“EVÉLPIDES. (Indignado.) En verdad, es una indignidad lo que ha hecho con nosotros el pajarero, el bilioso Filócrates el del mercado de las aves, que decía que estos dos pajarracos nos iban a enseñar de entre las aves a Tereo, abubilla después de su metamorfosis, y nos vendió el grajo ése, un hijo de Tarrélides por un óbolo, y la otra por tres. Y ahora resulta que los dos no sabían dar más que picotazos. (Cambia de entonación, dirigiéndose al grajo.) ¿Y por qué abres el pico ahora? ¿Hay todavía algún sitio al que quieras despeñarnos? Porque por aquí no hay ningún camino.”
“EVÉLPIDES. ¿No es una cosa lastimosa que queramos irnos… (irónico) a los cuervos y, después de hacer nuestros preparativos, luego no podamos hallar el camino? Porque nosotros, gentes que nos escucháis, estamos enfermos de la enfermedad contraria a la de Sacas: éste, no siendo ciudadano, trata de meterse en las listas a la fuerza, mientras que nosotros, de una tribu y una familia estimables, ciudadanos entre los ciudadanos, sin que nadie nos eche, hemos salido de Atenas volando con los dos pies, y no por odio, porque no fuera naturalmente grande y rica y libre para todo el mundo para pagar impuestos. Pero la verdad es que las cigarras cantan uno o dos meses sobre las ramas, mientras que los atenienses cantan en los pleitos toda su vida. Por eso damos este paso, y con un canastillo, un puchero y mirto, vamos de un lado a otro buscando un lugar tranquilo donde asentarnos para pasar la vida. Nuestra expedición es en busca de Tereo, la abubilla, deseosos de que nos entere de si ha visto por dónde ha volado alguna ciudad de esa clase.”
“PISTETERO. ¿Sabes lo que vas a hacer? Golpea la roca con la pierna.
EVÉLPIDES. Y tú con la cabeza, para que el ruido sea doble.”
“SERVIDOR DE LA ABUBILLA. (Sale de la casa de ésta) ¿Quiénes son éstos? ¿Quién llama a mi amo?
PISTETERO. ¡Apolo protector! ¡Qué abertura de pico!”
“EVÉLPIDES. Pero si no somos hombres.
SERVIDOR. ¿Pues qué?
EVÉLPIDES. Yo, el asustado, un pájaro de Libia.
SERVIDOR. Dices tonterías.
EVÉLPIDES. Y, sin embargo, mira ante mis pies.
SERVIDOR. ¿Y qué pájaro es este otro? Dímelo.
PISTETERO. Un cagado, ave del Fasis.
EVÉLPIDES. Y tú, ¿qué clase de animal eres? Di, por los dioses.
SERVIDOR. Soy un pájaro esclavo.
EVÉLPIDES. ¿Es que te venció algún gallo?
SERVIDOR . No, pero cuando mi amo se convirtió en abubilla, pidió a los dioses que yo me hiciera pájaro, a fin de tenerme para acompañarle y servirle.
EVÉLPIDES. ¿Es que un pájaro necesita servidor?
SERVIDOR. Éste, por lo menos, sí, a causa, yo creo, de que fue primero hombre. Unas veces tiene ganas de comer boquerones del Falero: cojo mi escudilla y corro por los boquerones; le apetece puré y hace falta una cuchara y un puchero: corro por la cuchara.”
“EVÉLPIDES. Los doce dioses parece que te han dejado malparado.
ABUBILLA. ¿Os burláis de mi plumaje? Es que yo era un hombre, ¡oh extranjeros!
EVÉLPIDES. No nos reímos de ti.
ABUBILLA. ¿Pues de qué?
EVÉLPIDES. Tu pico es el que nos parece risible.
ABUBILLA. Estos excesos ha hecho contra mí Sófocles en sus tragedias, de Tereo que era antes.
EVÉLPIDES. ¿Tú, Tereo? ¿Ave o… pavo real?”
“ABUBILLA. Entonces, ¿buscas una ciudad mayor que la vieja Atenas?
EVÉLPIDES. Mayor, de ningún modo, pero sí una más apropiada para nosotros.
ABUBILLA. (Con seriedad.) Sin duda alguna, veo que buscas un régimen aristocrático.”
