LAS AVES

“EVÉLPIDES. (Indignado.)  En verdad, es una indignidad lo que ha hecho con nosotros el pajarero, el bilioso Filócrates el del mercado de las aves, que decía que estos dos pajarracos nos iban a enseñar de entre las aves a Tereo, abubilla después de su metamorfosis, y nos vendió el grajo ése, un hijo de Tarrélides por un óbolo, y la otra por tres. Y ahora resulta que los dos no sabían dar más que picotazos. (Cambia de entonación, dirigiéndose al grajo.) ¿Y por qué abres el pico ahora? ¿Hay todavía algún sitio al que quieras despeñarnos? Porque por aquí no hay ningún camino.”

“EVÉLPIDES. ¿No es una cosa lastimosa que queramos irnos… (irónico) a los cuervos y, después de hacer nuestros preparativos, luego no podamos hallar el camino? Porque nosotros, gentes que nos escucháis, estamos enfermos de la enfermedad contraria a la de Sacas: éste, no siendo ciudadano, trata de meterse en las listas a la fuerza, mientras que nosotros, de una tribu y una familia estimables, ciudadanos entre los ciudadanos, sin que nadie nos eche, hemos salido de Atenas volando con los dos pies, y no por odio, porque no fuera naturalmente grande y rica y libre para todo el mundo para pagar impuestos. Pero la verdad es que las cigarras cantan uno o dos meses sobre las ramas, mientras que los atenienses cantan en los pleitos toda su vida. Por eso damos este paso, y con un canastillo, un puchero y mirto, vamos de un lado a otro buscando un lugar tranquilo donde asentarnos para pasar la vida. Nuestra expedición es en busca de Tereo, la abubilla, deseosos de que nos entere de si ha visto por dónde ha volado alguna ciudad de esa clase.”

“PISTETERO. ¿Sabes lo que vas a hacer? Golpea la roca con la pierna.

EVÉLPIDES. Y tú con la cabeza, para que el ruido sea doble.”

“SERVIDOR DE LA ABUBILLA. (Sale de la casa de ésta) ¿Quiénes son éstos? ¿Quién llama a mi amo?

PISTETERO. ¡Apolo protector! ¡Qué abertura de pico!”

“EVÉLPIDES. Pero si no somos hombres.

SERVIDOR. ¿Pues qué?

EVÉLPIDES. Yo, el asustado, un pájaro de Libia.

SERVIDOR. Dices tonterías.

EVÉLPIDES. Y, sin embargo, mira ante mis pies.

SERVIDOR. ¿Y qué pájaro es este otro? Dímelo.

PISTETERO. Un cagado, ave del Fasis.

EVÉLPIDES. Y tú, ¿qué clase de animal eres? Di, por los dioses.

SERVIDOR. Soy un pájaro esclavo.

EVÉLPIDES. ¿Es que te venció algún gallo?

SERVIDOR . No, pero cuando mi amo se convirtió en abubilla, pidió a los dioses que yo me hiciera pájaro, a fin de tenerme para acompañarle y servirle.

EVÉLPIDES. ¿Es que un pájaro necesita servidor?

SERVIDOR. Éste, por lo menos, sí, a causa, yo creo, de que fue primero hombre. Unas veces tiene ganas de comer boquerones del Falero: cojo mi escudilla y corro por los boquerones; le apetece puré y hace falta una cuchara y un puchero: corro por la cuchara.”

“EVÉLPIDES. Los doce dioses parece que te han dejado malparado.

ABUBILLA. ¿Os burláis de mi plumaje? Es que yo era un hombre, ¡oh extranjeros!

EVÉLPIDES. No nos reímos de ti.

ABUBILLA. ¿Pues de qué?

EVÉLPIDES. Tu pico es el que nos parece risible.

ABUBILLA. Estos excesos ha hecho contra mí Sófocles en sus tragedias, de Tereo que era antes.

EVÉLPIDES. ¿Tú, Tereo? ¿Ave o… pavo real?”

“ABUBILLA. Entonces, ¿buscas una ciudad mayor que la vieja Atenas?

EVÉLPIDES. Mayor, de ningún modo, pero sí una más apropiada para nosotros.

ABUBILLA. (Con seriedad.) Sin duda alguna, veo que buscas un régimen aristocrático.”

“PISTETERO. Cuando el padre de un bonito muchacho, al encontrarse conmigo, me hiciera estos reproches como si yo le hubiera ofendido: «Tiene gracia la cosa: te encuentras a mi hijo, Don Lindo, saliendo del gimnasio, recién bañado, y no le diste un beso, no le dijiste nada, no le abrazaste, no le cogiste los cojones [colhões], y eso tú, ¡un amigo de la familia!»”

“PISTETERO. Fundad una ciudad.

ABUBILLA . ¿Y qué ciudad podríamos fundar las aves?

PISTETERO. ¿De verdad? (Recitando como verso y con gravedad cómica.)

¡Oh, cuán necia es la frase

que osaste pronunciar!

(En tono normal.) Mira abajo.

ABUBILLA. Ya estoy mirando.

PISTETERO. Mira ahora arriba.

ABUBILLA. Ya miro.

PISTETERO. Vuelve el pescuezo.

ABUBILLA. Por Zeus, ¿voy a sacar provecho si me lo retuerzo?

PISTETERO. ¿Viste algo?

ABUBILLA. Las nubes y el cielo.

PISTETERO. ¿Y n o es este, a todas luces, el polo de las aves?

ABUBILLA . ¿El polo? ¿Cómo?

PISTETERO. Como el que dice el lugar. Como todos se espolean [rosetar, gracejar] y corren a través de él, se llama polo. Pues bien: si colonizáis esto y lo cercáis con murallas se llamará polis y reinaréis sobre los hombres como ahora sobre los saltamontes, ya los dioses los haréis morir con un hambre melia.(*)

EVÉLPIDES. ¿Cómo?

(*) Alude a la rendición de Melos, por hambre, unos meses antes de representarse Las aves.”

“de esta misma manera, cuando los hombres hagan sacrificios a los dioses, como éstos no os paguen tributo, no dejaréis pasar el olor a muslos asados a través del espacio y de una ciudad que no es suya.”

O imposto sobre o ar é real!

“ABUBILLA. Lo juro por la tierra, por los lazos, por las nubes, por las redes: nunca he oído una idea más ingeniosa; estoy dispuesto a fundar contigo la ciudad si están de acuerdo los otros pájaros.”

“¡Abubuí bubuí bubububuí bubuí!

¡Ió, ió, venid, venid!

Venid aquí todos, amigos alados,

que las tierras fértiles de los campesinos

pobláis, las bandadas que comen cebada,

las razas que buscan el grano,

de rápido vuelo, de suave canto;

los que en el sembrado piáis,

(…)

Porque ha llegado un ingenioso viejo,

de nuevas ideas,

de nuevas empresas agudo inventor.

Venid todos a consejo,

aquí, aquí, aquí, aquí

¡torotorotorotorotix!,

¡kikkabaú, kikkabaü,

torotorotorolililix!”

“UN AVE. ¡Torotix, torotix!

(La flau ta imita el canto de las aves.)”

“EVÉLPIDES. ¿Qué prodigio es éste? Entonces, ¿no sólo tú eres abubilla, sino también este otro pájaro?

ABUBILLA. Es hijo de la abubilla de Filocles y yo soy su abuelo; es como si dicen que Hiponico es hijo de Calias y otro Calias hijo de Hiponico.”

“EVÉLPIDES. Pero ¿por qué esa cresta de las aves? ¿Es que son soldados que van a correr el doble estadio?”

“EVÉLPIDES. Señor Apolo, ¡qué nube! Tantos volando no dejan ver ni la entrada del teatro.”

“CORIFEO. Pero más tarde arreglaremos nuestras cuentas con él; ahora me parece lo mejor que estos dos viejos sufran castigo y sean despedazados por nosotros.

PISTETERO. ¡Estamos perdidos!

EVÉLPIDES. Tú eres el único culpable. ¿Por qué me has hecho venir de Atenas?

PISTETERO. Para que me acompañaras.

EVÉLPIDES. Para llorar amargamente.

PISTETERO. No dices nada más que tonterías; pues ¿cómo vas a llorar, si te van a sacar los ojos?”

“ABUBILLA. Precisamente de sus enemigos aprenden mucho los sabios. La previsión es la salvadora de todo. Y de un amigo no la aprenderás, pero el enemigo enseguida obliga a ello. Sin ir más lejos, las ciudades aprendieron de los enemigos, y no de los amigos, a construir altas murallas y a tener naves de guerra; y este”

“CORIFEO. Lo pactamos.

PISTETERO. Júralo.

CORIFEO. Lo juro con la condición de que todos los jueces y espectado res den el premio a la comedia.

PISTETERO. Eso es.”

“CORIFEO. ¿Nosotros reyes? ¿De quién?

PISTETERO. ¿Vosotros? De todo lo que existe, de mí primero, de éste, del mismo Zeus; sois más antiguos y anteriores a Crono, a los titanes y a la Tierra.

CORIFEO. ¿Y a la Tierra?

PISTETERO. ¡Sí, por Apolo!

CORIFEO. ¡Esto no lo sabía yo, por Zeus!

PISTETERO. Porque eres un ignorante y nada curioso y no has dado siete vueltas a Esopo, que dice que la alondra nació antes que las demás aves, antes que la Tierra, y que después su padre enfermó y murió; y no había tierra y el cadáver estuvo expuesto cinco días; y ella, apurada ante la dificultad, enterró a su padre en su propia cabeza.”

“PISTETERO. Y de que antiguamente los dioses no gobernaban a los hombres, sino las aves, de eso hay muchas pruebas. Por ejemplo, os mostraré que el gallo era rey y mandaba sobre los persas antes de todos los Daríos y Megabazos, hasta el punto de que los griegos le llamamos ave persa por aquella soberanía.”

“PISTETERO. Y el cuco era rey de Egipto y de toda Fenicia; y cuando el cuco decía: «Cu-cú», todos los fenicios recolectaban trigo y cebada en los campos.”

“PISTETERO. Y lo peor de todo, Zeus, el que ahora reina, aunque es rey, tiene sobre la cabeza un águila; y su hija Atenea, una lechuza; y Apolo, como servidor, un halcón.”

“Os tiran piedras como a los locos; hasta en los templos todos los pajareros os tienden lazos y preparan contra vosotros varetas, cepos, hilos, redes, pihuelas y trampas; luego os cogen y os venden en montón; la gente os compra después de palparos. Y ni siquiera, ya que éste es su capricho, os sirven asados, sino que hacen un menudo picadillo con queso, aceite, silfio y vinagre y le agregan otra salsa dulce y grasienta y luego os la echan caliente, como sobre carnes secas de muerto.”

“Y cuando el muro se haya elevado, reclamad a Zeus el poder; y si dice que no, y no quiere, y no se vuelve atrás de su resolución, declaradle la guerra santa y prohibid a los dioses atravesar vuestro país cuando estén en erección, del modo que antes bajaban a seducir a las Alcmenas, las Alopes y las Semeles; pero si vienen, ponedles un sello en la punta, para que no se acuesten con aquéllas. Y os ordeno que enviéis a los hombres otra ave como heraldo, para que les diga que en adelante hagan sacrificios en honor de las aves, porque son éstas las que reinan; y luego de nuevo a los dioses. Unid a cada dios un ave, la que mejor se acomode a él: si uno sacrifica a Afrodita, que ofrende trigo¹ a la negreta; si una oveja a Posidón, que consagre trigo¹ al pato; si a Heracles, que ofrezca pasteles de miel bien macizos al cuervo marino, y si sacrifica un carnero a Zeus Rey, el rey es el reyezuelo,¹ al cual hay que ofrecer antes que a Zeus un mosquito muy macho.”

¹ Alusões obscenas ao falo!

“Estás delirando. También Hermes, que es dios, vuela y lleva alas, y otros muchos dioses. Sin ir más lejos, la victoria vuela con sus dos alas de oro, y, por Zeus, también el Amor; y Homero dijo que Iris era semejante a una paloma temblorosa.”

“Y que los cuervos saquen los ojos a los bueyes de labor y a las ovejas, como muestra; y que luego Apolo, el médico, los cure: para eso le pagan.”

“CORIFEO. ¿Y cómo llegarán a la vejez? Porque está en el Olimpo. ¿Deben morir de niños?

PISTETERO. No, por Zeus; las aves, por el contrario, les añadirán trescientos años.

CORIFEO. ¿De quién?

PISTETERO. ¿De quién? De sí mismas. ¿No sabes que «la chillona corneja» vive cinco generaciones de hombres?”

“Lo primero, no tendremos que construir templos de piedra ni ponerles puertas de oro, sino que estos dioses habitarán en matas y chaparras. Y los pájaros ilustres tendrán de templo un olivo. Y no necesitaremos ir a Delfos ni a Amón para sacrificar, sino que, en pie entre los madroños y acebuches, con unos granos de cebada y de trigo, les pediremos la fortuna, levantando las manos, y la conseguiremos tirando unos granos de trigo.”

“PISTETERO. Espera, tú, vuelve. Vamos a ver, dinos cómo éste y yo, que no volamos, viviremos con vosotros, que voláis.

ABUBILLA. Muy fácilmente.”

“El Caos, la Noche, el negro Erebo y el ancho Tártaro existieron

y aún no había tierra, aire ni cielo, cuando del Erebo en el seno

puso la Noche de alas negras, antes de nada, un huevo huero.

De éste nació, pasando el tiempo, Amor, objeto de deseo,

brillante el torso con sus alas, turbión más rápido que el viento.

Se unió el Amor al Caos alado en el Tártaro vasto y negro,

y así dio el ser a nuestra raza y la sacó a la luz primero.

Pues no existían aún inmortales: Amor unió los elementos

más tarde sólo y al unirse nació el Océano y el Cielo,

nació la Tierra con los dioses felices todos, nunca muertos.

Somos los dioses más antiguos, somos de Amor los herederos.

Es claro: veis, tenemos alas y a los amantes protegemos.”

“no huiremos a los cielos

ni, sentados en las nubes,

nos haremos los gloriosos

como Zeus; aquí presentes

os daremos a vosotros

y a vuestros hijos y nietos

salud y riqueza, vida,

paz, juventud, risa, danzas,

fiestas y leche de pájaro.

Podréis cansaros de bienes,

seréis ricos en tal grado.”

“Cuantas cosas son consideradas vergonzosas en la tierra y las prohíbe la ley, aquí entre nosotros los pájaros son dignas de elogio. Pues si en Atenas es infamante, según la ley, golpear a un padre, aquí entre nosotros es honroso; así, si uno corre hacia su padre y golpeándole le dice: «Levanta el espolón sí quieres lucha.» Si alguno de vosotros es un esclavo fugitivo y ha sido marcado a fuego, entre nosotros se le llamará el francolín, de plumaje moteado. Si alguno es tan frigio como Espíntaro, éste será el frígilo o pinzón, de la familia de Filemón. Si es un esclavo y un cario como Ejecéstides, que engendre unos abuelos en nuestra ciudad y aparecerán enseguida sus compañeros de fratría. Y si el hijo de Pisias quiere entregar por traición a gente indigna las puertas de la ciudad, que se haga perdiz, polluelo de su padre, pues para nosotros no es vergüenza alguna huir como una perdiz.”

