimara y la quechua en Ecuador, Perú y Bolivia, y la araucana en Chile. No cabe la menor duda, por más que se carezca de datos fehacientes, de que se establecieron contactos entre las distintas tribus indígenas, lo que a su vez permite suponer la existencia de intérpretes (Rosenblat, 1984: 72-74).”

intérpretes o lenguas (a veces también llamados lenguaraces, farautes, trujumanes, o

naguatlatos en el caso del náhuatl).”

La primera ley general, que ordenaba a los sacristanes la enseñanza de esta lengua a los niños indios, data de 1550 (Solano, 1991: 47). Sin embargo, las órdenes de la Corona no fueron obedecidas, ni en ese momento, ni más tarde. Así, después de muchos debates y no pocos conflictos entre misioneros y juristas, entre lo real y lo ideal, llegamos a 1770, cuando por Real Cédula de Carlos III se declaran <ilegales> las lenguas americanas (Solano, 1991: 257). Ahora bien, estos ideales lingüísticos eran totalmente contradictorios con el hecho de que la evangelización de los nativos se realizara en sus propias lenguas. Sin embargo, así lo ordenaba la política oficial de la Iglesia Católica y de la Corona, ya que lo único que justificaba la conquista de América era la misión evangelizadora.”

los escritos oficiales siempre se redactaron en latín o en castellano. Los impresos más antiguos de América son, como era de esperarse, obras religiosas traducidas: en México, una Breve y más injundiosa doctrina cristiana en lengua mexicana y castellana, y en Lima, la obra que Calvo considera <el mayor esfuerzo traductológico de la Iglesia Católica en América en el período colonial>, el Catecismo de la doctrina christiana, una doctrina trilíngüe en español, quechua y aimara publicada por Antonio Ricardo en 1584 (Calvo, 2002: 113).

La presunción de la importancia que tendrían los intérpretes en el empeño de conquista hizo que Colón llevara, en su primer viaje, a dos de ellos: Rodrigo de Jerez, que había andado por tierras de Guinea, y Luis de Torres, judío que había vivido en el Adelantado de Murcia y dominaba el hebreo, el latín, el griego, el armenio y el árabe. Evidentemente, estas lenguas le fueron de muy poca utilidad para su trabajo de intérprete en tierras americanas. Este primer viaje hizo ver además a los colonos la necesidad de formar a estos intérpretes, de quienes, según varios testimonios, se desconfiaba. Desde su primer viaje —y así lo seguirá haciendo en los tres siguientes—, Colón se lleva a unos diez nativos con miras a que se enteren de la lengua y vida de España para servir a los reyes en futuros viajes. De regreso a La Española (hoy Haití y Santo Domingo), acompañan a Colón dos intérpretes: Alonso de Cáceres y un muchacho de la isla de Guanahaní (Bahamas) bautizado con el nombre de Diego Colón (Madariaga, 1992: 351).”

en 1499, Alonso de Ojeda, Juan de la Cosa y Américo Vespucio capturaron indígenas para convertirlos en lenguas. Ojeda se casó con su intérprete y guía, la índia Isabel. En la expedición de Pedro de Heredia a Cartagena de Indias en 1533, iba con los españoles la india Catalina, a quien Heredia se llevó como intérprete. En 1518, Juan Grijalba llevó a Yucatán, como intérpretes, a dos indios, Julianillo y Melchorejo, capturados por el capitán Francisco Hernández de Córdoba el año anterior. Cortés, en sus primeros pasos por Yucatán (Cozumel), estuvo acompañado por Melchorejo y el indio Francisco. También Vicente Yánez Pinzón capturó indios en el golfo de Paria (Venezuela) y se los llevó a La Española para que pudieran servir al joven almirante como intérpretes en la exploración de regiones ocultas.”

Los intérpretes dieron a Cortés mucha más fuerza que los ejércitos de tlaxcaltecas y otros aliados con los que finalmente conquistó México. Bernal Díaz del Castillo (1986) cuenta que Cortés llegó a utilizar simultáneamente los servicios de tres intérpretes: le hablaba castellano a Aguilar, quien traducía al maya para los yucatecas; la Malinche interpretaba del maya al náhuatl para los mexicas, y Orteguita, muchachito mexica, verificaba que lo que se decía era lo que quería decir Cortés.

Jerónimo de Aguilar (de Écija), clérigo español que sobrevivió al naufragio de la expedición de Juan de Valdivia en 1511, fue hecho esclavo en la isla de Cozumel, donde vivió con los mayas ocho años antes de ser liberado en 1519 por Hernán Cortés. Desde entonces, le sirvió como lengua y lo siguió en toda la campaña de la conquista de México.”