“PISTETERO. Cuando el padre de un bonito muchacho, al encontrarse conmigo, me hiciera estos reproches como si yo le hubiera ofendido: «Tiene gracia la cosa: te encuentras a mi hijo, Don Lindo, saliendo del gimnasio, recién bañado, y no le diste un beso, no le dijiste nada, no le abrazaste, no le cogiste los cojones [colhões], y eso tú, ¡un amigo de la familia!»”
“PISTETERO. Fundad una ciudad.
ABUBILLA . ¿Y qué ciudad podríamos fundar las aves?
PISTETERO. ¿De verdad? (Recitando como verso y con gravedad cómica.)
¡Oh, cuán necia es la frase
que osaste pronunciar!
(En tono normal.) Mira abajo.
ABUBILLA. Ya estoy mirando.
PISTETERO. Mira ahora arriba.
ABUBILLA. Ya miro.
PISTETERO. Vuelve el pescuezo.
ABUBILLA. Por Zeus, ¿voy a sacar provecho si me lo retuerzo?
PISTETERO. ¿Viste algo?
ABUBILLA. Las nubes y el cielo.
PISTETERO. ¿Y n o es este, a todas luces, el polo de las aves?
ABUBILLA . ¿El polo? ¿Cómo?
PISTETERO. Como el que dice el lugar. Como todos se espolean [rosetar, gracejar] y corren a través de él, se llama polo. Pues bien: si colonizáis esto y lo cercáis con murallas se llamará polis y reinaréis sobre los hombres como ahora sobre los saltamontes, ya los dioses los haréis morir con un hambre melia.(*)
EVÉLPIDES. ¿Cómo?
(*) Alude a la rendición de Melos, por hambre, unos meses antes de representarse Las aves.”
“de esta misma manera, cuando los hombres hagan sacrificios a los dioses, como éstos no os paguen tributo, no dejaréis pasar el olor a muslos asados a través del espacio y de una ciudad que no es suya.”
O imposto sobre o ar é real!
“ABUBILLA. Lo juro por la tierra, por los lazos, por las nubes, por las redes: nunca he oído una idea más ingeniosa; estoy dispuesto a fundar contigo la ciudad si están de acuerdo los otros pájaros.”
“¡Abubuí bubuí bubububuí bubuí!
¡Ió, ió, venid, venid!
Venid aquí todos, amigos alados,
que las tierras fértiles de los campesinos
pobláis, las bandadas que comen cebada,
las razas que buscan el grano,
de rápido vuelo, de suave canto;
los que en el sembrado piáis,
(…)
Porque ha llegado un ingenioso viejo,
de nuevas ideas,
de nuevas empresas agudo inventor.
Venid todos a consejo,
aquí, aquí, aquí, aquí
¡torotorotorotorotix!,
¡kikkabaú, kikkabaü,
torotorotorolililix!”
“UN AVE. ¡Torotix, torotix!
(La flau ta imita el canto de las aves.)”
“EVÉLPIDES. ¿Qué prodigio es éste? Entonces, ¿no sólo tú eres abubilla, sino también este otro pájaro?
ABUBILLA. Es hijo de la abubilla de Filocles y yo soy su abuelo; es como si dicen que Hiponico es hijo de Calias y otro Calias hijo de Hiponico.”
“EVÉLPIDES. Pero ¿por qué esa cresta de las aves? ¿Es que son soldados que van a correr el doble estadio?”
“EVÉLPIDES. Señor Apolo, ¡qué nube! Tantos volando no dejan ver ni la entrada del teatro.”
“CORIFEO. Pero más tarde arreglaremos nuestras cuentas con él; ahora me parece lo mejor que estos dos viejos sufran castigo y sean despedazados por nosotros.
PISTETERO. ¡Estamos perdidos!
EVÉLPIDES. Tú eres el único culpable. ¿Por qué me has hecho venir de Atenas?
PISTETERO. Para que me acompañaras.
EVÉLPIDES. Para llorar amargamente.
PISTETERO. No dices nada más que tonterías; pues ¿cómo vas a llorar, si te van a sacar los ojos?”