“No hay cosa mejor ni más agradable que el que le salgan a uno alas. Así, si uno de vosotros los espectadores tuviera alas, si tiene hambre y se aburre en los coros de las tragedias, saldría volando y se iría a comer a casa, y luego, ya repleto, volvería a nosotros. Y si alguno de vosotros, como Patróclides, tiene ganas de cagar, no se… sudaría en su vestido, sino que volaría y, después de quedar descansado y de tomar aliento, volaría de regreso de nuevo. Y si alguno de vosotros es amante de alguna mujer y ve al marido en los asientos reservados al Consejo, agitaría las alas y se alejaría volando de nuestro lado, y luego, después de haber jodido, volvería otra vez. ¿No resulta que el tener alas merece cualquier cosa? Fijaos en que Diítrefes, que no tiene más alas que las asas de sus vasijas, fue elegido jefe de escuadrón, luego general de caballería y luego, él que ha salido de la nada, lo pasa espléndidamente y hoy es un hipalectrión amarillo [versão do centauro metade cavalo metade galo].”

“SACERDOTE. … y a los héroes pájaros y a los hijos de los héroes, y al Porfirión, y al Pelícano Blanco y al Pardo, y al Águila, y a la Perdiz, y al Pavo Real, y al Pardillo, y a la Gaviota, y a la Cerceta, y a la Garza, y a la Bubia, y al Paro, y al Herrerillo…

PISTETERO. ¡Basta! ¡Vete a los cuervos! Deja de invitar gente. ¿A qué sacrificio llamas, desgraciado, a las águilas del mar y a los buitres? ¿No ves que un solo milano nos llevaría la víctima entera? Vete de aquí con tus guirnaldas sacerdotales. Yo me basto solo para hacer este sacrificio.

(Se aparta el Sacerdote, Pistetero coge del canastillo el cuchillo sacrifical, tras lavarse las manos.)”

“POETA. (Interrumpiendo.)

¡Oh tú, a Nubicucópolis, ciudad de distinción,

celebra, Musa, de tus cantos al son!

PISTETERO. ¿De dónde sale ese personaje? Dime, ¿quién eres?

POETA. ¿Yo?

Lanzador de canciones dulces como la miel,

de las Musas celestes soy un servidor fiel,

como dice Homero.”

“POETA. He compuesto en honor de Cucópolis de las Nubes muchos y bonitos ditirambos y partenios y versos a la manera de Simónides.

PISTETERO. ¿Y cuándo has hecho eso? ¿Cuánto hace?

POETA.

Ha mucho, mucho tiempo

que esta ciudad ensalzo.

PISTETERO. ¿Pues no estaba yo haciendo el sacrificio del décimo día y poniéndole el nombre como a un niño?”

“PISTETERO. Esta peste nos va a dar que hacer si no logramos escapar dándole algo. ¡Eh, tú! (Dirigiéndose al Sacerdote.) Tú tienes una pelliza y una túnica. Quítate la pelliza y dásela al docto poeta. Tenia: me parece que estás helado.”

“POETA.

En los escitas nómadas se aleja de la gente

el que de algún vestido tejido es indigente.

La pelliza sin túnica, de honra y fama es carente.

Tú me entiendes bien.

PISTETERO. Entiendo que quieres llevarte la túnica. Quítatela: hay que ayudar al poeta. Cógela y vete. (El Sacerdote le da la túnica y queda medio desnudo; a continuación se marcha, asustado.)”

“ADIVINO. No empieces por el sacrificio del macho cabrío.

PISTETERO. ¿Y tú quién eres?

ADIVINO. ¿Quién? Un adivino.

PISTETERO. Que mal provecho te haga.

ADIVINO. ¡Desgraciado, no desprecies las cosas divinas! Hay un oráculo de Bacis, que se refiere sin duda a Cucópolis de las Nubes.

PISTETERO. ¿Y por qué no lo anunciaste antes que yo fundara la ciudad?

ADIVINO. La divinidad me ponía trabas.”

“PISTETERO. Ese oráculo se parece muy poco a este otro que me dictó Apolo:

Mas si sin ser llamado se acerca un majadero

y estorba el sacrificio, de carne deseoso,

hay que darle de palos entre los dos costados…”

“METÓN. Quiero parcelar el aire y dividirlo en yugadas.

PISTETERO. ¡Por los dioses! ¿Y quién eres tú?

METÓN. ¿Que quién soy? Metón, a quien conoce Grecia…¹ ¡Y hasta Colono!

PISTETERO. Pero, dime , ¿qué es esto?

METÓN. Cordeles para medir el aire. El aire, sábelo bien, tiene la forma de un horno, más o menos. Pongo encima este cordel curvado, aplico el compás…, ¿comprendes?

PISTETERO. No comprendo.

METÓN. Tomaré las medidas con un cordel puesto en línea recta, inscribiendo el círculo en un cuadrado; en medio estará la plaza, a la que llevarán vías directas y, como de una estrella, pues será circular, por todas partes saldrán de ella los rayos, espléndidas calles rectas.

PISTETERO. ¡Este hombre es un Tales!”

¹ Conhecido urbanista.

“INSPECTOR. Vengo como inspector, elegido en Atenas por sorteo, para Cucópolis de las Nubes.

PISTETERO. ¿Como inspector? ¿Y quién te ha enviado?

INSPECTOR. Un papelucho de Teleas.

PISTETERO. ¿Quieres cobrar tu sueldo sin buscarte complicaciones y marcharte?

(Le amenza con el bastón.)”

“¿No es esto insoportable? ¡Mandan ya inspectores a la ciudad, antes de que hagamos el sacrificio

fundacional!”

“VENDEDOR. Te perderé presentando contra ti una reclamación de diez mil dracmas.

PISTETERO. Y yo cogeré las urnas de tu tribunal y las haré añicos.

VENDEDOR. ¿Te acuerdas de cuando una tarde hiciste tus necesidades en la columna de las leyes?

PISTETERO. ¿Sí? Cogedlo. Amigo, ¿no te esperas? (Le persigue.) Vámonos de aquí nosotros cuanto antes, para sacrificar ahí dentro a los dioses el macho cabrío.

(Sale con el macho cabrío.)”

“Ya a mí que todo lo veo,

al potente, los mortales

sacrificarán con votos.

Pues yo contemplo los campos

y yo defiendo los frutos

destruyendo los insectos

todos que sobre la tierra

con bocas voraces devoran el fruto

que nace del cáliz, e igual en los árboles.

Mato a los que perfumados

huertos arruinan con daño.

Reptantes o alados, todos los que existen

mueren a mis… alas, son asesinados.”

“CORIFEO. A los jueces queremos hablarles sobre el premio, diciéndoles cuántos beneficios les daremos si nos lo conceden: recibirán regalos mucho mejores que los de Paris.”

“MENSAJERO 2º. Algo terrible ha sucedido. Uno de los dioses de Zeus ha entrado en el aire atravesando nuestras puertas. Ha escapado a la vigilancia de los grajos, centinelas de día.

PISTETERO. Un acto horrible y criminal ha realizado. ¿Qué dios?”

“CORO. (Música.)

Estrofa.

Ya surge la guerra, la guerra sangrienta

entre mí y los dioses. Vigilad, pues, todos

el aire nuboso que dio a luz el Erebo,

no vaya a escapárseos un dios que aquí pase.”

“PISTETERO. ¡Eh, tú! ¿Dónde vas? ¿Dónde? Estáte quieta, estáte sin moverte ahí. ¿Quién eres? ¿De dónde? Deberías decir de dónde vienes volando.

IRIS. ¿Yo? De los dioses Olímpicos.

PISTETERO. ¿Cuál es tu nombre? ¿Eres una galera o un casco? (Alusión a l disfraz; lleva alas y arco iris en la cabeza.)

IRIS. La rápida Iris.”

“IRIS. ¿Yo? Vuelo hacia los hombres enviada por mi padre para decirles que hagan sacrificios a los dioses olímpicos, inmolen carneros y bueyes en las aras y llenen las calles del olor de la grasa de las víctimas.

PISTETERO. ¿Qué dices? ¿A qué dioses?

IRIS. ¿Que a qué dioses? A nosotros, los del cielo.

PISTETERO. ¿Vosotros sois dioses?

IRIS. ¿Pues qué o tro es dios?

PISTETERO. Las aves son ahora dioses para los hombres y a ellas han de sacrificar, pero, por Zeus, no a Zeus.”

“…Y tú, si sigues dándome la lata, voy a estirar las piernas y atravesar los muslos a la propia Iris; te quedarás asombrada de que, aunque viejo, todavía me pongo en erección como tres espolones.

(Trata de abrasarla.)

IRIS. ¿N o reventarás, buen hombre, con tus disparates?

PISTETERO. ¿No sales corriendo? ¡Deprisa! ¡Fuera, fuera!

IRIS. Mi padre Zeus reprimirá tu insolencia.

(Sale.)”

“HERALDO. Por tu sabiduría, los hombres te coronan con esta corona de oro y te honran las gentes.

PISTETERO. La acepto. Pero ¿por q u é me honran las gentes?

HERALDO.

Fundador glorioso de ciudad etérea,

¡no sabes qué honores los hombres te dan

ni cuántos amantes ya tiene esta tierra!

Antes de que esta ciudad tú fundaras

tenían los hombres laconomanía,

hambrientos y sucios, peludos, socráticos,

llevando un bastón; pero ahora, al contrario,

son todos los hombres pajaromaníacos

e imitan en todo con gusto a los pájaros.

Porque, lo primero, salen de la cama

y, como nosotros, picotean… las leyes;

de allí van a posarse en los anuncios,

más tarde se alimentan de… decretos.

Es claro que tienen pajaromanía,

pues muchos reciben motes de los pájaros.

La perdiz le llaman a un tendero cojo,

de Menipo el nombre es la golondrina,

y del tuerto Opuntio, igualmente, el cuervo;

la alondra es Filocles; cataraña, Teógenes;

el ibis, Licurgo; Querefón, murciélago;

Siracosio, urraca; de su parte a Midias

codorniz llamaban; y se parecía

a una a la que han dado un palo en la cabeza.

(…)

Esto allá en Atenas; te digo una cosa:

vendrá desde allí número infinito

pidiendo costumbres y alas de rapaces.

Para esos colonos necesitas alas.”

“PISTETERO. Me parece que el mensajero no va a salirnos mentiroso, pues aquí viene uno que canta a las águilas.

PARRICIDA. ¡Ah! No hay nada más dulce que volar. Pues tengo pajaromanía y vuelo ya y quiero vivir con vosotros y tengo pasión por vuestras leyes.

PISTETERO. ¿Por qué leyes? Son muchas las leyes de los pájaros.

PARRICIDA. Por todas, pero sobre todo por la que hace honorable entre los pájaros estrangular al padre y morderle.”

“(Fin de la música. Entra Prometeo tapándose con las manos la cabeza.)”

“PROMETEO. ¡Zeus está perdido!

PISTETERO. ¿Desde cuándo está perdido?

PROMETEO. Desde que colonizasteis el aire. Pues ya no sacrifica a los dioses ningún hombre, ni, desde entonces, ha vuelto a subir a nosotros el olor a grasa de los muslos de las víctimas sacrificadas; ayunamos como en las Tesmoforias, por falta de ofrendas. Y los dioses bárbaros, hambrientos y chillando, como ilirios, amenazan con atacar desde arriba a Zeus si no logra que abran los mercados para poder importar carne de víctimas ya hecha chuletas.”

“PROMETEO. Sin duda alguna. Y te digo una cosa bien clara: van a venir embajadores de Zeus y de los Tríbalos de arriba para lograr un compromiso; vosotros no lo firméis mientras Zeus no devuelva el cetro a los pájaros y te dé a Soberanía como esposa.

PISTETERO. ¿Quién es Soberanía?

PROMETEO. Una bella joven que administra el rayo de Zeus y todo lo demás, la prudencia, las buenas leyes, la moderación, los astilleros, los insultos, el habilitado del juzgado, los

tres óbolos del jurado.

PISTETERO. ¿Todo eso administra?

PROMETEO. Te lo digo yo. Si logras que te la entregue, lo tienes todo. Para eso he venido, para explicarte estas cosas; yo siempre soy amigo de los hombres.

PISTETERO. Gracias a ti sólo de los dioses hacemos nuestros asados.

PROMETEO. Y odio a todos los dioses, como tú sabes.

PISTETERO. Sí, por Zeus, siempre has odiado a los dioses.

PROMETEO. Soy un puro Timón.¹ Pero para poder irme, dame una sombrilla, para que, si Zeus me ve desde arriba, crea que voy en una procesión dando escolta a una canéforo.

PISTETERO. Toma, llévate también el taburte.

(Se va Prometeo.)”

(*) “Ilustre misántropo.”

(**) “Las canéforos llevaban una cestilla sagrada en las Panateneas; detrás de cada una, otra doncella llevaba una sombrilla para quitarle el sol y un taburete para que se sentara en las paradas.”

Querfonte: (*) “Discípulo de Sócrates, así apodado [murciélago] por la palidez de su rostro: dedicado al estudio, no hacía la habitual vida al aire libre.”

“HERACLES. Ya me has oído, Posidón, que quiero estrangular al hombre que ha bloqueado a los dioses, sea quien sea.

POSIDÓN. Pero, ¡amigo Heracles, si hemos sido elegidos embajadores para hacer un pacto!”

“HERACLES. ¿Y de qué es esa carne?

PISTETERO. Son unos pájaros que se sublevaron contra los pájaros demócratas y fueron declarados culpables.

HERACLES. Y entonces, ¿primero les rallas encima el silfio?

PISTETERO. ¡Oh! Buenos días, Heracles. ¿Qué ocurre?

POSIDÓN. Hemos venido en embajada de parte de los dioses sobre el fin de la guerra…”

“PISTETERO. Nosotros no sólo nunca hemos empezado una guerra contra vosotros, sino que ahora mismo queremos, si os parece bien y si deseáis obrar en justicia, siquiera ahora, hacer la paz. Y obrar en justicia consiste en esto: que Zeus nos devuelva el cetro a nosotros los pájaros; y si nos ponemos de acuerdo sobre esta condición, invito a comer a los embajadores.

HERACLES. A mí me basta eso y voto a favor.

POSIDÓN. ¡Cómo, desgraciado! ¡Eres un imbécil y un glotón! ¿Vas a quitar el poder real a tu padre Zeus?”

“PISTETERO. Por Zeus, hay otra cosa de la que me acuerdo ahora. Hera se la doy a Zeus, pero a la joven Soberanía hay que dármela a mí por mujer.

POSIDÓN. Tú no quieres la paz. Volvamos a casa.

PISTETERO. Poco me importa. Cocinero, la salsa hay que hacerla dulce.

HERACLES. ¡Posidón, diantre de hombre!, ¿a dónde vas? ¿Vamos a hacer la guerra por una mujer?

POSIDÓN. ¿Pues qué hemos de hacer?

HERACLES. ¿Qué? La paz.

POSIDÓN. ¿Cómo, desgraciado? ¿No ves que te están engañando? Te perjudicas a ti mismo. Pues si Zeus se muere después de dejar a éstos el poder real, serás pobre, porque los bienes que Zeus deje al morir son tuyos.

PISTETERO. ¡Pobre de mí! ¡Cómo te rodea con sofismas! Ven acá conmigo para que te hable. Te engaña tu tío, desgraciado. De los bienes paternos ni a un óbolo tienes derecho, según la ley, porque eres bastardo y no hijo legítimo.

HERACLES. ¿Yo bastardo? ¿Qué dices?

PISTETERO. Tú, por Zeus, hijo de una mujer extranjera. ¿O cómo crees que Atenea sería heredera única si tuviera hermanos legítimos?

HERACLES. ¿Y si mi padre al morir me lega sus bienes como a bastardo?