A PATRONA DOS TRADUTORES DO NOVO MUNDO: “Malinalli, Malitzin, la Malinche o doña Marina nació en 1502 en un pueblo cerca de Coatzacoalcos. De niña fue vendida a mercaderes de esclavos. Como propiedad de los tabasqueños pasó a formar parte de un grupo de 20 mujeres que le fueron regaladas a Cortés en 1519. En el reparto acostumbrado, le tocó como amo don Alonso Hernández de Portocarrero. En un encuentro con los mexicas, Malinalli sirvió de intérprete, ya que el padre Aguilar no entendía la lengua de estos indígenas. Entre los dos lograron establecer la comunicación: Malinalli traducía del náhuatl al maya y Aguilar del maya al español. Fue cuando Cortés le prometió la libertad a Marina, si aceptaba ser su intérprete. Llegó a ser mucho más, ya que fue su compañera, consejera y madre de su hijo.”

Esteban Martín, intérprete de Ambrosio Alfinger, apoderado de los banqueiros alemanes Welser en Santo Domingo, fue enviado con 20 hombres a Coro (1529). Juan Ortiz, sevillano que tenía 18 años cuando lo capturó el cacique Hirrihigua o Ucita, permaneció con los indios en contra de su voluntad por más de 10 años y luego fue intérprete de Hernando de Soto, hasta que éste murió en 1542. El primer intérprete al español de raza negra del que se tenga conocimiento fue Estevancio o Estevancico. Pánfilo de Narváez lo utilizó como intérprete en la expedición que salió de Cuba rumbo a la Florida en 1527 (Arencibia, 1993: 4).”

Es un hecho que estos intérpretes desempeñaron un papel clave en las negociaciones entre el Inca Atahualpa y sus dignatarios, y los españoles Francisco Pizarro, Hernando de Soto, Diego de Almagro y otros, que llevaron a la emboscada de Cajamarca en 1532 y luego a la ejecución del Inca, el año siguiente. Entre los nombres de los cuales tenemos información cierta, merecen destacarse los de Felipe o Felipillo, Martinillo de Poechos y Francisquillo, tres indios que sirvieron como intérpretes en la expedición de Bartolomé Ruiz en 1525 y quienes acompañaron a Pizarro y Almagro en sus distintos viajes hacia el Perú.”

PRIMEIRO CONTRA-EXEMPLO NOTÁVEL: “Felipillo habría nacido en la isla de Puná y habría aprendido el quechua, en Túmbez, de boca de indios que lo tenían como segunda lengua y el castellano de oír a los soldados españoles. Todos los historiadores están de acuerdo en que la interpretación realizada por Felipillo del requerimiento hecho al Inca Atahualpa (de reconocer a la Iglesia, al papa y a los reyes católicos), estuvo muy lejos de ser apropiada y ética. En primer lugar, porque es difícil suponer que, para la época, los lenguas pudieran comprender conceptos que les eran completamente ajenos, sobre todo aquellos referentes a la religión católica (Fossa, 2000). En segundo lugar, el intérprete habría efectuado la traducción de forma que fuera ofensiva para el monarca indígena, por pertenecer a una tribu enemiga del Inca, y además porque el intérprete mantenía amores ilícitos con una concubina de Atahualpa.”

Otro caso interesante es el de un soldado castellano llamado Gonzalo Calvo Barrientos, pillo y ladrón, puesto preso por Pizarro, quien lo condenó a una tunda de azotes y a que le cortaran las orejas (Herren, 1991). Desfigurado, huyó al sur y se estableció en el norte de Chile que, para entonces, formaba parte del império del Cuzco. Allí vivió con los indios. La expedición de Diego de Almagro lo encontró convertido en un mapuche barbudo que le sirvió como intérprete e intermediário con los indios.”

Francisco del Puerto, conocido como <Paquillo>, primer intérprete blanco del Río de la Plata, embarcado en 1515 con el descubridor Juan Díaz de Solís y quien pasó 10 años prisionero de los indios antes de servir como baqueano [guia, principalmente geográfico] e intérprete para Sebastián Caboto en 1526, se enemistó con Gonzalo Núñez de Balboa y, para vengarse, preparó junto a los indios una emboscada en la que perecieron casi todos los españoles (Arnaud, 1950).