“ABUBILLA. Precisamente de sus enemigos aprenden mucho los sabios. La previsión es la salvadora de todo. Y de un amigo no la aprenderás, pero el enemigo enseguida obliga a ello. Sin ir más lejos, las ciudades aprendieron de los enemigos, y no de los amigos, a construir altas murallas y a tener naves de guerra; y este”
“CORIFEO. Lo pactamos.
PISTETERO. Júralo.
CORIFEO. Lo juro con la condición de que todos los jueces y espectado res den el premio a la comedia.
PISTETERO. Eso es.”
“CORIFEO. ¿Nosotros reyes? ¿De quién?
PISTETERO. ¿Vosotros? De todo lo que existe, de mí primero, de éste, del mismo Zeus; sois más antiguos y anteriores a Crono, a los titanes y a la Tierra.
CORIFEO. ¿Y a la Tierra?
PISTETERO. ¡Sí, por Apolo!
CORIFEO. ¡Esto no lo sabía yo, por Zeus!
PISTETERO. Porque eres un ignorante y nada curioso y no has dado siete vueltas a Esopo, que dice que la alondra nació antes que las demás aves, antes que la Tierra, y que después su padre enfermó y murió; y no había tierra y el cadáver estuvo expuesto cinco días; y ella, apurada ante la dificultad, enterró a su padre en su propia cabeza.”
“PISTETERO. Y de que antiguamente los dioses no gobernaban a los hombres, sino las aves, de eso hay muchas pruebas. Por ejemplo, os mostraré que el gallo era rey y mandaba sobre los persas antes de todos los Daríos y Megabazos, hasta el punto de que los griegos le llamamos ave persa por aquella soberanía.”
“PISTETERO. Y el cuco era rey de Egipto y de toda Fenicia; y cuando el cuco decía: «Cu-cú», todos los fenicios recolectaban trigo y cebada en los campos.”
“PISTETERO. Y lo peor de todo, Zeus, el que ahora reina, aunque es rey, tiene sobre la cabeza un águila; y su hija Atenea, una lechuza; y Apolo, como servidor, un halcón.”
“Os tiran piedras como a los locos; hasta en los templos todos los pajareros os tienden lazos y preparan contra vosotros varetas, cepos, hilos, redes, pihuelas y trampas; luego os cogen y os venden en montón; la gente os compra después de palparos. Y ni siquiera, ya que éste es su capricho, os sirven asados, sino que hacen un menudo picadillo con queso, aceite, silfio y vinagre y le agregan otra salsa dulce y grasienta y luego os la echan caliente, como sobre carnes secas de muerto.”
“Y cuando el muro se haya elevado, reclamad a Zeus el poder; y si dice que no, y no quiere, y no se vuelve atrás de su resolución, declaradle la guerra santa y prohibid a los dioses atravesar vuestro país cuando estén en erección, del modo que antes bajaban a seducir a las Alcmenas, las Alopes y las Semeles; pero si vienen, ponedles un sello en la punta, para que no se acuesten con aquéllas. Y os ordeno que enviéis a los hombres otra ave como heraldo, para que les diga que en adelante hagan sacrificios en honor de las aves, porque son éstas las que reinan; y luego de nuevo a los dioses. Unid a cada dios un ave, la que mejor se acomode a él: si uno sacrifica a Afrodita, que ofrende trigo¹ a la negreta; si una oveja a Posidón, que consagre trigo¹ al pato; si a Heracles, que ofrezca pasteles de miel bien macizos al cuervo marino, y si sacrifica un carnero a Zeus Rey, el rey es el reyezuelo,¹ al cual hay que ofrecer antes que a Zeus un mosquito muy macho.”
¹ Alusões obscenas ao falo!
“Estás delirando. También Hermes, que es dios, vuela y lleva alas, y otros muchos dioses. Sin ir más lejos, la victoria vuela con sus dos alas de oro, y, por Zeus, también el Amor; y Homero dijo que Iris era semejante a una paloma temblorosa.”
“Y que los cuervos saquen los ojos a los bueyes de labor y a las ovejas, como muestra; y que luego Apolo, el médico, los cure: para eso le pagan.”
“CORIFEO. ¿Y cómo llegarán a la vejez? Porque está en el Olimpo. ¿Deben morir de niños?
PISTETERO. No, por Zeus; las aves, por el contrario, les añadirán trescientos años.
CORIFEO. ¿De quién?