PISTETERO. La ley no le deja. Este Posidón que ahora te azuza será el primero en oponerse a que recibas los bienes paternos, diciendo que él es hermano legítimo. Te voy a citar la ley de Solón: «Que el bastardo no tenga el derecho de parentesco de primer grado si hay hijos legítimos; y si no hay hijos legítimos, que los parientes colaterales más próximos se repartan la herencia.»

HERACLES. ¿Luego no me toca nada de la herencia de mi padre?

PISTETERO. No, por Zeus. Pero, dime, ¿tu padre te presentó ya a los miembros de su fratría?

HERACLES. A mí, no. Y la verdad, hace tiempo que me chocaba esto.

PISTETERO. Entonces, ¿por qué miras arriba con la boca abierta con aire de hombre al que le dan una paliza? Si te pones de nuestro lado, te haré rey y te daré leche de pájaro.

HERACLES. Desde hace un rato creo que tienes razón acerca de esa joven, y yo por mi parte te la entrego.

PISTETERO. ¿Y tú qué dices?

POSIDÓN. Voto en contra.

PISTETERO. Todo depende del Tríbalo. Y tú, ¿qué dices?

TRÍBALO. Bella joven y grande reina pájaro entrego.

HERACLES. Dice que la entreguemos.

POSIDÓN. Por Zeus, no es eso: lo que dice es que la entreguemos si no sabe andar, como las golondrinas.

HERACLES. Entonces dice que la entreguemos a las golondrinas.”

“HERACLES. ¿Queréis que yo, mientras tanto, me quede aquí guisando la carne? Vosotros idos.

POSIDÓN. ¿Que guisas la carne? ¿De qué glotonería estás hablando? Vente con nosotros.”

“(Entran PISTETERO y SOBERANÍA con corona, y el primero con cetro y rayo.)

CORO. (Cada verso corresponde a un coreuta.)

Atrás, aparte, en fila, dejad sitio.

Volad junto al dichoso de dichosa fortuna.

¡Cielos, qué juventud y qué belleza!

iQué boda afortunada para esta villa hiciste!”

DIC:

canastilla: cesta

ANTÍGONA DE SÓFOCLES (2.0)

Reextraído de https://seclusao.art.blog/2018/02/15/a-trilogia-tebana/, comprimido em prosa e com ligeiras alterações (apenas a terceira peça da trilogia).

“ISMENE

Pobre de mim! Pensa primeiro em nosso pai, em seu destino, abominado e desonrado, cegando os próprios olhos com as frementes mãos ao descobrir os seus pecados monstruosos; também, valendo-se de um laço retorcido, matou-se a mãe e esposa dele – era uma só – e, num terceiro golpe, nossos dois irmãos num mesmo dia entremataram-se (coitados!), fraternas mãos em ato de extinção recíproca. Agora que restamos eu e tu, sozinhas, pensa na morte inda pior que nos aguarda se contra a lei desacatarmos a vontade do rei e a sua força. E não nos esqueçamos de que somos mulheres e, por conseguinte, não poderemos enfrentar, só nós, os homens. Enfim, somos mandadas por mais poderosos e só nos resta obedecer a essas ordens e até a outras inda mais desoladoras. Peço indulgência aos nossos mortos enterrados mas obedeço, constrangida, aos governantes; ter pretensões ao impossível é loucura.

ANTÍGONA

(…) e santo é o meu delito, pois terei de amar aos mortos muito, muito tempo mais que aos vivos. Eu jazerei eternamente sob a terra e tu, se queres, foge à lei mais cara aos deuses.

“(…) Se calares, se não contares minhas intenções a todos, meu ódio contra ti será maior ainda!”

“ISMENE

Se houvesse meios… Mas desejas o impossível.

ANTÍGONA

Quando sentir faltar-me a força, pararei.

ISMENE

Mas o impossível não se deve nem tentar.”

“o estrondo de Ares oponente invicto dos inimigos do dragão tebano.¹

¹ Dragão tebano: alusão à suposta origem dos primeiros habitantes de Tebas, que teriam nascido dos dentes de um dragão morto por Cadmo, fundador da cidade, ao chegar ao local onde ela se situaria. Dos dentes semeados teriam nascido soldados inteiramente armados, os primeiros tebanos.”

“Nas sete portas, enfrentando os nossos, seus sete chefes foram derrotados, deixando as armas de maciço bronze como tributo a Zeus – árbitro único da decisão de todas as batalhas –

“Não é possível conhecer perfeitamente um homem e o que vai no fundo de sua alma, seus sentimentos e seus pensamentos mesmos, antes de o vermos no exercício do poder, senhor das leis. Se alguém, sendo o supremo guia do Estado, não se inclina pelas decisões melhores e, ao contrário, por algum receio mantém cerrados os seus lábios, considero-o e sempre o considerarei a mais ignóbil das criaturas; e se qualquer um tiver mais consideração por um de seus amigos que pela pátria, esse homem eu desprezarei.”

“fique insepulto o seu cadáver e o devorem cães e aves carniceiras em nojenta cena. São estes os meus sentimentos e jamais concederei aos homens vis maiores honras que as merecidas tão-somente pelos justos.”

“E estou aqui, contra teu gosto e contra o meu, pois ninguém aprecia quem dá más notícias.”

“Se a Zeus ainda agrada a minha reverência, escuta e dize aos outros guardas: juro agora que se não descobrirdes o real autor desse sepultamento e não o conduzirdes à frente de meus olhos, simplesmente a morte não há de ser pena bastante para vós; sereis dependurados todos, inda vivos, até que alguém confesse o crime!”

“Ah! é terrível quando, embora preparado para ser bom juiz, um homem julga mal!…”

“É bom livrarmo-nos de males mas é triste lançar amigos nossos na infelicidade. Mas, isso tudo para mim neste momento importa menos do que a minha salvação.”

“(…) e não me pareceu que tuas determinações tivessem força para impor aos mortais até a obrigação de transgredir normas divinas, não escritas, inevitáveis; não é de hoje, não é de ontem, é desde os tempos mais remotos que elas vigem, sem que ninguém possa dizer quando surgiram. E não seria por temer homem algum, nem o mais arrogante, que me arriscaria a ser punida pelos deuses por violá-las. Eu já sabia que teria de morrer (e como não?) antes até de o proclamares, mas, se me leva a morte prematuramente, digo que para mim só há vantagem nisso.

Pois homem não serei – ela será o homem! – se esta vitória lhe couber sem punição!

(…)

nem ela nem a irmã conseguirão livrar-se do mais atroz destino, pois acuso a outra de cúmplice na trama desse funeral.”

“(…) Muitas vezes o íntimo de quem não age retamente, na sombra, indica a traição antes do feito.”

“CREONTE

Nem morto um inimigo passa a ser amigo.

ANTÍGONA

Nasci para compartilhar amor, não ódio.

CREONTE

Se tens de amar, então vai para o outro mundo, ama os de lá. Não me governará jamais mulher alguma enquanto eu conservar a vida!

“CREONTE

Afirmo que uma destas moças neste instante nos revelou sua demência; a outra é insana, sabidamente, desde o dia em que nasceu.

ISMENE

É, rei, mas a razão inata em todos nós está sujeita a mutações nos infelizes.

CREONTE

Isto se deu com a tua, quando preferiste ser má em companhia de pessoas más.

ISMENE

Sem ela, que prazer teria eu na vida?

CREONTE

Não digas <ela>; não existe mais.

ISMENE

Irás matar, então, a noiva de teu filho?

CREONTE

Ele pode lavrar outras terras mais férteis.

ISMENE

Isso não foi o que ele e ela pactuaram.

CREONTE

Detesto, para os filhos meus, mulheres más.”

“mesmo as pessoas corajosas tentam fugir se ameaçadas pela morte.”

“CORO

(…)

as gerações mais novas não resgatam as gerações passadas. Um dos deuses agarra-se insaciável a elas todas e as aniquila; não há salvação. O pálido lampejo de esperança que sobre o último rebento de Édipo surgira, esvai-se agora na poeira dos deuses infernais, ensangüentada pelo arrebatamento das palavras e por corações cheios de furor. Que orgulho humano, Zeus, será capaz de opor limites ao poder só teu, que nem o Sono precursor do fim de todos vence, nem o perpassar infatigável do tempo divino [Cronos]? Governas o fulgor maravilhoso do Olimpo como soberano único, imune ao tempo que envelhece tudo. E no porvir, tal como no passado a lei para os mortais será mantida: nada haverá de realmente grande em suas vidas sem desgraças juntas. É um conforto para muitos homens a instável esperança; para outros é uma ilusão de seus desejos frívolos insinuando-se junto aos ingênuos até que aos pés lhes chegue o fogo ardente. Pois com sabedoria alguém falou as célebres palavras: <cedo ou tarde, o mal parecerá um bem àquele que os deuses resolveram desgraçar>.”

“Desejam para isso os homens em seus lares crianças obedientes que eles engendraram para mais tarde devolver aos inimigos dos pais o mal que lhes fizeram, e também honrar, como seus pais honraram, os amigos. Mas, de quem teve apenas filhos imprestáveis, só poderíamos dizer que semeou muitos motivos de aflição para si mesmo e muitas gargalhadas para os inimigos. Jamais deves perder o senso, filho meu, pela volúpia de prazeres, por mulheres, ciente de que tal satisfação esfria quando a mulher com quem convives é perversa. Existirá, então, ferida mais pungente que uma esposa má? Deves repudiá-la como inimiga; deixa a moça desposar alguém lá no outro mundo. (…) Mas a anarquia é o mal pior; é perdição para a cidade e faz desertos onde existiam lares; ela é causadora de defecções entre as fileiras aliadas, levando-as à derrota. A submissão, porém, é a salvação da maioria bem mandada. Devemos apoiar, portanto, a boa ordem, não permitindo que nos vença uma mulher. Se fosse inevitável, mal menor seria cair vencido por um homem, escapando à triste fama de mais fraco que as mulheres!

“HÊMON

(…) o teu cenho inspirador de medo impede os homens simples de pronunciar palavras que firam teus ouvidos. Eu, porém, na sombra, ouço o murmúrio, escuto as queixas da cidade por causa dessa moça: <Nenhuma mulher>, comentam, <mereceu jamais menos que ela <essa condenação – nenhuma, em tempo algum, <terá por feitos tão gloriosos quanto os dela <sofrido morte mais ignóbil; ela que, <quando em sangrento embate seu irmão morreu <não o deixou sem sepultura, para pasto <de carniceiros cães ou aves de rapina, <não merece, ao contrário, um áureo galardão?> Este é o rumor obscuro ouvido pelas ruas. Com relação a mim, meu pai, nenhum dos bens é mais precioso que tua satisfação. (…) Não tenhas, pois, um sentimento só, nem penses que só tua palavra e mais nenhuma outra é certa, pois se um homem julga que só ele é ponderado e sem rival no pensamento e nas palavras, em seu íntimo é um fútil. Não há vergonha alguma, mesmo sendo sábio, em aprender cada vez mais, sem presunções. Não vês, ao lado das torrentes engrossadas pelas tormentas, como as árvores flexíveis salvam-se inteiras, e as que não podem dobrar-se são arrancadas com a raiz? Da mesma forma, aquele que mantém as cordas do velame Sempre esticadas, sem às vezes afrouxá-las, faz emborcar a nau e finaliza a viagem com a quilha para cima.”

CREONTE

Posso, na minha idade, receber lições de sensatez de alguém da natureza dele?

HÊMON

Se houver razões. Sou jovem? Olha mais, então, para os meus atos que para os meus poucos anos.

(…)

CREONTE

Discutes com teu pai, pior das criaturas?

HÊMON

Porque agindo assim ofendes a justiça.

CREONTE

Ofendo-a por impor respeito ao meu poder?

HÊMON

Tu mesmo o desrespeitas ultrajando os deuses.

CREONTE

Caráter sórdido, submisso a uma mulher!

HÊMON

Não me verás submisso diante de baixezas!

CREONTE

A tua fala toda, ao menos, é por ela!

HÊMON

Por ti, por mim e pelos deuses dos finados!

CREONTE

Jamais te casarás com ela ainda viva!

HÊMON

Pois ela morrerá levando alguém na morte!

CREONTE

O atrevimento leva-te a tais ameaças?

HÊMON

É atrevimento refutar idéias vãs?

CREONTE

Chorando aprenderás que vão é o teu saber!

HÊMON

Queres falar apenas, sem ouvir respostas?

CREONTE

Não tagareles tanto, escravo de mulher!

HÊMON

Não fosses tu meu pai, dir-te-ia um insensato!

CREONTE

Isto é verdade? Pelos céus, fica sabendo: essas censuras torpes não te alegrarão!”

O apedrejamento é um ato puro, pois não se maculam as mãos tocando-se no criminoso: “Acaso não sabeis que hinos e lamúrias na hora de morrer jamais acabariam se houvesse o mínimo proveito em entoá-los? Ides, ou não, levá-la imediatamente? E quando a houverdes encerrado, como eu disse, em sua cavernosa sepultura, só, abandonada para, se quiser, morrer ou enterrar-se ainda viva em tal abrigo, estarão puras nossas mãos: não tocarão nesta donzela. Mas há uma coisa certa: ela será privada para todo o sempre da convivência com habitantes deste mundo.”

“Nossos altares todos e o fogo sagrado estão poluídos por carniça do cadáver do desditoso filho de Édipo, espalhada pelas aves e pelos cães; por isso os deuses já não escutam nossas preces nem aceitam os nossos sacrifícios, nem sequer as chamas das coxas; nem os pássaros dão sinais claros com seus gritos estrídulos, pois já provaram gordura e sangue de homem podre. Pensa, então, em tudo isso, filho. Os homens todos erram mas quem comete um erro não é insensato, nem sofre pelo mal que fez, se o remedia em vez de preferir mostrar-se inabalável; de fato, a intransigência leva à estupidez. Cede ao defunto, então! Não firas um cadáver! Matar de novo um morto é prova de coragem?”

“negociai, se for vossa vontade, o electro lá de Sardes ou da Índia o ouro, mas aquele cadáver não enterrareis; nem se quiserem as próprias águias de Zeus levar pedaços de carniça até seu trono, nem mesmo por temor de tal profanação concordaria eu com o funeral, pois sei que homem nenhum consegue profanar os deuses. Mostram sua vileza os homens mais astutos, velho Tirésias, ao tentar dissimular pensamentos indignos com belas palavras, preocupados tão-somente com mais lucros.

“Ceder é duro, mas só por intransigência deixar que a cólera me arruíne, é também duro.”

“1º MENSAGEIRO

Hêmon morreu; matou-o mão ligada a ele.

CORIFEU

A mão paterna? Ou terá sido a dele mesmo?

1º MENSAGEIRO

Foi ele, em fúria contra o crime de seu pai.

CORIFEU

Ah! Adivinho! Era verdade o que dizias!

1º MENSAGEIRO

Isso é passado. Cumpre-nos pensar no resto.

CORIFEU

Mas, vejo aproximar-se a infeliz Eurídice, esposa de Creonte; ela vem do palácio para saber do filho, ou, talvez, por acaso.”

“vimos pendente a moça, estrangulada em laço improvisado com seu próprio véu de linho; Hêmon, cingindo-a num desesperado abraço estreitamente, lamentava a prometida que vinha de perder, levada pela morte, e os atos de seu pai, e as malsinadas núpcias. Quando este o viu, entre gemidos horrorosos aproximou-se dele e com a voz compungida chamou-o: <Ah! Infeliz! Que estás fazendo aí? Que idéia te ocorreu? Qual a calamidade que assim te faz perder o senso? Sai, meu filho! Eu te suplico! Imploro!> O moço, todavia, olhando-o com expressão feroz, sem responder cuspiu-lhe em pleno rosto e o atacou sacando a espada de dois gumes; mas o pai desviou-se e recuou, fazendo-o errar o golpe; então, com raiva de si mesmo, o desditoso filho com todo o peso de seu corpo se deitou sobre a aguçada espada que lhe traspassou o próprio flanco; no momento derradeiro de lucidez, inda enlaçou a virgem morta num languescente abraço, e em golfadas súbitas lançou em suas faces lívidas um jato impetuoso e rubro de abundante sangue. E jazem lado a lado agora morto e morta, cumprindo os ritos nupciais – ah! infelizes! – não nesta vida, mas lá na mansão da Morte, mostrando aos homens que, dos defeitos humanos, a irreflexão é incontestavelmente o máximo.”