Gonzalo de Acosta, nacido en Portugal en 1540, fue el más digno y famoso aventureiro portugués de los primeros tiempos del descubrimiento y conquista del Río de la Plata; fungió [serviu] de intérprete para Alvar Núñez Cabeza de Vaca y Pedro de Mendoza.”

Comprendieron entonces la necesidad de adoptar una lengua auxiliar o lingua franca para facilitar la comunicación entre el colonizador español y los múltiples pueblos indígenas existentes. Los monjes entonces se entregaron a la tarea de difundir algunas <lenguas generales>. En 1584, el náhuatl se hablaba desde Zacatecas hasta Nicaragua; a finales del siglo XVI, el quechua se había extendido desde el Perú hasta el noroeste argentino y desde el sur de Colombia hasta Ecuador y el Alto Amazonas; el chibcha o muisca en toda la meseta cundiboyacense de Colombia; y el guaraní en Paraguay, el litoral rioplatense y gran parte de Brasil. Como lo explica Rosenblat (1984), se dio así el caso paradójico de que bajo la dominación española alcanzaran el náhuatl y el quechua una expansión que no tuvieron en la época de máximo esplendor de sus respectivos imperios.

al no resultar admisible para la religión católica que los sacramentos se administraran sin impartir las nociones básicas de la fe, y que la confesión, por ejemplo, se realizara mediante intérpretes, los religiosos se dedicaron a estudiar a fondo las lenguas del lugar, hasta escribir gramáticas y diccionarios, traducir numerosos textos doctrinarios: breviarios, misales, libros de horas, entonarios, procesionarios, etc., que cayeron en el olvido, nunca fueron impresos o fueron quemados. Larga es la lista de obras eruditas de carácter lingüístico que fueron editadas en la época colonial dedicadas al estudio de las lenguas americanas.”

Gargatagli (1992) explica que en el título XXIX del libro II de la Recopilación de leyes de los reynos de Las Indias figuran 15 disposiciones, fechadas entre 1529 y 1630, y firmadas por Carlos V, Felipe II y Felipe III, relativas a los intérpretes. La primera ley, la de 1529, describe a los intérpretes como ayudantes de gobernadores y de la justicia: no pueden pedir ni recibir de los indios joyas, ropas o comida. En la de 1537 se autoriza a los indios a ser acompañados por un <cristiano amigo suyo> para verificar la veracidad y exactitud de lo que dicen los intérpretes. Con las leyes de 1563, la profesión adquiere su jerarquía profesional: se les fija un sueldo según el número de preguntas que interpretan, se les determinan días y horarios de trabajo, se establece el número de intérpretes por cada Audiencia, se precisan sus deberes contenidos en el juramento que prestan: <[…]interpretar clara y abiertamente, sin encubrir ni añadir, sin ser parciales…; en caso de incumplimiento pueden ser condenados por perjurio al pago de multas,[…]” (Solano, 1991: 62-64). Nada distinto a lo que hoy conocemos de los códigos de ética.

De la misma manera, el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Cobarruvias, el primer diccionario de la lengua (1611), define con bastante precisión al intérprete. Lo original tal vez sea que además de la <fidelidad>, se le exige al intérprete de Las Indias que tenga <cristiandad y bondade>, lo que hace sospechar que aquellos intérpretes, más que hijos del pensamiento humanista, eran engendros de la Inquisición.

Nos tempos coloniais, tudo se lia com avidez: desde as crônicas dos conquistadores e missionários até os mais arrevesados manuais sobre a arte da guerra e os <deliciosos> livros de confeitaria, cozinha, modas e jogos de azar. Livros em latim, inglês, francês, italiano, português; obras <heréticas e sediciosas>; clássicos latinos, gregos e castelhanos; uma profusão de dicionários sobre as mais diversas matérias, a vida dos santos, bíblias, missais e sermonários […]” (Leal, 1979:19)

En efecto, por Real Cédula promulgada en Ocaña y fechada el 4 de abril de 1531, se prohibía el envío para Las Indias de varios libros: las obras de pura imaginación literaria, las contrarias a las regalias del Monarca, y las que figuraban en los expurgatorios publicados por la Inquisición.

Especial empeño puso la Corona en prohibir aquellas obras escritas por extranjeros, entre las cuales las más perseguidas fueron los seis volúmenes de l’Histoire philosophique et politique des établissements et du commerce des Européens dans les deux indes¹, de Guillaume Raynal, publicados en Ámsterdam en 1770. A pesar de las prohibiciones, este libro se reeditó 38 veces antes de 1830 y circuló desde México hasta el Río de la Plata, ya en su original en francés o bien en la adaptación castellana del duque de Almodóvar del Río, en 1784.