PISTETERO. ¿De quién? De sí mismas. ¿No sabes que «la chillona corneja» vive cinco generaciones de hombres?”
“Lo primero, no tendremos que construir templos de piedra ni ponerles puertas de oro, sino que estos dioses habitarán en matas y chaparras. Y los pájaros ilustres tendrán de templo un olivo. Y no necesitaremos ir a Delfos ni a Amón para sacrificar, sino que, en pie entre los madroños y acebuches, con unos granos de cebada y de trigo, les pediremos la fortuna, levantando las manos, y la conseguiremos tirando unos granos de trigo.”
“PISTETERO. Espera, tú, vuelve. Vamos a ver, dinos cómo éste y yo, que no volamos, viviremos con vosotros, que voláis.
ABUBILLA. Muy fácilmente.”
“El Caos, la Noche, el negro Erebo y el ancho Tártaro existieron
y aún no había tierra, aire ni cielo, cuando del Erebo en el seno
puso la Noche de alas negras, antes de nada, un huevo huero.
De éste nació, pasando el tiempo, Amor, objeto de deseo,
brillante el torso con sus alas, turbión más rápido que el viento.
Se unió el Amor al Caos alado en el Tártaro vasto y negro,
y así dio el ser a nuestra raza y la sacó a la luz primero.
Pues no existían aún inmortales: Amor unió los elementos
más tarde sólo y al unirse nació el Océano y el Cielo,
nació la Tierra con los dioses felices todos, nunca muertos.
Somos los dioses más antiguos, somos de Amor los herederos.
Es claro: veis, tenemos alas y a los amantes protegemos.”
“no huiremos a los cielos
ni, sentados en las nubes,
nos haremos los gloriosos
como Zeus; aquí presentes
os daremos a vosotros
y a vuestros hijos y nietos
salud y riqueza, vida,
paz, juventud, risa, danzas,
fiestas y leche de pájaro.
Podréis cansaros de bienes,
seréis ricos en tal grado.”
“Cuantas cosas son consideradas vergonzosas en la tierra y las prohíbe la ley, aquí entre nosotros los pájaros son dignas de elogio. Pues si en Atenas es infamante, según la ley, golpear a un padre, aquí entre nosotros es honroso; así, si uno corre hacia su padre y golpeándole le dice: «Levanta el espolón sí quieres lucha.» Si alguno de vosotros es un esclavo fugitivo y ha sido marcado a fuego, entre nosotros se le llamará el francolín, de plumaje moteado. Si alguno es tan frigio como Espíntaro, éste será el frígilo o pinzón, de la familia de Filemón. Si es un esclavo y un cario como Ejecéstides, que engendre unos abuelos en nuestra ciudad y aparecerán enseguida sus compañeros de fratría. Y si el hijo de Pisias quiere entregar por traición a gente indigna las puertas de la ciudad, que se haga perdiz, polluelo de su padre, pues para nosotros no es vergüenza alguna huir como una perdiz.”
“No hay cosa mejor ni más agradable que el que le salgan a uno alas. Así, si uno de vosotros los espectadores tuviera alas, si tiene hambre y se aburre en los coros de las tragedias, saldría volando y se iría a comer a casa, y luego, ya repleto, volvería a nosotros. Y si alguno de vosotros, como Patróclides, tiene ganas de cagar, no se… sudaría en su vestido, sino que volaría y, después de quedar descansado y de tomar aliento, volaría de regreso de nuevo. Y si alguno de vosotros es amante de alguna mujer y ve al marido en los asientos reservados al Consejo, agitaría las alas y se alejaría volando de nuestro lado, y luego, después de haber jodido, volvería otra vez. ¿No resulta que el tener alas merece cualquier cosa? Fijaos en que Diítrefes, que no tiene más alas que las asas de sus vasijas, fue elegido jefe de escuadrón, luego general de caballería y luego, él que ha salido de la nada, lo pasa espléndidamente y hoy es un hipalectrión amarillo [versão do centauro metade cavalo metade galo].”