“Não sei… Silêncios excessivos me parecem tão graves quanto o exagerado, inútil pranto.”

“É o fim sangrento de minha mulher, caída nesta sucessão de mortes?”

“Levai-me imediatamente, escravos, para bem longe, pois não sou mais nada!

“A desmedida empáfia nas palavras reverte em desmedidos golpes contra os soberbos que, já na velhice, aprendem afinal prudência.

FIM”

comentário de prefácio:

“O tema principal da Antígona é um choque do direito natural, defendido pela heroína, com o direito positivo, representado por Creonte. Ao longo da peça, porém, surgem ainda os temas do amor, que leva Hêmon (filho de Creonte) ao suicídio; do orgulho, que leva Creonte ao desespero; do protesto dos jovens contra a prepotência dos pais.”

FILOCTETES

Sófocles (trad. lusitana José Ribeiro Ferreira, 3ª ed., 1997 [ex. da BCE-UnB digitalizado].)

 

DIC:

roaz: dilacerante;

            toninha (mamífero marinho embora dessemelhante ao golf.);

            o próprio golfinho.


“Neoptólemo, filho de Aquiles, que foste criado pelo mais valente dos Helenos” ??? – explicação mais adiante nas notas, em vermelho negrito

“É preciso que iludas com as tuas palavras o espírito de Filoctetes. (…) acrescenta que (…) dos Aqueus (…) concebeste um ódio mortal (…) não consentiram em dar-te as armas de Aquiles, quando legitimamente as pedias, mas pelo contrário as entregaram a Ulisses [eu].” “Eu sei, meu filho, que não é da tua natureza falar assim, nem tecer armadilhas. Mas tem coragem, porque é agradável alcançar a vitória.”

“Estou resolvido a levar o nosso homem pela força e não pela astúcia. (…) prefiro falhar, agindo honestamente, a vencer, procedendo como um vilão.”

“entre os mortais, são as palavras e não as ações que conduzem tudo.”

“Apenas o seu arco pode conquistar Tróia.”

“Estranho em terra estranha, que devo eu ocultar ou dizer perante esse homem desconfiado?”

“Os que me repeliram tão criminosamente riem-se de mim em silêncio, enquanto a minha chaga se desenvolve e aumenta.”

“Infeliz de mim, aqui estou a morrer de fome e de sofrimento há já dez anos, alimentando esta chaga que jamais se sacia.”

“Nobre é quem matou, nobre também quem morreu.”


“Salve, deusa, que tens por assento

leões devoradores de touros!”


“a tal ponto sintonizais comigo que eu reconheço em tudo isso a obra dos Atridas e de Ulisses. Sei muito bem que esse homem seria capaz de urdir toda a espécie de calúnias e de astúcias, com aquela língua que nada de justo leva a cabo.”


“FILOCTETES:

Tinha de ser. Nenhum malvado pereceu. A esses rodeiam-nos todos os cuidados os deuses e até sentem satisfação em trazer do Hades o que há de velhaco e matreiro;(*) ao contrário, enviam para lá quanto é justo e virtuoso. Como se hão-de entender tais coisas? E como aplaudi-las, se quando quero louvar as ações divinas, descubro que os deuses são maus?

(*) Trata-se, com certeza, de uma referência velada a Sísifo que, segundo o mito, depois de morto, teria conseguido convencer Hades a permitir que regressasse ao mundo dos vivos, com a desculpa de castigar a mulher que lhe não havia prestado as honras fúnebres devidas. Obtida a permissão, na terra teria continuado até idade avançada.”


“Ai, infeliz de mim! Então esse homem, que é a maldade em pessoa, jurou convencer-me e levar-me aos Aqueus?! Seria mais fácil persuadir-me a voltar, depois de morto, do Hades à luz do dia, como fez o pai dele.”

“O vento é sempre bom, quando se foge à desgraça.”


“Ouvi contar, mas não o presenciei,

como ao que se abeirou um dia do leito de Zeus,

a uma roda sempre a girar o amarrou

o todo poderoso filho de Cronos.(*)

De nenhum outro mortal

eu sei, nem de outiva, nem por o ter visto,

de homem que tenha encontrado sorte mais adversa do que este

(*) Trata-se de uma referência ao conhecido castigo de Ixíon que, acolhido no Olimpo como suplicante de Zeus, tenta seduzir Hera. Aquele, como castigo da sua insolência e ingratidão, ata-o a uma roda em contínuo movimento.”


“Oh! triste vida

a do homem que de vinho

não provou o gosto ao longo de dez anos”


“Filho, nobre coração, vá, agarra-me e queima-me neste fogo de Lemnos que invoco, meu nobre amigo. Foi o que eu próprio um dia julguei dever fazer ao filho de Zeus, em troca dessas armas que agora guardas.”


“Em todos os enfermos, vígil

e insone é o sono: sabe perscrutar.”


“Tudo é repugnância, quando alguém, traindo a sua natureza, adota um procedimento que lhe não convém.”

“quando é preciso certa espécie de homens, eu sou um deles. E se algures houver um concurso entre varões justos e honrados, não encontrarás pessoa mais escrupulosa do que eu.”


“Nem que o tonitruante Zeus que lança o raio

me fulmine com o lampejar do trovão.

Pereça Ílion, e vós que cercais seus muros:

todos os que tiveram a ousadia de, pelo meu pé

doente, abandonar-me.”


“A morte, a morte imediata, é o que eu desejo.”

“NEOPTÓLEMO

(…) Os homens vêem-se forçados a suportar as desgraças que os deuses lhes dão. Mas quantos, como tu, persistem nos sofrimentos voluntariamente, não merecem que se sinta por eles indulgência, nem que alguém os lastime. Ora tu tornaste-te um selvagem e não aceitas conselhos. E se alguém, com boas intenções, o faz, tu ganhas-lhe ódio e nele vês um adversário e um inimigo. (…)

Fica a saber que, enquanto este mesmo Sol continuar a levantar-se de um lado e a pôr-se no outro, jamais obterás o fim desta tua cruel enfermidade, sem que primeiro, de tua livre vontade, partas para as planícies troianas, onde, junto de nós, encontrarás um dos dois Asclepíades que te curará desse mal, e onde te tornarás famoso, ao destruíres a cidadela com o teu arco e a minha ajuda.

Agora vou dizer-te como soube que as coisas se vão passar assim. Temos junto de nós um prisioneiro troiano, o famoso adivinho Heleno. Foi ele que nos profetizou claramente que tudo se há-de passar deste modo. Acrescentou ainda que, no verão que decorre, Tróia tem de ser impreterivelmente tomada. Oferece-se de livre vontade à morte, se forem mentiras o que diz. Agora que já sabes tudo, cede de bom grado.”

“Ó meu caro, aprende a não ser insolente na desgraça.”

“HÉRACLES

(…) depois, eleito pelo teu valor como o mais valoroso de todo o exército, com as minhas flechas despojarás da vida Páris, que foi o causador de todas as desgraças, e arrasarás Tróia.”

“o respeito pelos deuses não perece com os mortais.” Não é isso que guarda Prometeu…


Notas (P. 108)

“Foi mordido por uma víbora guardiã do santuário da ninfa Crise – segundo a lenda, como castigo pelo perjúrio de ter revelado o local da sepultura de Héracles –, quando, único a conhecer a sua localização, a indicava aos Atridas que aí necessitavam de sacrificar.”

“Após a morte de Aquiles, Ájax e Ulisses disputaram a honra de possuir as suas armas. O exército concedeu-as a Ulisses, o que levou Ájax, no seu descontentamento e revolta, a conceber o projeto de atacar os chefes dos Aqueus. É o tema que Sófocles aproveita para compor o Ájax.

            A tradição concorda em que Ulisses, após a chegada de Neoptólemo a Tróia, lhe entregou as armas do pai. E uma taça ática de figuras vermelhas de Dúris de cerca de 490 a.C., atualmente no museu de Viena (Beazley, Attic Red-Figure Vase-Painters, Oxford, 1963, vol. I, p. 429, n. 26; E. Pfuhl, Masterpieces of Greek Drawing and Painting, Londres, 1955, figs. 61-63), mostra, na parte interior, Uli. a entregar as armas a Neop., enquanto no exterior representa a disputa delas entre Uli. e Ájax e a votação que as concede àquele.”

O SIMPLIFICADO DE ÉDIPO: “Tudo bem pai, pode comer a minha mãe.”

“Os heróis gregos pretendentes à mão de Helena, por sugestão de Ulisses que era um deles, fizeram a Tíndaro, seu pai, o juramento de prestar ajuda àquele que ela escolhesse para esposo, sempre que este a reclamasse. Ulisses refere-se a esse juramento, que o obrigou, bem contra a vontade, a fazer parte da expedição a Tróia para castigar Páris.”

Podemos dizer, com razão, que os gregos não entendiam UMA VÍRGULA de heroísmo?

“o coro está na orquestra e não na gruta” Curioso como nas peças gregas o coro é um(a alcatéia de) personagem(ns), interagindo com o elenco principal, e não apenas ao público como ser invisível, que sirva como narrador e entreato.

“De uma das filhas de Licomedes, Deidamia, e de Aquiles, nasce Neoptólemo que, deste modo, é neto de Licomedes e natural de Ciros, apesar de Aquiles ser originário da Ftia.”

“Desde a Ilíada que os habitantes do reino de Ulisses – constituído por 3 ilhas, Ítaca, Cefalênia e Zacinto – são designados pelo nome de Cefalênios.”

“Embora exista uma versão que atribui a morte de Aquiles a uma seta lançada por Páris (cf. Eurípides, Andrómaca 655, Hécuba 387-388), a mais espalhada – já nos aparece em Homero – é a que atribui a Apolo papel preponderante no fim de Aquiles, quer o deus agisse sozinho, quer juntamente com Páris (cf. Ilíada 19:408-…, 21:277-278, 22:355-…). Para outras ocorrências da lenda, vide o meu trabalho Eurípides – Andrómaca, Coimbra, 1971, pp. 179-180, nota 54. [José Ribeiro Ferreira]”

“Fênix, preceptor de Aquiles”

“Segundo a Odisséia 24:63, o funeral de Aquiles realizou-se 16 dias depois da morte do herói.” Só a carniça…

ESSAS ESPECULAÇÕES CAPITUANAS E BENTINIANAS REMONTAM À IDADE ANTIGA: “Segundo uma versão da lenda, sobretudo divulgada pelos inimigos de Ulisses, Anticléia, sua mãe, quando casou com Laertes, já estava grávida de Sísifo, rei de Corinto, conhecido pelo castigo que lhe foi infligido no Hades e em que Camus se baseou para compor o seu ensaio Le mythe de Sisyphe.”

Heleno, adivinho tão reputado quanto o mais célebre Tirésias?

DO “PRÊMIO” DADO A HÉRCULES NO PÓS-VIDA: “Como era filho de Zeus, o suicídio redunda em apoteose: os deuses recebem-no no Olimpo e concedem-lhe a imortalidade.”

“Em Lemnos havia um vulcão e o mito colocava na ilha as oficinas de Hefesto. (…) Segundo Cícero, Tusculanas, 2:10, 2:23, foi de Lemnos que Prometeu roubou o fogo para o dar aos mortais.”

“Ulisses ter-se-ia mesmo fingido de louco para se eximir ao juramento feito a Tíndaro e que ele próprio tinha sugerido. Palamedes, contudo, teve artes de provar que a loucura era fictícia, pelo que Ulisses se viu obrigado a cumprir o juramento e a integrar-se na expedição.”

A peça apresenta um conflito que poderíamos resumir como Maquiavel Contra Buda. No fim, só um FANTASMA consegue convencer um monge a ser budista (ou um budista a ser monge?). Para ser maquiavélico, basta escutar a voz da razão. Nada de extraordinário (talvez hoje?).

Pelo menos Filoctetes não pode reclamar de que os aqueus (atridas) pegam no seu pé!

“Estas palavras deviam trazer aos espectadores lembranças tristes: a destruição da frota, quando regressava de Tróia, como castigo dos deuses, por os (sic) Aqueus não terem respeitado, na altura do saque a Tróia, os vencidos que se haviam refugiado nos templos e altares – p.ex., o rapto de Cassandra no templo de Atena e a morte de Príamo junto ao altar de Zeus, às mãos de Neoptólemo, que depois recebe em Delfos o conseqüente castigo (Eurípedes aproveita esta parte do mito na sua Andrómaca). Sófocles termina a cada passo as suas peças por uma alusão – irônica por vezes – ao futuro das figuras: neste caso Nept.. Vide Winnington-Ingram, Sophocles cit., pp. 302-303.”

Blundell – The Moral Character of Odysseus in Philoctetes

THE TRACHINIAE

Tradução de R.C. Jebb

“DEIANEIRA

There is a saying among men, put forth of old, that thou canst not rightly judge whether a mortal’s lot is good or evil, ere he die. But I, even before I have passed to the world of death, know well that my life is sorrowful and bitter (…) But finally the Zeus of battles ordained well, – if well indeed it be: for since I have been joined to Heracles as his chosen bride, fear after fear hath haunted me on his account; one night brings a trouble, and the next night, in turn, drives it out. And then children were born to us; whom he has seen only as the husbandman sees his distant field, which he visits at seedtime, and once again at harvest. Such was the life that kept him journeying to and fro, in the service of a certain master.

But now, when he hath risen above those trials, – now it is that my anguish is sorest. Ever since he slew the valiant Iphitus, we have been dwelling here in Trachis, exiles from our home, and the guests of stranger; but where he is, no one knows; I only know that he is gone, and hath pierced my heart with cruel pangs for him. I am almost sure that some evil hath befallen him; it is no short space that hath passed, but ten long months, and then five more, – and still no message from him.”

“NURSE

(…)

why, when thou art so rich in sons, dost thou send no one of them to seek thy lord; – Hyllus, before all, who might well go on that errand, if he cared that there should be tidings of his father’s welfare?”

“this woman is a slave, but hath spoken in the spirit of the free.”

“HYLLUS

Last year, they say, through all the months, he toiled as bondman to Lydian woman.”

“Thou dost not well, I say, to kill fair hope by fretting; remember that the son of Cronus himself, the all-disposing king, hath not appointed a painless lot for mortals. Sorrow and joy come round to all, as the Bear moves in his circling paths.”

“Yes, the tender plant grows in those sheltered regions of its own! and the Sun-god’s heat vexes it not, nor rain, nor any wind; but it rejoices in its sweet, untroubled being, til such time as the maiden is called a wife, and finds her portion of anxious thoughts in the night, brooding on danger to husband or to children. Such an one could understand the burden of my cares; she could judge them by her own. (…) He had always departed as if to conquer, not to die. But now, as if he were a doomed man, he told me what portion of his substance I was to take for my dower, and how he would have his sons share their father’s land amongst them. And he fixed the time; saying that, when a year and three months should have passed since he had left the country, then he was fated to die; or, if he should have survived that term, to live thenceforth an untroubled life.