¹ [Citado por Montesquieu em seu Espírito das Leis, quiçá? A CONFERIR.]

Esta <libre> circulación de toda clase de libros en el siglo XVI y siguientes contribuyó, gracias también a las traducciones existentes, a la implantación de la lengua de Castilla como idioma universal de América hispana. Sin embargo, es de notar que casi todos los libros tuvieron una vida muy efímera en América. Muchos factores concurrieron para obstaculizar la producción y la edición (y, por tanto, la traducción) de libros en América. Factores materiales de diversa índole como la huida de numerosas familias españolas y criollas y la destrucción de bibliotecas, conventos y edificios públicos, contribuyeron a la extinción del libro (la quema de los códigos mayas perpetrada por Diego de Landa¹ en 1529 es calificada por Delisle y Woodsworth (1995: 153) como el acto <anti-traducción> más grave para el Nuevo Mundo; dichos manuscritos fueron quemados por temor a que dificultasen la obra de cristianización). Y es que en la propia España sobreviven tan pocas ediciones de aquellos tiempos que no es de extrañar que desapareciesen del todo en América.

¹ [O site rbth.com afirma que este foi um tradutor e decifrador colonial da escrita maia e não um censor/destruidor de livros.]

La desaparición de tal patrimonio cultural universal puede parecer paradójica si se recuerda que la imprenta surge tempranísimo en México, en 1535, y, en Lima, en 1583. De igual manera, las primeras universidades latinoamericanas fueron fundadas en la primera mitad del siglo XVI. En 1538 se funda, en el nuevo território de La Española, la Universidad de Santo Domingo; en 1551, la de Lima y la de México; en 1580, la Universidad Santo Tomás en Bogotá y en 1586, la de Quito.

Sin embargo, en esta época la censura se convierte en <histeria> y los controles <filológicos> son llevados al extremo. Así, en 1555, el Concilio Primero Mexicano, por errores de traducción, mandó recoger todos los sermonarios en lenguas de los indios. Lo curioso es que se incluyeran en las obras prohibidas las gramáticas y los diccionarios (Gargatagli, 1992: 13-14).

Al sur del continente, los jesuitas tuvieron una actividad intelectual intensa en la que la traducción estuvo siempre presente. Dos obras, Diferencia entre lo temporal y lo eterno, del padre Nieremberg, y Flos Sanctorum, del padre Rivadeneira, fueron traducidas al guaraní e impresas por indios en las misiones de Paraguay. Con la expulsión de los jesuitas, no quedó nada de las imprentas, ni de estas y otras obras.

Juan Badiano, de Xochimilco, tradujo al latín un libro sobre las hierbas medicinales de los indios, Libellus de medicinalibus indorum herbis, compuesto en náhuatl en 1552, por el indio Martín de la Cruz; el Libro de los coloquios o pláticas de fray Bernardino de Sahagún, escrito en náhuatl y en castellano hacia 1530, reproduce los intercambios religiosos entre unos doce franciscanos y sabios aztecas; del mismo autor, la Historia general de las cosas de Nueva España, escrita en náhuatl por un equipo encabezado por Sahagún, a partir de testimonios de ancianos y de viejos médicos de Tlatelolco, y el propio Sahagún tradujo en su totalidad, al castellano (o sea 40 años de trabajo y 12 volúmenes), la Historia de las Indias de Nueva España y Islas de Tierra Firme de fray Diego de Durán, traducción literal del Códice Ramírez. Estos, como vários otros, son trabajos que hoy tienen el mismo valor para los americanistas que la Piedra de Roseta, porque permiten el difícil trabajo de reconstrucción del pasado americano, del que quedan pocos documentos escritos. En cambio, no se tiene noticia de traducciones horizontales, es decir, entre las lenguas del Nuevo Mundo (Gargatagli, 1992: 16).”