“SACERDOTE. … y a los héroes pájaros y a los hijos de los héroes, y al Porfirión, y al Pelícano Blanco y al Pardo, y al Águila, y a la Perdiz, y al Pavo Real, y al Pardillo, y a la Gaviota, y a la Cerceta, y a la Garza, y a la Bubia, y al Paro, y al Herrerillo…
PISTETERO. ¡Basta! ¡Vete a los cuervos! Deja de invitar gente. ¿A qué sacrificio llamas, desgraciado, a las águilas del mar y a los buitres? ¿No ves que un solo milano nos llevaría la víctima entera? Vete de aquí con tus guirnaldas sacerdotales. Yo me basto solo para hacer este sacrificio.
(Se aparta el Sacerdote, Pistetero coge del canastillo el cuchillo sacrifical, tras lavarse las manos.)”
“POETA. (Interrumpiendo.)
¡Oh tú, a Nubicucópolis, ciudad de distinción,
celebra, Musa, de tus cantos al son!
PISTETERO. ¿De dónde sale ese personaje? Dime, ¿quién eres?
POETA. ¿Yo?
Lanzador de canciones dulces como la miel,
de las Musas celestes soy un servidor fiel,
como dice Homero.”
“POETA. He compuesto en honor de Cucópolis de las Nubes muchos y bonitos ditirambos y partenios y versos a la manera de Simónides.
PISTETERO. ¿Y cuándo has hecho eso? ¿Cuánto hace?
POETA.
Ha mucho, mucho tiempo
que esta ciudad ensalzo.
PISTETERO. ¿Pues no estaba yo haciendo el sacrificio del décimo día y poniéndole el nombre como a un niño?”
“PISTETERO. Esta peste nos va a dar que hacer si no logramos escapar dándole algo. ¡Eh, tú! (Dirigiéndose al Sacerdote.) Tú tienes una pelliza y una túnica. Quítate la pelliza y dásela al docto poeta. Tenia: me parece que estás helado.”
“POETA.
En los escitas nómadas se aleja de la gente
el que de algún vestido tejido es indigente.
La pelliza sin túnica, de honra y fama es carente.
Tú me entiendes bien.
PISTETERO. Entiendo que quieres llevarte la túnica. Quítatela: hay que ayudar al poeta. Cógela y vete. (El Sacerdote le da la túnica y queda medio desnudo; a continuación se marcha, asustado.)”
“ADIVINO. No empieces por el sacrificio del macho cabrío.
PISTETERO. ¿Y tú quién eres?
ADIVINO. ¿Quién? Un adivino.
PISTETERO. Que mal provecho te haga.
ADIVINO. ¡Desgraciado, no desprecies las cosas divinas! Hay un oráculo de Bacis, que se refiere sin duda a Cucópolis de las Nubes.
PISTETERO. ¿Y por qué no lo anunciaste antes que yo fundara la ciudad?
ADIVINO. La divinidad me ponía trabas.”
“PISTETERO. Ese oráculo se parece muy poco a este otro que me dictó Apolo:
Mas si sin ser llamado se acerca un majadero
y estorba el sacrificio, de carne deseoso,
hay que darle de palos entre los dos costados…”
“METÓN. Quiero parcelar el aire y dividirlo en yugadas.
PISTETERO. ¡Por los dioses! ¿Y quién eres tú?
METÓN. ¿Que quién soy? Metón, a quien conoce Grecia…¹ ¡Y hasta Colono!
PISTETERO. Pero, dime , ¿qué es esto?
METÓN. Cordeles para medir el aire. El aire, sábelo bien, tiene la forma de un horno, más o menos. Pongo encima este cordel curvado, aplico el compás…, ¿comprendes?
PISTETERO. No comprendo.
METÓN. Tomaré las medidas con un cordel puesto en línea recta, inscribiendo el círculo en un cuadrado; en medio estará la plaza, a la que llevarán vías directas y, como de una estrella, pues será circular, por todas partes saldrán de ella los rayos, espléndidas calles rectas.
PISTETERO. ¡Este hombre es un Tales!”
¹ Conhecido urbanista.
“INSPECTOR. Vengo como inspector, elegido en Atenas por sorteo, para Cucópolis de las Nubes.
PISTETERO. ¿Como inspector? ¿Y quién te ha enviado?
INSPECTOR. Un papelucho de Teleas.
PISTETERO. ¿Quieres cobrar tu sueldo sin buscarte complicaciones y marcharte?
(Le amenza con el bastón.)”