Such, he said, was the doom ordained by the gods to be accomplished in the toils of Heracles; as the ancient oak at Dodona had spoken of yore, by the mouth of the two Peleiades.”

“MESSENGER

Queen Deianeira, I shall be the first of messengers to free thee from fear. Know that Alcmena’s son lives and triumphs, and from battle brings the first-fruits to the gods of this land.”

“So he passed a whole year, as he himself avows, in thraldom to Omphale the barbarian. And so stung was he by that reproach, he bound himself by a solemn oath that he would one day enslave, with wife and child, the man who had brought that calamity upon him. (…) So those men, who waxed so proud with bitter speech, are themselves in the mansions of the dead, all of them, and their city is enslaved; while the women whom thou beholdest, fallen from happiness to misery, come here to thee; for such was thy lord’s command, which I, his faithful servant, perform. He himself, thou mayest be sure, – so soon as he shall have offered holy sacrifice for his victory to Zeus from whom he sprang, – will be with thee.”

“A strange pity hath come over me, friends, at the sight of these ill-fated exiles, homeless and fatherless in a foreign land; once the daughters, perchance, of free-born sires, but now doomed to the life of slaves.”

“MESSENGER

I heard this man declare, before many witnesses, that for this maiden’s sake Heracles overthrew Eurytus and the proud towers of Oechalia; Love, alone of the gods, wrought on him to do those deeds of arms, – not the toilsome servitude to Omphale in Lydia, nor the death to which Iphitus was hurled. But now the herald has thrust Love out of sight, and tells different tale.

Well, when he could not persuade her sire [pai, dono] to give him the maiden for his paramour [amante], he devised some petty [insignificante] complaint as a pretext, and made war upon her land, – that in which, as he said, this Eurytus bore sway, – and slew the prince her father, and sacked her city. And now, as thou seest, he comes sending her to this house not in careless fashion, lady, nor like slave: – no, dream not of that, – it is not likely, if his heart is kindled with desire.”

“Hapless that I am!”

“MESSENGER

Nay, illustrious by name as by birth; she is the daughter of Eurytus, and was once called Iole

“for Love rules the gods as he will, and me; and why not another woman, such as I am? So I am mad indeed, if I blame my husband, because that distemper hath seized him; or this woman, his partner in a thing which is no shame to them, and no wrong to me. Impossible! No; if he taught thee to speak falsely, ‘tis not a noble lesson that thou art learning; or if thou art thine own teacher in this, thou wilt be found cruel when it is thy wish to prove kind. Nay, tell me the whole truth. To a free-born man, the name of liar cleaves as a deadly brand. If thy hope is to escape detection, that, too, is vain; there are many to whom thou hast spoken, who will tell me.

(…) Hath not Heracles wedded others ere now, – ay, more than living man, – and no one of them hath bad harsh word or taunt from me; nor shall this girl, though her whole being should be absorbed in her passion; for indeed I felt a profound pity when I beheld her, because her beauty hath wrecked her life, and she, hapless one, all innocent, hath brought her fatherland to ruin and to bondage. Well, those things must go with wind and stream.”

“And now we twain are to share the same marriage-bed, the same embrace. Such is the reward that Heracles hath sent me, – he whom I called true and loyal, – for guarding his home through all that weary time. I have no thought of anger against him, often as he is vexed with this distemper. But then to live with her, sharing the same union – what woman could endure it? For I see that the flower of her age is blossoming, while mine is fading; and the eyes of men love to cull the bloom of youth, but they turn aside from the old. (…) <If thou gatherest with thy hands the blood clotted round my wound, at the place where the Hydra, Lerna’s monstrous growth, hath tinged the arrow with black gall, – this shall be to thee a charm for the soul of Heracles, so that he shall never look upon any woman to love her more than thee.>

“thou shouldest take for me this long robe, woven by mine own hand, a gift to mine absent lord.

(…)

For thus had I vowed, – that if I should ever see or hear that he had come safely home, I would duly clothe him in this robe, and so present him to the gods, newly radiant at their altar in new garb.”

“DEIANEIRA

Friends, how I fear that I may have gone too far in all that I have been doing just now!

LEADER

What hath happened, Deianeira, daughter of Oeneus?

DEIANEIRA

I know not; but feel a misgiving that I shall presently be found to have wrought a great mischief, the issue of a fair hope.

LEADER

It is nothing, surely, that concerns thy gift to Heracles?

DEIANEIRA

Yea, even so. And henceforth I would say to all, act not with zeal, if ye act without light.”

“I neglected no part of the precepts which the savage Centaur gave me, when the bitter barb was rankling in his side: they were in my memory, like the graven words which no hand may wash from a tablet of bronze. Now these were his orders, and I obeyed them: – to keep this unguent in secret place, always remote from fire and from the sun’s warm ray, until I should apply it, newly spread, where I wished. So had I done. And now, when the moment for action had come, I performed the anointing privily in the house, with a tuft of soft wool which I had plucked from a sheep of our home-flock; then I folded up my gift, and laid it, unvisited by sunlight, within its casket, as ye saw.

But as I was going back into the house, I beheld a thing too wondrous for words, and passing the wit of man to understand. I happened to have thrown the shred of wool, with which I bad been preparing the robe, into the full blaze of the sunshine. As it grew warm, it shrivelled all away, and quickly crumbled to powder on the ground, like nothing so much as the dust shed from a saw’s teeth where men work timber. In such a state it lies as it fell. And from the earth, where it was strewn, clots of foam seethed up, as when the rich juice of the blue fruit from the vine of Bacchus is poured upon the ground.

(…) Why or wherefore should the monster, in his death-throes, have shown good will to me, on whose account he was dying? Impossible! No, he was cajoling me, in order to slay the man who had smitten him: and I gain the knowledge of this too late, when it avails no more. Yes, I alone – unless my foreboding prove false – I, wretched one, must destroy him! For I know that the arrow which made the wound did scathe even to the god Cheiron; and it kills all beasts that it touches. And since ‘tis this same black venom in the blood that hath passed out through the wound of Nessus, must it not kill my lord also? I ween [suponho] it must.

Howbeit, I am resolved that, if he is to fall, at the same time I also shall be swept from life; for no woman could bear to live with an evil name, if she rejoices that her nature is not evil.”

“HYLLUS

O mother, would that one of three things had befallen thee! Would that thou wert dead, – or, if living, no mother of mine, – or that some new and better spirit had passed into thy bosom.

DEIANEIRA

Ah, my son, what cause have I given thee to abhor me?

HYLLUS

I tell thee that thy husband – yea, my sire – hath been done to death by thee this day.

DEIANEIRA

Oh, what word hath passed thy lips, my child!

HYLLUS

A word that shall not fail of fulfilment; for who may undo that which hath come to pass?

DEIANEIRA

What saidst thou, my son? Who is thy warranty for charging me with a deed so terrible?

HYLLUS

I have seen my father’s grievous fate with mine own eyes; I speak not from hearsay.”

“At first, hapless one, he prayed with serene soul, rejoicing in his comely garb. But when the blood-fed flame began to blaze from the holy offerings and from the resinous pine, a sweat broke forth upon his flesh, and the tunic clung to his sides, at every joint, close-glued, as if by a craftsman’s hand; there came a biting pain that racked his bones; and then the venom, as of some deadly, cruel viper, began to devour him.”

“But when he was spent with oft throwing himself on the ground in his anguish, and oft making loud lament, – cursing his fatal marriage with thee, the vile one, and his alliance with Oeneus, – saying how he had found in it the ruin of his life, – then from out of the shrouding altar-smoke, he lifted up his wildly-rolling eyes, and saw me in the great crowd, weeping. He turned his gaze on me, and called me: <O son, draw near; do not fly from my trouble, even though thou must share my death. Come, bear me forth, and set me, if thou canst, in a place where no man shall see me; or, if thy pity forbids that, at least convey me with all speed out of this land, and let me not die where I am>.”

“May avenging justice and the Erinys visit thee for them! Yes, if it be right, that is my prayer: and right it is, – for I have seen thee trample on the right, by slaying the noblest man in all the world, whose like thou shalt see nevermore!” “Why should the name of mother bring her a semblance of respect, when she is all unlike a mother in her deeds?”

“how can he look upon tomorrow’s sun, – when that appalling Hydra-shape holds him in its grip, and those murderous goads, prepared by the wily words of black-haired Nessus, have started into fury, vexing him with tumultuous pain? (…) alas, a plague is upon him more piteous than any suffering that foemen ever brought upon that glorious hero. (…) But the Cyprian goddess, ministering in silence, hath been plainly proved the doer of these deeds.”

“At that sight, her son uttered a great cry; for he knew, alas, that in his anger he had driven her to that deed; and he had learned, too late, from the servants in the house that she had acted without knowledge, by the prompting of the Centaur. And now the youth, in his misery, bewailed her with all passionate lament; he knelt, and showered kisses on her lips; he threw himself at her side upon the ground, bitterly crying that he had rashly smitten her with a slander,- weeping that he must now live bereaved of both alike”

“HERACLES (awaking)

O Zeus, to what land have I come? Who are these among whom I lie, tortured with unending agonies? Wretched, wretched that I am! Oh, that dire pest is gnawing me once more! (…) Where is the charmer, where is the cunning healer, save Zeus alone, that shall lull this plague to rest?”

“I wore out my troublous days in ridding Greece of pests, on the deep and in all forests; and now, when I am stricken, will no man succour me with merciful fire of sword?

Oh, will no one come and sever the head, at one fierce stroke, from this wretched body? Woe, woe is me!

Not the warrior on the battle-field, not the Giants’ earth-born host, nor the might of savage beasts, hath ever done unto me thus, – not Hellas, nor the land of the alien, nor any land to which I have come as a deliverer: no, a woman, a weak woman, born not to the strength of man, all alone hath vanquished me, without stroke of sword.

Son, show thyself my son indeed, and do not honour a mother’s name above a sire’s: bring forth the woman that bare thee, and give her with thine own hands into my hand, that I may know of a truth which sight grieves thee most, – my tortured frame, or hers, when she suffers her righteous doom!

Go, my son, shrink not – and show thy pity for me, whom many might deem pitiful, – for me, moaning and weeping like a girl; – and the man lives not who can say that he ever saw me do thus before; no, without complaining I still went whither mine evil fortune led. But now, alas, the strong man hath been found a woman. Approach, stand near thy sire, and see what a fate it is that hath brought me to this pass; for I will lift the veil. Behold! Look, all of you, on this miserable body; see how wretched, how piteous is my plight!

Ah, woe is me!”

“Ah, hapless Greece, what mourning do I forsee for her, if she must lose this man”

“Say what thou wilt, and cease; in this my pain I understand nought of all thy riddling words.”

“HERACLES

Well, thou knowest the summit of Oeta, sacred to Zeus?

HYLLUS

Ay; I have often stood at his altar on that height.

HERACLES

Thither, then, thou must carry me up with thine own hands, aided by what friends thou wilt; thou shalt lop many a branch from the deep-rooted oak, and hew many a faggot also from the sturdy stock of the wild-olive; thou shalt lay my body thereupon, and kindle it with flaming pine-torch.

And let no tear of mourning be seen there; no, do this without lament and without weeping, if thou art indeed my son. But if thou do it not, even from the world below my curse and my wrath shall wait on thee for ever.

HYLLUS

Alas, my father, what hast thou spoken? How hast thou dealt with me!

HERACLES

I have spoken that which thou must perform; if thou wilt not, then get thee some other sire, and be called my son no more!

HYLLUS

Woe, woe is me! What a deed dost thou require of me, my father, – that I should become thy murderer, guilty of thy blood!

HERACLES

Not so, in truth, but healer of my sufferings, sole physician of my pain!

HYLLUS

And how, by enkindling thy body, shall I heal it?

HERACLES

Nay, if that thought dismay thee, at least perform the rest.

HYLLUS

The service of carrying thee shall not be refused.

HERACLES

And the heaping of the pyre, as I have bidden?

HYLLUS

Yea, save that I will not touch it with mine own hand. All else will I do, and thou shalt have no hindrance on my part.

HERACLES

Well, so much shall be enough. – But add one small boon [bênção] to thy large benefits.

HYLLUS

Be the boon never so large, it shall be granted.

HERACLES

Knowest thou, then, the girl whose sire was Eurytus?

HYLLUS

It is of Iole that thou speakest, if I mistake not.

HERACLES

Even so. This, in brief, is the charge that I give thee, my son. When am dead, if thou wouldest show a pious remembrance of thine oath unto thy father, disobey me not, but take this woman to be thy wife. Let no other espouse her who hath lain at my side, but do thou, O my son, make that marriage-bond thine own. Consent: after loyalty in great matters, to rebel in less is to cancel the grace that had been won.

HYLLUS

Ah me, it is not well to be angry with a sick man: but who could bear to see him in such a mind?

HERACLES

Thy words show no desire to do my bidding.

HYLLUS

What! When she alone is to blame for my mother’s death, and for thy present plight besides? Lives there the man who would make such choice, unless he were maddened by avenging fiends? Better were it, father, that I too should die, rather than live united to the worst of our foes!

HERACLES

He will render no reverence, it seems, to my dying prayer. – Nay, be sure that the curse of the gods will attend thee for disobedience to my voice.

HYLLUS

Ah, thou wilt soon show, methinks, how distempered thou art!

HERACLES

Yea, for thou art breaking the slumber of my plague.

HYLLUS

Hapless that I am! What perplexities surround me!

HERACLES

Yea, since thou deignest not to hear thy sire.

HYLLUS

But must I learn, then, to be impious, my father?

HERACLES

Tis not impiety, if thou shalt gladden my heart.

HYLLUS

Dost thou command me, then, to do this deed, as a clear duty?

HERACLES

I command thee, – the gods bear me witness!

HYLLUS

Then will I do it, and refuse not, – calling upon the gods to witness thy deed. I can never be condemned for loyalty to thee, my father.

“mark the great cruelty of the gods in the deeds that are being done. They beget children, they are hailed as fathers, and yet they can look upon such sufferings.”

ELECTRA – Sófocles

“Ah! Electra, filha da mais pérfida mulher!…

Por que lamentas sempre quem há tanto tempo

foi envolvido em trama horrível pela própria esposa?

Por que ainda choras Agamemnon,

vítima de criminosas mãos?

Morra quem mata, eu posso assim falar!”


“Amigas cujo amor responde ao meu em tudo,

abandonai-me ao desespero! É uma súplica!…”


“- Dize! Por que te enamoraste da desgraça?

– É insensível

quem esquece a morte trágica de um pai!

Não! Mais caro ao meu sofrido coração

É o pássaro aflito, mensageiro de Zeus

que chora os filhos incessantemente.

Ah! Muito sofredora Níobe!

És para mim igual aos deuses

tu, que, petrificada, choras para todo o sempre!”


“Não te debatas contra teus inimigos, nem os esqueças:

o tempo é um deus conciliador.”


“como qualquer estranha sem direitos,

sou serva no palácio de meu pai,

vestida nesta roupa degradante,

de pé, em frente à mesa, sem convivas.”


Meu pai previu os golpes impiedosos

desferidos pelas mãos daqueles dois,

que aniquilaram minha vida!…

“Puna-os em paga com pesadas penas

o grande Zeus Olímpico!

jamais desfrutem de alegrias

depois de cometer crime tão grande!”


“Se quem é morto criminosamente

jaz desfeito em pó e nada

e não há punição para quem mata,

então a dignidade e reverência

não mais existirão entre os mortais!”


“Em vez de mãe tenho terrível inimiga;

neste palácio em que devia ser senhora

fazem-me escrava dos verdugos de meu pai.