RUMO À INDEPENDÊNCIA – FORMAÇÃO DAS IDENTIDADES NACIONAIS

a) ARGENTINA

Moreno (1810) impone una versión expurgada del Contrato social, de Rousseau, en las escuelas (se eliminó el punto de vista religioso) y con ello estimula la traducción de numerosas obras extranjeras. Más tarde, Sarmiento (1870) crea las escuelas normales e importa maestros norteamericanos con un cortejo de traducciones relacionadas con

la pedagogía. Al igual que en otros países, el surgimiento por épocas del nacionalismo

argentino provoca un rechazo hacia España y un vuelco hacia la traducción como base cultural. Las distintas olas de inmigrantes de finales del siglo XIX y principios del XX favorecen igualmente los intercambios culturales y, por ende, el desarrollo de la traducción. Nombres como los de Bartolomé Mitre, Leopoldo Lugones, Manuel Gálvez, Ricardo Rojas y, más tarde, Jorge Luis Borges, quedan indisolublemente ligados a la historia de la traducción, tanto por sus reflexiones teóricas, en el caso del primero y del último, como por sus traducciones.”

b) CHILE (sempre um tapa na cara dos brasilíndios)

Pero tal vez el auge de la actividad traductora en ese país esté más bien vinculado, como en Argentina, a decisiones de tipo gubernamental, como la creación de la Universidad de Chile (1842).”

El francés era la lengua de la inmensa mayoría de los textos traducidos, entre otras razones por la tremenda influencia que tuvieron en la emancipación y edificación de Chile, así como de casi toda América Latina, autores como Voltaire, Rousseau, Diderot y el abate Raynal. Entre los traductores más destacados se encuentran Valentín Letelier y Jorge Lagarrigue. A ellos se suma el ilustre venezolano Andrés Bello, quien ejerció la mayor parte de su actividad intelectual en Chile (Cabrera, 1993: 61).”

c) CUBA

Encabeza la lista de destacados traductores cubanos José María Heredia y Heredia (nacido en México en 1803): tradujo a W. Scott, T. Moore, Chenier, Alfieri, Ducis, Voltaire, E. Roch y Tytler. En la propia vertiente de los traductores hispanoamericanos antes mencionada, Heredia hizo apartes originales al texto de partida. Otra traductora que rechaza la copia servil del modelo es Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), quien vertió al español obras de Víctor Hugo, Byron, Lamartine y Augusto de Lima. Otras representantes del grupo femenino del XIX son Aurelia Castillo de Gonzáles y Mercedes Matamoros, traductoras de Byron, Chenier, Moore, Goethe y Schiller.

En el campo de la didáctica y la ciencia, sobresalen traductores como los Hermanos Antonio y Eusebio Guiteras Font, Esteban Borrero Echevarria y José del Perojo (primero en traducir del alemán a Kant y a Fischer) (Arencibia, 1993).

Finalmente, Cuba cuenta con un gigante de las letras universales, a quien del mismo modo se le reconoce una gran actividad como traductor: José Martí (1853-1895). Tradujo del inglés Antigüedades griegas, de J. H. Mahaffy; Antigüedades romanas, de A. S. Weikens y Nociones de lógica, de W. Staley Jevons. Del francés tradujo la novela Mes fils, de Víctor Hugo. También se conoce a Martí como crítico de traducciones. De especial interés es su libro Cartas a María Mantilla, donde habla de la naturaleza de la traducción y explica la manera de abordar el trabajo traductivo (Arencibia, 2000: 13).”

d) VENEZUELA

En Venezuela, se comprueban varias de las características comunes a toda la América hispana hasta ahora descritas: la predilección por la traducción literaria, la elección de textos filosóficos destinados a introducir las ideas emancipadoras, la vinculación de la traducción a la labor pedagógica en las universidades nacientes y la libertad creadora del traductor. El mayor exponente de todos estos rasgos es, sin lugar a dudas, Andrés Bello (DV), escritor, pedagogo y diplomático, cuyas traducciones poéticas han recibido reconocimiento universal por su belleza y originalidad. Tradujo a Florián, Byron, Plauto, Víctor Hugo, A. Dumas, Boyardo, Virgilio, entre otros. Su versión de La prière pour tous, de Víctor Hugo¹, merece mención especial.

¹ Ver el interesante artículo de Alejandra Valero (2001).

Es de notar que Venezuela, por su situación geopolítica privilegiada, <ha sido la vía de penetración de las nuevas ideas renovadoras que, al final del siglo XVIII, iban a cuajar en el pensamiento que condujo a la independencia> (Grases, 1981:135). En este sentido, no podemos dejar de destacar la importancia del trabajo traductivo de Manuel García de Sena. Sus traducciones al español de algunos escritos de Tomas Paine y John M’Culloch y en especial de la Constitución de Estados Unidos, sirvieron como los <documentos de trabajo> de los primeiros constitucionalistas americanos.”