“¿No es esto insoportable? ¡Mandan ya inspectores a la ciudad, antes de que hagamos el sacrificio
fundacional!”
“VENDEDOR. Te perderé presentando contra ti una reclamación de diez mil dracmas.
PISTETERO. Y yo cogeré las urnas de tu tribunal y las haré añicos.
VENDEDOR. ¿Te acuerdas de cuando una tarde hiciste tus necesidades en la columna de las leyes?
PISTETERO. ¿Sí? Cogedlo. Amigo, ¿no te esperas? (Le persigue.) Vámonos de aquí nosotros cuanto antes, para sacrificar ahí dentro a los dioses el macho cabrío.
(Sale con el macho cabrío.)”
“Ya a mí que todo lo veo,
al potente, los mortales
sacrificarán con votos.
Pues yo contemplo los campos
y yo defiendo los frutos
destruyendo los insectos
todos que sobre la tierra
con bocas voraces devoran el fruto
que nace del cáliz, e igual en los árboles.
Mato a los que perfumados
huertos arruinan con daño.
Reptantes o alados, todos los que existen
mueren a mis… alas, son asesinados.”
“CORIFEO. A los jueces queremos hablarles sobre el premio, diciéndoles cuántos beneficios les daremos si nos lo conceden: recibirán regalos mucho mejores que los de Paris.”
“MENSAJERO 2º. Algo terrible ha sucedido. Uno de los dioses de Zeus ha entrado en el aire atravesando nuestras puertas. Ha escapado a la vigilancia de los grajos, centinelas de día.
PISTETERO. Un acto horrible y criminal ha realizado. ¿Qué dios?”
“CORO. (Música.)
Estrofa.
Ya surge la guerra, la guerra sangrienta
entre mí y los dioses. Vigilad, pues, todos
el aire nuboso que dio a luz el Erebo,
no vaya a escapárseos un dios que aquí pase.”
“PISTETERO. ¡Eh, tú! ¿Dónde vas? ¿Dónde? Estáte quieta, estáte sin moverte ahí. ¿Quién eres? ¿De dónde? Deberías decir de dónde vienes volando.
IRIS. ¿Yo? De los dioses Olímpicos.
PISTETERO. ¿Cuál es tu nombre? ¿Eres una galera o un casco? (Alusión a l disfraz; lleva alas y arco iris en la cabeza.)
IRIS. La rápida Iris.”
“IRIS. ¿Yo? Vuelo hacia los hombres enviada por mi padre para decirles que hagan sacrificios a los dioses olímpicos, inmolen carneros y bueyes en las aras y llenen las calles del olor de la grasa de las víctimas.
PISTETERO. ¿Qué dices? ¿A qué dioses?
IRIS. ¿Que a qué dioses? A nosotros, los del cielo.
PISTETERO. ¿Vosotros sois dioses?
IRIS. ¿Pues qué o tro es dios?
PISTETERO. Las aves son ahora dioses para los hombres y a ellas han de sacrificar, pero, por Zeus, no a Zeus.”
“…Y tú, si sigues dándome la lata, voy a estirar las piernas y atravesar los muslos a la propia Iris; te quedarás asombrada de que, aunque viejo, todavía me pongo en erección como tres espolones.
(Trata de abrasarla.)
IRIS. ¿N o reventarás, buen hombre, con tus disparates?
PISTETERO. ¿No sales corriendo? ¡Deprisa! ¡Fuera, fuera!
IRIS. Mi padre Zeus reprimirá tu insolencia.
(Sale.)”
“HERALDO. Por tu sabiduría, los hombres te coronan con esta corona de oro y te honran las gentes.
PISTETERO. La acepto. Pero ¿por q u é me honran las gentes?
HERALDO.
Fundador glorioso de ciudad etérea,
¡no sabes qué honores los hombres te dan
ni cuántos amantes ya tiene esta tierra!
Antes de que esta ciudad tú fundaras
tenían los hombres laconomanía,
hambrientos y sucios, peludos, socráticos,
llevando un bastón; pero ahora, al contrario,
son todos los hombres pajaromaníacos
e imitan en todo con gusto a los pájaros.
Porque, lo primero, salen de la cama
y, como nosotros, picotean… las leyes;
de allí van a posarse en los anuncios,
más tarde se alimentan de… decretos.