Podeis imaginar a minha vida aqui

vendo no trono de meu pai finado, Egisto,

envolto nas vestes reais de sua vítima,

propiciando as oferendas consagradas

exatamente no lugar do crime horrível;

ainda mais, tendo de ver o escárnio máximo:

no leito régio o miserável criminoso

com sua torpe cúmplice – com minha mãe

(se é mãe quem compartilha o leito com tal homem!)

Ela, sem recear as Fúrias vingadoras

e como se seu crime fosse nobre feito

festeja o dia do assassínio de meu pai,

da morte degradante, com danças e cantos

e sacrifícios aos deuses libertadores!”


“muito natural haver hesitação antes de graves e grandes resoluções.”


“Teu ódio, esse vive apenas em palavras;

de fato, segues os algozes de teu pai;

eu, todavia, não me curvarei a eles

embora me prometam todos os presentes

que agora ostentas com tamanha vaidade;

prossegue tua mesa cada vez mais farta

e sejam os teus dias superabundantes;

a mim porém me satisfaz só o bastante

para viver em paz com minha consciência.

Teus privilégios não os pretendi jamais

nem os desejarias se foras sensata.

Não queres o teu nome unir ao de teu pai;

preferes associá-lo ao dessa mãe perversa

para maior realce de baixeza tua,

traindo o pai vilmente morto e teus amigos!”


CRISÔTEMIS

(…)

lançada viva em escuríssima caverna

longe daqui, irás cantar teus males nela.

Reflete agora e não me culpes se mais tarde

vieres a sofrer; é tempo de pensar.”


ELECTRA

Deuses de meus avós! Enfim estais comigo!”


“se nada resultar dessa visão noturna

então nos sonhos tenebrosos não há vaticínios

nem há mensagens para nós, mortais!”


“Teu pai, pretextas sempre, foi morto por mim;

sim, fui eu mesma, não irei negar agora;

mas não fui eu sozinha; estava com a justiça,

que acatarias se não fosse imprudente.

Pois esse pai, por quem ainda e sempre choras,

foi entre os gregos todos o único que ousou

sacrificar aos deuses a filha inocente,

sem meditar no muito que sofri ao tê-la!

Por que, a quem teu pai tirânico imolou-a!

Dirás que pelos gregos. Poderia ele assassiná-la? Mas se foi por Menelau,

por seu irmão, mereceria ou não castigo?

dois filhos tinha Menelau, que com razão

de preferência à minha filha deveriam

ter sido as vítimas do sacrifício bárbaro

se foi Helena a causadora da contenda.”


“Meu pai, segundo contam, passava um dia

num bosque consagrado à deusa imaculada

quando, assustada por seus passos, irrompeu

malhada corça, rara, com alongados chifres;

ferindo-a, pronunciou meu pai naquele dia

não sei que malditas palavras de vanglória;

irada, Ártemis deteve a armada grega

e estipulou como resgate necessário

da corça morta por meu pai no bosque sacro

que ele sacrificasse ali a própria filha.

Foi condição imposta pela deusa casta

para tornar a expedição realizável,

tanto na ida como no retorno à Grécia.

Depois de muito relutar, desesperado,

meu pai sacrificou-a, não por Menelau.

mas vou pensar um momento como tu:

se para bem de seu irmão ele a imolou,

disso nasceu o teu direito de matá-lo?

Não viste que, criando semelhante lei,

abrias caminho para o teu castigo?

Se cada morte fosse reprimida sempre

com outra morte, morrerias por vingança.

Não me convencem tão hipócritas desculpas,

pois crime mais infame segues praticando:

convives como esposa com um celerado

que te ajudou a trucidar meu nobre pai;

tens filhos dele, e quanto aos teus primeiros filhos

– honrada prole de união abençoada –

tu os expulsas da mansão que lhes pertence!

Reputas dignas de elogios tais ações?

Vingas também a filha agindo dessa forma?

Se pensas assim, perdeste todo o decoro!

Podes amar um inimigo por vingança?”


“Se for para meu bem, Apolo, concretiza

a singular visão que tive em meu sonho dúbio.

Mas se o inverso for verdade e prenunciar

desastres iminentes, fazei-os recair

inteiramente sobre nossos inimigos!¹

E se algum deles pensa mesmo em usurpar

o meu poder presente, não lhes dê apoio!

Peço-te a graça, deus, de sempre ser senhora

do cetro dos átridas² e de seus domínios

vivendo bem com meus amigos atuais

e com meus filhos que não sintam pela mãe

nem desamor nem rancorosa prevenção.”

¹ Nunca sabemos se os sonhos são nossos desejos manifestos ou seus opostos completos.

² Linhagem de Agamemnon e Menelau; em última instância, de Zeus.


“Findou a descrição fiel, triste de ouvir

(se pode haver tristezas apenas em palavras)

mas o desastre foi muito triste.”


CLITEMNESTRA

Há um poder estranho na maternidade!…

As mães jamais conseguem odiar os filhos,

nem quando maltratadas pelos mais perversos!…”


ELECTRA

Mas morrer assim,

arrastado por corcéis desenfreados,

emaranhado nas rédeas retesadas?

CORO

Descomunal desgraça!”


“Em que nos aproveitará morrer agora

se só depois de mortas nos aplaudirão?

Pior que a morte é desejar fugir do mundo,

da vida insuportável, e ter de viver!

Imploro, irmã, antes que seja exterminada

a nossa raça inteira: não odeies tanto!”


“Que lástima falar tão bem e agir tão mal!…”


ORESTES

Se te comove a sina do coitado Orestes,

encontrarás os restos dele nesta urna.”


ELECTRA

Quão diferente das sentidas esperanças

com que te vi partir regressas nesta urna!

Que recebo nas mãos neste momento? Nada!

E quando foste, irmão, estavas tão formoso…

Ah! Quem me dera ter morrido antes de ver-te

seguir para remotas regiões… Livrei-te

com estas minhas mãos e te salvei da morte;

mas para quê? Naquele dia morrerias

e jazerias no sepulcro de teu pai!

Quis o destino que, longe do lar, da pátria,

longe de mim, morresses desgraçadamente!

E minhas mãos não compuseram teu cadáver,

nem recolheram piedosas tuas cinzas;

trazido por estranhas mãos, vens reduzido

a um punhado de cinzas e nada mais!

Ah! Infeliz de mim por meus cuidados vãos,

motivos de freqüentes e doces fadigas!

Jamais a tua mãe te amou como eu amei

e com desvelo igual ninguém cuidou de ti;

(chamavas-me de irmã querida tantas vezes!…)

Levaste quando foste as nossas esperanças;

meu pai morreu; morreste, irmão; morro contigo!

Mas os inimigos riem! Aquela mãe,

que nada tem de mãe, quase perdeu o senso,

tão satisfeita está com tua morte, Orestes!

E pretendias castigá-la em teu regresso!…

Mas esse trágico destino teu e meu

destruiu tudo e chegam-me de volta agora

apenas estas cinzas e desilusões

em vez de tua esperadíssima presença!…”


“Orestes! Leva-me depressa desta vida,

a mim, que nada sou, para teu nada,

onde possa ficar contigo para sempre!

Enquanto vivos, foi igual a nossa sorte;

compartilhemos hoje a mesma sepultura

pois só depois da morte cessa o sofrimento!”


ORESTES

Porque somente a mim me tocam tuas mágoas.

ELECTRA

Serás alguém de nossa raça, porventura?

ORESTES (apontando as mulheres do Coro)

Responderia, se elas fossem gente amiga.

ELECTRA

Mas são amigas, sim, todas devotadas!

ORESTES

Responderei, então, mas põe de lado a urna.

ELECTRA (apertando a urna contra o peito)

Não! Pelos deuses, forasteiro! Isso não!

ORESTES

Confia em mim, senhora, e tudo andará bem.

ELECTRA

Peço-te! Não me separes do que mais quero!…

ORESTES

Não deves insistir em tê-la junto a ti.

ELECTRA (dirigindo-se à urna)

Serei ainda mais desventurada, Orestes,

se não me permitirem sepultar-te as cinzas!

ORESTES

Evita maus agouros e não chores mais!

ELECTRA

Devo cessar de lamentar meu irmão morto?

ORESTES

Não uses tais palavras a respeito dele!

ELECTRA

Julgas-me então indigna de falar do morto?

ORESTES

Indigna de ninguém! Mas isto não é nada!

ELECTRA

É muito, se contém as cinzas de um irmão!

ORESTES

Mas não contém; foi tudo puro fingimento!

(Orestes tira gentilmente a urna das mãos de Electra.)

ELECTRA

E o túmulo de Orestes, infeliz, onde é?

ORESTES

Em parte alguma, pois os vivos não tem túmulo!

ELECTRA

Que dizes, menino?

ORESTES

Estou falando a verdade.

ELECTRA

Então ele vive?

ORESTES

Não te pareço vivo?

ELECTRA

És ele?

ORESTES

Sou. Observa bem este sinete,

outrora de meu pai, e dize se não sou!

ELECTRA

Bendito dia!

ORESTES

Mais ainda para mim!

ELECTRA

É esta a tua voz?

ORESTES

Só esta escutarás.

ELECTRA (abraçando Orestes)

Tenho-te nos braços?

ORESTES

E terás para sempre!”


“Não! Por Ártemis sempre virgem!

Não podemos ter receios

de mulheres indolentes,

sempre encerradas em casa,

um peso inútil no chão!”


ELECTRA

Mas como trocar a voz pelo silêncio,

se voltaste?

Como calar agora que te vejo,

quando já nem pensava, nem esperava?

ORESTES

Já me tens; só agora os deuses permitiram?”


“Ouvi uma voz, amigas,

que julgava calada para sempre;

como conter em silêncio tantas emoções

sem gritar minha alegria;

sofri demais

mas hoje tenho-te comigo!

Sinto a claridade

de tua presença querida

que sempre guardei na memória

mesmo no máximo desespero.”


“Não devo estar alegre se num mesmo dia

primeiro regressaste morto e depois vivo?

Tanta perplexidade tudo isso causa

que se visse voltar meu pai ressuscitado

não descreria nem assim de meus sentidos:

tua vinda não foi menos milagrosa.”


“Agora ponde fim a essas longas falas,

aos repetidos gritos de contentamento,

e entrai”


“as coisas do passado

são tantas que seguidos dias, muitas noites

consumirei para contá-las todas.”


CORO

Vede a morte avançando fatal

e sedenta de sangue!

Acabam de transpor as portas desta casa

as Fúrias, caminhantes lentas,

perseguidoras certas da sobra culpa.

Tornar-se-á realidade logo

a nítida visão latente em meu espírito.

O núncio das soturnas potestades

insinuou-se no antiquíssimo palácio de

de seus antepassados

com a morte cortante nas mãos!

Hermes, o filho de Maia,

dissimulou nas sombras a cilada

e mostra o rumo;

aproxima-se o fim!”


CLITEMNESTRA

Meu filho! Meu filho! Matas quem te deu vida?”


“CLITEMNESTRA

Estou ferida!…

ELECTRA

Fere mais, Orestes! Fere!

CLITEMNESTRA

Ai! É a morte!…

ELECTRA

Assim pereça o teu Egisto!

CORO

As maldições estão agindo!

Os enterrados vivem!

O sangue corre pelo sangue derramado,

sugado dos verdugos pelas vítimas!”


“EGISTO

É muito tarde!… Decifrei o enigma!

ORESTES

A solução demorou; não és bom profeta…”


“Se um mortal é envolvido

na trama do destino, que proveito há

em conservar a vida, por mais um momento?

Não! Deves matá-lo já! E atira o cadáver

distante de meus olhos, bem longe aos abutres,

coveiros dos malvados dessa qualidade!

Assim há de pagar os males que me fez!”


“CORO

Bravos filhos de Agamemnon!

Quantos males suportastes

por amor da liberdade!”

A TRILOGIA TEBANA

Édipo Rei – Édipo em Colono – Antígona

Sófocles

Trad. direta do grego de Mário da Gama Kury

ÉDIPO REI

Tebas, de fato, como podes ver tu mesmo,

hoje se encontra totalmente transtornada

e nem consegue erguer do abismo ingente de ondas

sanguinolentas a desalentada fronte;

ela se extingue nos germes antes fecundos

da terra, morre nos rebanhos antes múltiplos

e nos abortos das mulheres, tudo estéril.

A divindade portadora do flagelo

da febre flamejante¹ ataca esta cidade;

é a pavorosa peste que dizima a gente

e a terra de Cadmo antigo, e o Hades lúgubre

transborda de nossos gemidos e soluços.

¹ Ares”


Jamais pensemos nós que sob o reino teu

fomos primeiro salvos e depois perdidos!

Não! Salva Tebas hoje para todo o sempre!

Com bons augúrios deste-nos, na vez primeira,

ventura até há pouco tempo desfrutada.

Mostra-te agora igual ao Édipo de outrora!

Se tens de ser o governante desta terra,

que é tua, é preferível ser senhor de homens

que de um deserto; nem as naus, nem baluartes

são coisa alguma se vazios, sem ninguém.”


Meu pensamento errou por rumos tortuosos.

Veio-me à mente apenas uma solução,

que logo pus em prática: mandei Creonte,

filho de Meneceu, irmão de minha esposa,

ao santuário pítico do augusto Febo¹

para indagar do deus o que me cumpre agora

fazer para salvar de novo esta cidade.

E quando conto os muitos dias transcorridos

desde a partida dele, sinto-me inquieto

com essa demora estranha, demasiado longa.

¹ Nome antigo de Delfos, cidade em que ficava o famoso templo e oráculo de Apolo, Pito. Febo era um dos epítetos de Apolo (Phoibos = luminoso).”


Onde os culpados estarão? Onde acharemos

algum vestígio desse crime muito antigo?”


Tebas perece com seus habitantes

e sem cuidados, sem serem chorados,

ficam no chão, aos montes, os cadáveres,

expostos, provocando novas mortes.

Esposas, mães com seus cabelos brancos,

choram junto aos altares, nos degraus

onde gemendo imploram compungidas

o fim de tão amargas provações.”


ordeno a quem souber aqui quem matou Laio,

filho de Lábdaco, que me revele tudo;

ainda que receie represálias, fale!

Quem se denunciar não deverá ter medo;

não correrá outro perigo além do exílio;

a vida lhe será poupada. Se alguém sabe

que o matador não é tebano, é de outras terras,

conte-me logo, pois à minha gratidão

virá juntar-se generosa recompensa.

Mas se ao contrário, cidadãos, nada disserdes

e se qualquer de vós quiser inocentar-se

por medo ou para proteger algum amigo

da imputação de assassinato, eis minhas ordens:

proíbo terminantemente aos habitantes

deste país onde detenho o mando e o trono

que acolham o assassino, sem levar em conta

o seu prestígio, ou lhe dirijam a palavra

ou lhe permitam irmanar-se às suas preces

ou sacrifícios e homenagens aos bons deuses

ou que partilhem com tal homem a água sacra!”


O criminoso ignoto, seja ele um só

ou acumpliciado, peço agora aos deuses

que viva na desgraça e miseravelmente!

E se ele convive comigo sem que eu saiba,

invoco para mim também os mesmos males

que minhas maldições acabam de atrair

inapelavelmente para o celerado!”


Considerando que hoje tenho em minhas mãos

o mando anteriormente atribuído a Laio

e que são hoje meus seu leito e a mulher

que deveria ter-lhe propiciado filhos,

e finalmente que se suas esperanças

por desventura não houvessem sido vãs,

crianças concebidas por uma só mãe

teriam estreitado laços entre nós

(mas a desgraça lhe caiu sobre a cabeça),

por todos esses ponderáveis fundamentos

hei de lutar por ele como por meu pai¹

e tomarei as providências necessárias

à descoberta do assassino do labdácida,²

progênie do rei Polidoro, descendente

de Cadmo e Agenor, os grandes reis de antanho.³

¹ [Uma das múltiplas referências tragicamente irônicas cunhadas por Sófocles ao longo da peça. Veremos que a “insídia” não desaparece na tradução, em muitos desses momentos, o que beira o cômico e o devasso.]