El grupo de investigación HISTAL de la Universidad de Montreal trabaja para profundizar ese aporte de Grases y tiene culminados trabajos sobre textos como la Carta a los españoles americanos, del abate Juan Pablo Viscardo y Guzmán

e) COLÔMBIA

De esta época, en Colombia sobresale, por su significado histórico, la traducción de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, de 1789, hecha por Antonio Nariño en 1794, y que le valió, por un lado, muchos años de prisión y exilio, pero, por otro, el título de primer traductor de tal Declaración en América. También se tiene conocimiento de que para la primera década del siglo XIX ya circulaban, en Bogotá, traducciones al español de la Constitución de Estados Unidos, pero la información sobre los traductores y la naturaleza de estas traducciones siguen en un desconocimiento total.”

O N D E A T A C A R ( T C C ) > > > siguen faltando estudios acerca de las traducciones de estos gigantes de la literatura a las otras lenguas y su recepción fuera de América Latina. (p. 18)

CONTEMPORANEIDADE

fue por el año de 1945 cuando aparece el primer programa universitario de formación para traductores (<públicos>) en Argentina. (…) el Departamento de Traducción de la Pontificia Universidad Católica de Chile (1971) y la Escuela de Idiomas Modernos de la Universidad Central de Venezuela (1974).”

Empieza finalmente el portugués a ocupar un lugar propio en la formación de traductores e intérpretes. Caso especial es la Escuela de Idiomas Modernos de la Universidad Central de Venezuela, donde se ofrece una licenciatura [bacharelado, em Português] de cinco años tanto en traducción como en interpretación (español más dos idiomas extranjeros) en inglés, francés, alemán, italiano, ruso y portugués.”

En Buenos Aires se han organizado, con asistencia multitudinaria, varios Congresos Latinoamericanos de Traducción e Interpretación desde 1996. Igualmente se han celebrado dos grandes congresos internacionales en Perú.”

Varios países contemplan la categoría de traductores públicos o juramentados, nombrados o autorizados por el Estado para intervenir en actos judiciales. Sin embargo, la falta de reconocimiento oficial de la profesión en la totalidad del continente es el origen de una lucha gremial bastante intensa por parte de los traductores e intérpretes latinoamericanos. De allí el surgimiento, desde hace unos veinte años y prácticamente en todos los países de la región, de asociaciones gremiales compuestas por profesionales (con o sin título). Lamentablemente, hasta hoy, sólo algunas de estas agrupaciones han logrado cerrar filas; más bien se observa una proliferación de asociaciones con poco poder de convocatoria. Por ejemplo, un país como Venezuela llegó a contar hasta hace pocos años con cuatro asociaciones gremiales y una federación. Los dos únicos Colegios nacionales creados por ley en el continente son el Colegio de Traductores del Perú y el Colegio de traductores públicos del Uruguay. Mención especial merece el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires (CTPCBA) por su larga trayectoria, su intensa labor formadora y sus publicaciones. Varias de las asociaciones gremiales son miembros de la Federación Internacional de Traductores (FIT) (Argentina, Cuba, Chile, Guatemala, México, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela). En 2002, el XVI Congreso de la FIT aprobó la creación de su Centro Regional América Latina, con sede en Buenos Aires.”

ANACRÔNICO: “El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la futura Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), en particular, generan un volumen considerable de traducciones.”

Institutos demais, profissionais qualificados de menos.

Miguel Teurbe Tolón (Cuba, 1820-1870), tal vez el primero en escribir una obra didáctica sobre la traducción: The elementar Spanish Reader and Translator (New York, 1852); Andrés Bello (Venezuela); Octavio Paz, Alfonso Reyes y Francisco Ayala (México); Miguel Antonio Caro (Colombia); Bartolomé Mitre y Jorge Luis Borges (Argentina). Además de traductor prolífico, Borges escribió varios artículos sobre la traducción, entre los cuales cabe resaltar Las traducciones de las Mil y una noches, en Historia de la eternidad, de 1942 (1971), y Versiones homéricas, en Discusión (1930). De manera general, tal vez esquemática, estos autores se caracterizan por una concepción de la traducción, sobre todo literaria, que pone de relieve la creatividad y libertad del traductor al servicio de su lector.”

MAIS:

Fossa – Los primeros intérpretes de los evangelizadores o el riesgo de poner la palabra de Dios en boca de los nativos

Madariaga – Vida del muy Magnífico Señor Don Cristóbal Colón, 1992.

Pino Iturrieta, Elías – La mentalidad venezolana de la emancipación (1810-1812), Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1971.

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