Es claro que tienen pajaromanía,
pues muchos reciben motes de los pájaros.
La perdiz le llaman a un tendero cojo,
de Menipo el nombre es la golondrina,
y del tuerto Opuntio, igualmente, el cuervo;
la alondra es Filocles; cataraña, Teógenes;
el ibis, Licurgo; Querefón, murciélago;
Siracosio, urraca; de su parte a Midias
codorniz llamaban; y se parecía
a una a la que han dado un palo en la cabeza.
(…)
Esto allá en Atenas; te digo una cosa:
vendrá desde allí número infinito
pidiendo costumbres y alas de rapaces.
Para esos colonos necesitas alas.”
“PISTETERO. Me parece que el mensajero no va a salirnos mentiroso, pues aquí viene uno que canta a las águilas.
PARRICIDA. ¡Ah! No hay nada más dulce que volar. Pues tengo pajaromanía y vuelo ya y quiero vivir con vosotros y tengo pasión por vuestras leyes.
PISTETERO. ¿Por qué leyes? Son muchas las leyes de los pájaros.
PARRICIDA. Por todas, pero sobre todo por la que hace honorable entre los pájaros estrangular al padre y morderle.”
“(Fin de la música. Entra Prometeo tapándose con las manos la cabeza.)”
“PROMETEO. ¡Zeus está perdido!
PISTETERO. ¿Desde cuándo está perdido?
PROMETEO. Desde que colonizasteis el aire. Pues ya no sacrifica a los dioses ningún hombre, ni, desde entonces, ha vuelto a subir a nosotros el olor a grasa de los muslos de las víctimas sacrificadas; ayunamos como en las Tesmoforias, por falta de ofrendas. Y los dioses bárbaros, hambrientos y chillando, como ilirios, amenazan con atacar desde arriba a Zeus si no logra que abran los mercados para poder importar carne de víctimas ya hecha chuletas.”
“PROMETEO. Sin duda alguna. Y te digo una cosa bien clara: van a venir embajadores de Zeus y de los Tríbalos de arriba para lograr un compromiso; vosotros no lo firméis mientras Zeus no devuelva el cetro a los pájaros y te dé a Soberanía como esposa.
PISTETERO. ¿Quién es Soberanía?
PROMETEO. Una bella joven que administra el rayo de Zeus y todo lo demás, la prudencia, las buenas leyes, la moderación, los astilleros, los insultos, el habilitado del juzgado, los
tres óbolos del jurado.
PISTETERO. ¿Todo eso administra?
PROMETEO. Te lo digo yo. Si logras que te la entregue, lo tienes todo. Para eso he venido, para explicarte estas cosas; yo siempre soy amigo de los hombres.
PISTETERO. Gracias a ti sólo de los dioses hacemos nuestros asados.
PROMETEO. Y odio a todos los dioses, como tú sabes.
PISTETERO. Sí, por Zeus, siempre has odiado a los dioses.
PROMETEO. Soy un puro Timón.¹ Pero para poder irme, dame una sombrilla, para que, si Zeus me ve desde arriba, crea que voy en una procesión dando escolta a una canéforo.
PISTETERO. Toma, llévate también el taburte.
(Se va Prometeo.)”
(*) “Ilustre misántropo.”
(**) “Las canéforos llevaban una cestilla sagrada en las Panateneas; detrás de cada una, otra doncella llevaba una sombrilla para quitarle el sol y un taburete para que se sentara en las paradas.”
Querfonte: (*) “Discípulo de Sócrates, así apodado [murciélago] por la palidez de su rostro: dedicado al estudio, no hacía la habitual vida al aire libre.”
“HERACLES. Ya me has oído, Posidón, que quiero estrangular al hombre que ha bloqueado a los dioses, sea quien sea.
POSIDÓN. Pero, ¡amigo Heracles, si hemos sido elegidos embajadores para hacer un pacto!”
“HERACLES. ¿Y de qué es esa carne?
PISTETERO. Son unos pájaros que se sublevaron contra los pájaros demócratas y fueron declarados culpables.
HERACLES. Y entonces, ¿primero les rallas encima el silfio?
PISTETERO. ¡Oh! Buenos días, Heracles. ¿Qué ocurre?