² Laio e qualquer um de sua progênie, já que o avô biológico de Édipo se chama Lábdaco.

³ Reis ancestrais de Tebas.”


a ação mais nobre de um homem é ser útil aos seus semelhantes até o limite máximo de suas forças.”


TIRÉSIAS

Pobre de mim! Como é terrível a sapiência

quando quem sabe não consegue aproveitá-la!”


TIRÉSIAS

O que tiver de vir virá, embora eu cale.

ÉDIPO

Mas tens de revelar-me agora o que há de vir!”

TIRÉSIAS

Sou livre; trago em mim a impávida verdade!

ÉDIPO

De quem a recebeste? Foi de tua arte?”


Apenas quero declarar que, sem saber,

manténs as relações mais torpes e sacrílegas

com a criatura que devias venerar,

alheio à sordidez de tua própria vida!”


Tua existência é uma noite interminável.

Jamais conseguirás fazer-me mal, Tirésias

nem aos demais que podem contemplar a luz!”


Pois dize! Quando foste um vate fidedigno?

Por que silenciaste diante dos tebanos

ansiosos por palavras esclarecedoras

na época em que a Esfinge lhes propunha enigmas?¹

E não seria de esperar que um forasteiro

viesse interpretar os versos tenebrosos;

o dom profético te credenciaria,

mas não o possuías, como todos viram,

nem por inspiração das aves, nem dos deuses.

Pois eu cheguei, sem nada conhecer, eu, Édipo,²

e impus silêncio à Esfinge; veio a solução

de minha mente e não das aves agoureiras.

E tentas derrubar-me, exatamente a mim,

na ânsia de chegar ao trono com Creonte!

Creio que a purificação desta cidade

há de custar-vos caro, a ti e ao teu comparsa!

¹ <A cadela lhes dizia versos>, no original.

² Ironicamente, Édipo faz alusão inconsciente ao fato de que ignorava, até aqui, sua verdadeira origem.”


Pois ouve: os olhos teus são bons e todavia

não vês os males todos que te envolvem,

nem onde moras, nem com que mulher te deitas.

Sabes de quem nasceste? És odioso aos teus,

aos mortos como aos vivos, e o açoite duplo

da maldição de tua mãe e de teu pai

há de expulsar-te um dia em vergonhosa fuga

de nossa terra, a ti, que agora tudo vês

mas brevemente enxergarás somente sombras!

E todos os lugares hão de ouvir bem cedo

os teus lamentos; logo o Citéron inteiro¹

responderá aos teus gemidos dolorosos

quando afinal compreenderes em que núpcias

vivias dentro desta casa, onde encontraste

após viagem tão feliz um porto horrível.

Também ignoras muitas outras desventuras

que te reduzirão a justas proporções

e te farão igual aos filhos que geraste.

Sentir-te-ás um dia tão aniquilado

como jamais homem algum foi neste mundo!

¹ Citerão: Montanhas no centro da Grécia, que serviam de divisa entre Atenas e Tebas.”


Consideras-me louco mas para teus pais,

que te puseram neste mundo, fui sensato.”


TIRÉSIAS

Verás num mesmo dia teu princípio e fim.

ÉDIPO

Falaste vagamente e recorrendo a enigmas.

TIRÉSIAS

Não és tão hábil para decifrar enigmas?

ÉDIPO

Insultas-me no que me fez mais venturoso.

TIRÉSIAS

Dessa ventura te há de vir a perdição.”


ele, que agora vê demais, ficará cego;

ele, que agora é rico, pedirá esmolas

e arrastará seus passos em terras de exílio,

tateando o chão à sua frente com um bordão.

Dentro de pouco tempo saberão que ele

ao mesmo tempo é irmão e pai dos muitos filhos

com quem vive, filho e consorte da mulher

de quem nasceu; e que ele fecundou a esposa

do próprio pai depois de havê-lo assassinado!”


A ordem dos pecados não altera o infortúnio.


CORO

(…)

Seguindo a trilha adversa que o isola

dos homens o infeliz tenta escapar

aos rígidos oráculos oriundos

do âmago da terra,¹ mas em vão:

eles, eternamente vivos, cercam-no.

Terríveis, sim, terríveis são as dúvidas

que o adivinho pôs em minha mente;

não creio, não descreio, estou atônito.

Adeja o meu espírito indeciso,

perplexo entre o passado e o presente.

(…)

Apolo e Zeus têm olhos para tudo.

Eles conhecem as ações dos homens

mas um mortal, um simples adivinho,

não pode convencer-me; é inaceitável,

embora no saber um homem possa

ultrapassar os outros muitas vezes.

Jamais, antes de ver ratificada

a fala do adivinho, darei crédito

à acusação lançada contra Édipo;

sim, foi aos olhos dos tebanos todos

que outrora a Esfinge veio contra ele

e todos viram que Édipo era sábio

e houve razões para que fosse amado

por nosso povo. Diante desses fatos

jamais o acusarei de qualquer crime.

¹ Centro do mundo”


CORIFEU

Talvez aquela injúria tenha tido origem

mais no arrebatamento que na reflexão.”


ÉDIPO

És hábil em palavras; sinto-me inclinado

a ouvir-te, embora sejas inimigo pérfido.”


CREONTE

(…)

crês que jamais homem algum preferiria

o trono e seus perigos a tranqüilo sono

tendo poder idêntico sem arriscar-se?

Pois quanto a mim ambiciono muito menos

a condição de rei que o mando nela implícito;

pensam assim todos os homens comedidos

em seus desejos. Sem me expor, obtenho agora

tudo de ti; ou não? Porém se eu fosse rei

teria de ceder a muitas injunções.

Por que motivo, então, me tentaria o trono

mais que essa onipotência livre de percalços?

Não sou ainda cego, a ponto de almejar

mais que a influência e o proveito conseqüente.

Já sou por todos festejado, já me acolhem

todos solícitos, e todos que precisam

de ti primeiro me procuram; todos eles

conseguem tudo por interferência minha.

Como haveria eu, então, de desprezar

o que já tenho para obter o que insinuas?

Seria tolo esse procedimento pérfido.”


desprezar um amigo fidedigno, em minha opinião é o mesmo que menosprezar a própria vida, o bem mais precioso.”


só com o tempo se revela o homem justo; mas basta um dia para descobrir o pérfido.”


CREONTE

E que pretendes? Exilar-me desta terra?

ÉDIPO

Desejo a tua morte, e não o teu exílio.

CREONTE

Serias justo se provasses minha culpa.

ÉDIPO

Comportas-te como se não devesses nunca

ceder e obedecer ao detentor do mando.

CREONTE

A retidão faz falta em tuas decisões.

(…)

ÉDIPO

Mas deves-me da mesma forma obediência!

CREONTE

Se mandas mal, não devo.”


Vejo que cedes contrafeito

mas te censurarás mais tarde,

quando essa cólera passar.

Temperamentos como o teu

atraem sempre sofrimentos.”


Seu porta-voz foi um malévolo adivinho;

de sua própria boca nada nós ouvimos.”


(…) Não direi que Febo,

mas um de seus intérpretes, há muito tempo

comunicou a Laio, por meio de oráculos,

que um filho meu e dele o assassinaria;

pois apesar desses oráculos notórios

todos afirmam que assaltantes de outras terras

mataram Laio há anos numa encruzilhada.

Vivia nosso filho seu terceiro dia

quando rei Laio lhe amarrou os tornozelos

e o pôs em mãos de estranhos, que o lançaram logo

em precipícios da montanha inacessível.

Naquele tempo Apolo não realizou

as predições: o filho único de Laio

não se tornou o matador do próprio pai;

não se concretizaram as apreensões do rei

que tanto receava terminar seus dias

golpeado pelo ser que lhe devia a vida.

Falharam os oráculos; o próprio deus

evidencia seus desígnios quando quer,

sem recorrer a intérpretes, somente ele.


Meu pai é Pôlibo, coríntio, minha mãe,

Mérope, dórica.¹ Todos consideravam-me

o cidadão mais importante de Corinto.

Verificou-se um dia um fato inesperado,

motivo de surpresa enorme para mim

embora no momento não me preocupasse,

dadas as circunstâncias e os participantes.

Foi numa festa; um homem que bebeu demais

embriagou-se e logo, sem qualquer motivo,

pôs-se a insultar-me e me lançou o vitupério

de ser filho adotivo. Depois revoltei-me;

a custo me contive até findar o dia.

¹ Pais apenas adotivos, como veremos.”


Sem o conhecimento de meus pais, um dia

fui ao oráculo de Delfos mas Apolo

não se dignou de desfazer as minhas dúvidas;

anunciou-me claramente, todavia,

maiores infortúnios, trágicos, terríveis;

eu me uniria um dia à minha própria mãe

e mostraria aos homens descendência impura

depois de assassinar o pai que me deu vida.

Diante dessas predições deixei Corinto

guiando-me pelas estrelas, à procura

de pouso bem distante, onde me exilaria

e onde jamais se tornariam realidade

– assim pensava eu – aquelas sordidezas

prognosticadas pelo oráculo funesto.

Cheguei um dia em minha marcha ao tal lugar

onde, segundo dizes, o rei pereceu.

E a ti, mulher, direi toda a verdade agora.

Seguia despreocupado a minha rota;

quando me aproximei da encruzilhada tríplice

vi um arauto à frente de um vistoso carro

correndo em minha direção, em rumo inverso;

no carro viajava um homem já maduro

com a compleição do que me descreveste há pouco.

O arauto e o próprio passageiro me empurraram

com violência para fora do caminho.

Eu, encolerizado, devolvi o golpe

do arauto; o passageiro, ao ver-me reagir

aproveitou o momento em que me aproximei

do carro e me atingiu com um dúplice aguilhão,

de cima para baixo, em cheio na cabeça.

Como era de esperar, custou-lhe caro o feito:

no mesmo instante, valendo-me de meu bordão

com esta minha mão feri-o gravemente.

Pendendo para o outro lado, ele caiu.

E creio que também matei seus guardas todos.

Se o viajante morto era de fato Laio,

quem é mais infeliz que eu neste momento?

(…)

E o que é pior, fui eu, não foi outro qualquer,

quem pronunciou as maldições contra mim mesmo.

Também maculo a esposa do finado rei

ao estreitá-la nestes braços que o mataram!

Não sou um miserável monstro de impureza?

E terei de exilar-me e em minha vida errante

não poderei jamais voltar a ver os meus

nem pôr de novo os pés no chão de minha pátria,

pois se o fizesse os fados me compeliriam

a unir-me à minha mãe e matar o rei Pôlibo,

meu pai, a quem eu devo a vida e tudo mais!”


CORO

(…)

Não mais irei ao centro sacrossanto

do mundo¹ reverenciar Apolo,

nem ao muito falado templo de Abas,²

nem ao de Olímpia,³ se essas predições,

não forem confirmadas pelos fatos,

de tal forma que se possa citá-las

como um exemplo para os homens todos.

Deus todo-poderoso, se mereces

teu santo nome, soberano Zeus,

demonstra que em tua glória imortal

não és indiferente a tudo isso!

Desprezam os oráculos ditados

a Laio, como se nada valessem;

Apolo agora não é adorado

com o esplendor antigo em parte alguma;

a reverência aos deuses já se extingue.

¹ Umbigo do mundo

² Outro templo com oráculo nas proximidades

³ Terceiro templo divinatório, desta vez representando o próprio Zeus, sem intermediários.”


CORIFEU

Vês o palácio dele; o rei está lá dentro;

à tua frente está sua mulher e mãe…¹

dos filhos dele. Eis a resposta, forasteiro.

¹ Se a frase terminasse aí, o conteúdo teria sido dito antes da hora.”


MENSAGEIRO

Os habitantes todos de Corinto querem

fazer de Édipo seu rei, segundo afirmam.

JOCASTA

O quê? Já não detém o mando o velho Pôlibo?

MENSAGEIRO

Não mais; a morte acaba de levá-lo ao túmulo.

JOCASTA

Estou ouvindo bem? Rei Pôlibo morreu?

MENSAGEIRO

Quero também morrer se não digo a verdade!”


Por quê, mulher, devemos dar tanta atenção

ao fogo divinal da profetisa pítica

ou, mais ainda, aos pios das etéreas aves?¹

Segundo antigas predições eu deveria

matar meu próprio pai; agora ele repousa

debaixo da pesada terra e quanto a mim

não pus as mãos ultimamente em qualquer arma.

Ironicamente.

(Ele foi vítima, talvez, da grande mágoa

que minha ausência lhe causou; somente assim

eu poderia motivar a sua morte …)

De qualquer forma Pôlibo pertence agora

ao reino de Hades e também levou com ele

as tristes profecias. Não, esses oráculos

carecem todos de qualquer significado.

¹ Revelação dos pássaros: o vôo e o canto dos pássaros eram sinais a que os adivinhos recorriam para seus vaticínios.”


O medo em tempo algum é proveitoso ao homem.

O acaso cego é seu senhor inevitável

e ele não tem sequer pressentimento claro

de coisa alguma; é mais sensato abandonarmo-nos

até onde podemos à fortuna instável.

Não deve amedrontrar-te, então, o pensamento

dessa união com tua mãe; muitos mortais

em sonhos já subiram ao leito materno.

Vive melhor quem não se prende a tais receios.”


MENSAGEIRO

Desamarrei teus tornozelos traspassados…

ÉDIPO

Segue-me esse defeito horrível desde a infância.

MENSAGEIRO

Teu próprio nome te relembra esse infortúnio.¹

¹ O nome do herói significaria <pés inchados>.”


ÉDIPO

Mesmo se for provado que sou descendente

de tripla geração de escravos, nem por isso,

mulher, irás sofrer qualquer humilhação.

JOCASTA

Nada me importa! Escuta-me! Por favor: pára!

ÉDIPO

Malgrado teu, decifrarei esse mistério.

JOCASTA

Move-me apenas, Édipo, teu interesse,

e dou-te o mais conveniente dos conselhos!

ÉDIPO

Admito, mas esse conselho me desgosta.

JOCASTA

Ah! Infeliz! Nunca, jamais saibas quem és!”


Fusão do torna-te quem tu és com o conhece-te a ti mesmo.


Irrompa o que tiver de vir, mas minha origem,

humilde como for, insisto em conhecê-la!

Ela, vaidosa como são sempre as mulheres,

talvez tenha vergonha de minha ascendência

obscura, mas eu sinto orgulho de ser filho

da Sorte benfazeja e isso não me ofende.

Eis minha mãe; nesta existência já provei¹

o anonimato e agora vivo em culminâncias.

Eis minha origem, nada poderá mudá-la.

Não há razões para deixar de esclarecê-la.

¹ Édipo quisera dizer que era filho da Sorte, mas acaba também dizendo, nas entrelinhas, que já provou o gosto da própria mãe na cama.”


Ai de mim! Ai de mim! As dúvidas desfazem-se!

Ah! Luz do sol. Queiram os deuses que esta seja

a derradeira vez que te contemplo! Hoje

tornou-se claro a todos que eu não poderia

nascer de quem nasci, nem viver com quem vivo

e, mais ainda, assassinei quem não devia!”


CORO

Lento e triste.

Vossa existência, frágeis mortais,

é aos meus olhos menos que nada.

Felicidade só conheceis

imaginada; vossa ilusão

logo é seguida pela desdita.