POSIDÓN. Hemos venido en embajada de parte de los dioses sobre el fin de la guerra…”
“PISTETERO. Nosotros no sólo nunca hemos empezado una guerra contra vosotros, sino que ahora mismo queremos, si os parece bien y si deseáis obrar en justicia, siquiera ahora, hacer la paz. Y obrar en justicia consiste en esto: que Zeus nos devuelva el cetro a nosotros los pájaros; y si nos ponemos de acuerdo sobre esta condición, invito a comer a los embajadores.
HERACLES. A mí me basta eso y voto a favor.
POSIDÓN. ¡Cómo, desgraciado! ¡Eres un imbécil y un glotón! ¿Vas a quitar el poder real a tu padre Zeus?”
“PISTETERO. Por Zeus, hay otra cosa de la que me acuerdo ahora. Hera se la doy a Zeus, pero a la joven Soberanía hay que dármela a mí por mujer.
POSIDÓN. Tú no quieres la paz. Volvamos a casa.
PISTETERO. Poco me importa. Cocinero, la salsa hay que hacerla dulce.
HERACLES. ¡Posidón, diantre de hombre!, ¿a dónde vas? ¿Vamos a hacer la guerra por una mujer?
POSIDÓN. ¿Pues qué hemos de hacer?
HERACLES. ¿Qué? La paz.
POSIDÓN. ¿Cómo, desgraciado? ¿No ves que te están engañando? Te perjudicas a ti mismo. Pues si Zeus se muere después de dejar a éstos el poder real, serás pobre, porque los bienes que Zeus deje al morir son tuyos.
PISTETERO. ¡Pobre de mí! ¡Cómo te rodea con sofismas! Ven acá conmigo para que te hable. Te engaña tu tío, desgraciado. De los bienes paternos ni a un óbolo tienes derecho, según la ley, porque eres bastardo y no hijo legítimo.
HERACLES. ¿Yo bastardo? ¿Qué dices?
PISTETERO. Tú, por Zeus, hijo de una mujer extranjera. ¿O cómo crees que Atenea sería heredera única si tuviera hermanos legítimos?
HERACLES. ¿Y si mi padre al morir me lega sus bienes como a bastardo?
PISTETERO. La ley no le deja. Este Posidón que ahora te azuza será el primero en oponerse a que recibas los bienes paternos, diciendo que él es hermano legítimo. Te voy a citar la ley de Solón: «Que el bastardo no tenga el derecho de parentesco de primer grado si hay hijos legítimos; y si no hay hijos legítimos, que los parientes colaterales más próximos se repartan la herencia.»
HERACLES. ¿Luego no me toca nada de la herencia de mi padre?
PISTETERO. No, por Zeus. Pero, dime, ¿tu padre te presentó ya a los miembros de su fratría?
HERACLES. A mí, no. Y la verdad, hace tiempo que me chocaba esto.
PISTETERO. Entonces, ¿por qué miras arriba con la boca abierta con aire de hombre al que le dan una paliza? Si te pones de nuestro lado, te haré rey y te daré leche de pájaro.
HERACLES. Desde hace un rato creo que tienes razón acerca de esa joven, y yo por mi parte te la entrego.
PISTETERO. ¿Y tú qué dices?
POSIDÓN. Voto en contra.
PISTETERO. Todo depende del Tríbalo. Y tú, ¿qué dices?
TRÍBALO. Bella joven y grande reina pájaro entrego.
HERACLES. Dice que la entreguemos.
POSIDÓN. Por Zeus, no es eso: lo que dice es que la entreguemos si no sabe andar, como las golondrinas.
HERACLES. Entonces dice que la entreguemos a las golondrinas.”
“HERACLES. ¿Queréis que yo, mientras tanto, me quede aquí guisando la carne? Vosotros idos.
POSIDÓN. ¿Que guisas la carne? ¿De qué glotonería estás hablando? Vente con nosotros.”
“(Entran PISTETERO y SOBERANÍA con corona, y el primero con cetro y rayo.)
CORO. (Cada verso corresponde a un coreuta.)
Atrás, aparte, en fila, dejad sitio.
Volad junto al dichoso de dichosa fortuna.
¡Cielos, qué juventud y qué belleza!
iQué boda afortunada para esta villa hiciste!”
DIC:
canastilla: cesta