Com teu destino por paradigma,

desventurado, mísero Édipo,

julgo impossível que nesta vida

qualquer dos homens seja feliz!”


os sofrimentos são inda maiores quando autor e vítima são uma só pessoa.”


(…) Lamentava-se

no leito mesmo onde ela havia dado à luz

– dizia a infeliz – em dupla geração

aquele esposo tido de seu próprio esposo

e os outros filhos tidos de seu próprio filho!”


O sangue que descia em jatos de seus olhos

molhava toda a sua face, até a barba;

não eram simples gotas, mas uma torrente,

sanguinolenta chuva em jorros incessantes.”


Vereis um espetáculo que excitaria

piedade até num inimigo sem entranhas!”


Que divindade consumou agora

teu trágico destino inelutável,

prostrando-te com males que ultrapassam

a intensidade máxima da dor?”


Ah! Destino!… Em que negros abismos me lanças?”


CORIFEU

Terríveis atos praticaste! Como ousaste

cegar teus próprios olhos? Qual das divindades

deu-te coragem para ir a tais extremos?

ÉDIPO

Foi Apolo! Foi sim, meu amigo!

Foi Apolo o autor de meus males,

de meus males terríveis; foi ele!

Mas fui eu quem vazou os meus olhos.

Mais ninguém. Fui eu mesmo, o infeliz!

Para que serviriam meus olhos

quando nada me resta de bom

para ver? Para que serviriam?”


Se eu tivesse morrido mais cedo

não seria o motivo odioso

de aflição para meus companheiros

e também para mim nesta hora!”


(…) Como encararia

meu pai no outro mundo, ou minha mãe, infeliz,

depois de contra ambos perpetrar tais crimes

que nem se me enforcassem eu os pagaria?

Teria eu algum prazer vendo o semblante

dos pobres filhos meus, nascidos como foram?

Não, certamente já não poderia vê-los,

nem a minha cidade, nem seus baluartes,

nem as imagens sacrossantas de seus deuses,

eu, o mais infeliz entre os desventurados!

Após haver vivido em Tebas a existência

mais gloriosa e bela eu mesmo me proibi

de continuar a usufruí-la ao ordenar

que todos repelissem o maldito ser,

impuro para os deuses, da raça de Laio.

Depois de ter conhecimento dessa mácula

que pesa sobre mim, eu poderia ver

meu povo sem baixar os olhos? Não! E mais:

se houvesse ainda um meio de impedir os sons

de me chegarem aos ouvidos eu teria

privado meu sofrido corpo da audição

a fim de nada mais ouvir e nada ver,

pois é um alívio ter o espírito insensível

à causa de tão grandes males, meus amigos.”


matai-me ou atirai-me ao mar em um lugar

onde jamais seja possível encontrar-me!

Aproximai-vos e não tenhais nojo, amigos,

de pôr as vossas mãos em mim, um miserável.

Crede-me! Nada receeis! Meu infortúnio

é tanto que somente eu, e mais ninguém,

serei capaz de suportá-lo nesta vida!”


CREONTE

(…)

Mas vós, homens de Tebas, se não respeitais

as gerações dos homens, reverenciai

ao menos esta luz do sol, nutriz de tudo.”


Jamais permitas, quanto a mim, que eu inda habite

a terra de meus ancestrais; deixa-me antes

viver lá nas montanhas, lá no Citéron,

a pátria triste que meus pais me destinaram

para imutável túmulo quando nasci;

assim eu morrerei onde eles desejaram.

Há uma coisa, aliás, que tenho como certa:

não chegarei ao fim da vida por doença

nem males semelhantes, pois se me salvei

da morte foi para desgraças horrorosas.

Mas siga então seu curso meu destino trágico,

qualquer que seja ele. Quanto aos filhos meus

varões, não devem preocupar-te, pois são homens;

onde estiverem não carecerão jamais

de nada para subsistir; mas minhas filhas

tão infelizes, dignas de tanta piedade,

que partilharam de minha abundante mesa,

e cujas mãos eu dirigi aos pratos próprios,

zela por elas, peço-te por tudo, e deixa-me

tocá-las uma vez ainda com estas mãos

e deplorar a sua desventura enorme!”


Entram ANTÍGONA e ISMENE, ainda crianças, trazidas por uma criada.”


Minhas crianças, onde estais? Vinde até mim!

Vinde até minhas mãos… fraternas. Foram elas

– estas mãos – que privaram meus olhos da luz,

olhos outrora brilhantes de vosso pai!

Eu nada via então, desconhecia tudo,

minhas pobres crianças, e vos engendrei

no ventre de onde eu mesmo antes saíra! Choro!

Choro por vós, pois já não posso contemplar-vos,

pensando nas inumeráveis amarguras

que ides suportar ao longo desta vida.

A que assembléias dos tebanos, a que festas

ireis sem regressar ao lar antes da hora,

chorando lágrimas sem conta? E quando houverdes

chegado à idade florescente do himeneu,

quem, minhas filhas, quem terá a ousadia

de carregar convosco todas as torpezas

que serão sempre a maldição de minha raça

e da que nascerá de vós? Que falta agora

à vossa desventura? Vosso pai matou

seu próprio pai e desposou a própria mãe,

de quem ele nasceu, e vos gerou depois

nas entranhas onde há mais tempo foi gerado!

Eis as injúrias que sempre tereis de ouvir!

E quem vos há de desposar? Quem, minhas filhas?

Ninguém! Ninguém, crianças, e definhareis

estéreis e na solidão! (…)”


Tudo é bom quando é feito na hora oportuna.”


CORIFEU

Vede bem, habitantes de Tebas, meus concidadãos!

Este é Édipo, decifrador dos enigmas famosos;

ele foi um senhor poderoso e por certo o invejastes

em seus dias passados de prosperidade invulgar.

Em que abismos de imensa desdita ele agora caiu!

Sendo assim, até o dia fatal de cerrarmos os olhos

não devemos dizer que um mortal foi feliz de verdade

antes dele cruzar as fronteiras da vida inconstante

sem jamais ter provado o sabor de qualquer sofrimento!

FIM”


Notas (quando não-incluídas nos fragmentos acima):

Cadmo: fundador de Tebas, cidade principal da Beócia, região do sudeste da Grécia.”

Diante da situação calamitosa criada pelos enigmas da Esfinge, Creonte, que em conseqüência da morte de Laio detinha o poder em Tebas, teria prometido o trono e sua irmã Jocasta (viúva de Laio) em casamento a quem livrasse a região do monstro, decifrando-lhe os enigmas.”

Embora o deus dos oráculos fosse Apolo, atribuía-se a Zeus, o deus maior da mitologia grega, a inspiração, em última instância, da comunicação entre os deuses e os mortais.”

Leito imenso de Anfitrite: o atual Oceano Atlântico”


ÉDIPO EM COLONO

O chão que pisas é chamado umbral de bronze

destas paragens, sustentáculo de Atenas.

Os campos próximos pretendem que Colono,

o deus eqüestre cuja estátua vês ali,

foi seu primeiro dono, e todos nós daqui

usamos juntos o nome tirado dele.

São coisas, estrangeiro, que não mereceram

entrar na história; vem-se aqui para aprendê-las.” 


(…) Prosseguindo,

o deus me descreveu sinais reveladores

dos eventos futuros, como terremotos,

relâmpagos vindos de Zeus, talvez trovões.

Percebo agora que em minha longa jornada

me conduziu seguramente a este bosque

uma premonição qualquer que me mandastes;

se assim não fosse, jamais nos encontraríamos,

vós, a quem não é lícito ofertar o vinho,

e eu, que não o tenho para oferecer-vos;

sem vós jamais me sentaria nesta pedra

santificada que nunca ninguém talhou.

Então, deusas, de acordo com as ordens de Apolo

dai-me afinal um meio de findar a vida,

se não me achais indigno dessa vossa graça,

eu, escravo para sempre das desditas

mais lamentáveis reservadas aos mortais!

Ouvi-me, doces filhas das primevas Sombras!”


enxergo graças às vozes, como diz certo provérbio.”


CORO

Ah! Esses olhos!… Já nasceste cego?

Viveste muito, é obvio; tua vida

foi dura, mas se depender de mim

não a sobrecarregarás ainda

com novas desventuras, ancião.

Foste longe, longe demais! Evita,

andando sobre a relva deste bosque

mudo, chegar inadvertidamente

até a grande taça cuja água

é misturada ao mel nas libações!

Cuidado, estrangeiro infeliz! Afasta-te

daí! Há entre nós um amplo espaço.

Estás me ouvindo, andarilho inditoso?

Se tens algo a dizer-nos em conversa,

afasta-te do sítio proibido;

quando estiveres em lugar aberto

a todos, fala! Até então, cuidado!”


CORO

O destino jamais puniu alguém

por castigar o seu provocador;

o embuste que recebe a sua réplica

em outros embustes traz decepções

ao seu autor, e não sucesso; ergue-te,

parte, afasta-te de minha cidade!

Não sejas causa de males maiores!”


ÉDIPO

Que bem, então, resulta da reputação

e glória, se tudo termina em vãs palavras?

Disseram-nos que Atenas era uma cidade

temente aos deuses mais que todas, a única

pronta a salvar um forasteiro ameaçado,

a única também capaz de protegê-lo.

Onde estará agora esta disposição

quando se trata de mim, se pouco depois

de me haverdes persuadido a abandonar

o assento me expulsais assim, apavorados

apenas por ouvir meu nome? Não agistes

por causa de minha pessoa e de meus atos.

Se eu pudesse falar agora de meu pai

e minha mãe, perceberíeis que meus atos

foram de fato muito mais sofridos

que cometidos, e apenas por causa deles

me escorraçais agora cheios de terror

para longe de vós (sei disso muito bem).

Seria eu, então, um criminoso nato,

eu, que somente reagi a uma ofensa?

Ainda que tivesse agido a sangue-frio

não poderíeis chamar-me de criminoso.

Mas, no meu caso, cheguei até onde fui

sem perceber; meus agressores, ao contrário,

queriam destruir-me conscientemente.

Logo, estrangeiros, suplico-vos pelos deuses:

já que me compelistes a deixar o assento,

valei-me, e se de fato venerais os deuses,

não vos priveis daquilo a que eles têm direito;

considerai, antes de agir, que se eles olham

para as pessoas piedosas, também vêem

as ímpias, e como sabemos muito bem,

mais de um mortal sacrilégio ficou impune.

Iluminados pelos deuses, evitai

obscurecer a fama brilhante de Atenas,

compactuando com procedimentos ímpios.

Fui acolhido por vós como um suplicante;

fizestes-me promessas; defendei-me, então,

auxiliai-me e não me deixeis só porque

minha aparência horrível vos afeta os olhos.

Chego como homem predestinado e devoto,

trazendo bênçãos para os cidadãos daqui.

Quando vosso senhor – o rei – aparecer,

falar-lhe-ei e ficareis a par de tudo.

Antes, não vos equipareis a criminosos.”


A caminhada é longa, mas as novidades dos viajantes vencem todas as distâncias.”


ÉDIPO

Por sua índole e seu modo de portar-se

vivem os dois como se estivessem no Egito,

onde os maridos ficam sentados em casa,

tecendo, enquanto as mulheres vão para a rua

na luta para conseguir os alimentos.

Convosco, minhas filhas, acontece o mesmo:

enquanto aqueles que deviam trabalhar

ocupam-se de questiúnculas domésticas

como se fossem moças, vós, em seu lugar,

tratais sem trégua dos males de vosso pai.

Uma, ainda criança, sentindo seus membros

mais firmes, decidiu guiar um ancião

em suas longas caminhadas, sempre errante,

descalça, percorrendo os bosques perigosos,

faminta, atormentada repetidamente

pelas águas das chuvas, pelo sol ardente,

já esquecida do conforto de seu lar,

cuidando apenas de dar alimento ao pai.

E tu, Ismene, vieste em dias passados,

sem que os cadmeus soubessem, trazer ao teu pai

todas as manifestações o[ra]culares

pertinentes a mim; tornaste-te além disso

fiel observadora em Tebas desde o dia

em que fui expulso de minha terra. Agora,

Ismene, que notícias tens para me dar

nesta nova missão que te afastou do lar?

Não vens por razões fúteis – disto estou seguro -;

deves trazer-me novidades alarmantes.”


Estou aqui para informar-te das desditas

que afligem teus desventurados filhos.

Antes quiseram fazer de Creonte o rei,

na expectativa de livrar sua cidade

da mácula, mas veio-lhes depois à mente

a tara antiga que segue a raça maldita.

Agora, pobre pai, por causa de algum deus

e de desígnios criminosos teus dois filhos

três vezes arrogantes estão separados

por uma desavença súbita e funesta:

cada um deles tenta obter de qualquer modo

o cetro e o poder real para si mesmo.

O mais novo; menos dotado de direito

pela idade, privou do trono o primogênito,

Polinices, e o expulsou de sua pátria.

Este, se acreditarmos em fortes rumores,

foi para Argos rodeada de colinas,

e lá, como exilado, conseguiu formar

uma aliança nova graças aos amigos,

que lhe proporcionará muitos soldados;

ele imagina que dentro de pouco tempo

Argos conquistará gloriosamente Tebas

ou esta será celebrada até nos céus.

Não se trata somente de palavras, pai,

mas de fatos terríveis. Não sei, entretanto,

quando os deuses enfim terão pena de ti

levando em consideração teus sofrimentos.”


ÉDIPO

Hoje, que nada sou, volto então a ser homem?

ISMENE

Agora exaltam-te os deuses que te puniram.”


(…) naquele dia infausto, no momento

em que minha alma ainda fervia e certamente

teria sido mais suave para mim

morrer apedrejado, ninguém avançou

para ajudar-me, a mim, que só queria a morte.

Depois, quando amadureceu a minha dor

e percebi que a minha ira me levara

longe demais punindo-me por velhos erros,

Tebas baniu-me, dessa vez com violência

– muito mais tarde! – e meus dois filhos, que podiam

ter me ajudado – filhos ajudando o pai –

nada fizeram; então, por não terem dito

uma simples palavra, passei a viver

errante por terras estranhas (…)”


CORO

Sofreste!

ÉDIPO

Sim, males inolvidáveis!

CORO

Pecaste!

ÉDIPO

Não! Eu não pequei!

CORO

Mas, como?

ÉDIPO

Minha cidade ofereceu-me um prêmio

por meus serviços, que eu preferiria

em tempo algum ter recebido dela.”


De fato, a tua sina deve ser terrível,

e não lhe ficarei indiferente, eu que

cresci no exílio, um desterrado como tu,

e que arrisquei como ninguém a minha vida

lutando muitas vezes em terras estranhas.¹

Por isso, a nenhum forasteiro igual a ti

eu hoje poderia recusar ajuda.

Sei muito bem, ancião, que sou apenas homem

e que não me pertence o dia de amanhã,

da mesma forma que não és senhor do teu.

¹ Teseu, como Édipo, passou sua infância longe da pátria; somente ao chegar à adolescência soube, por intermédio de sua mãe, que era filho de Egeu e voltou a Atenas, depois de uma viagem acidentada durante a qual enfrentou e matou vários bandidos perigosos.”


TESEU

Falas apenas do final de tua vida;

esqueces-te do tempo que ainda te resta,

ou não dás o menor valor a todo ele?

ÉDIPO

Em minha opinião o fim abrange tudo.”


ÉDIPO

Aconteceu comigo que meus próprios filhos

me expulsaram da pátria, e como parricida

nunca, jamais poderei regressar a ela.

TESEU

Por que, então, te mandariam procurar

se desejassem que ficasses longe deles?

ÉDIPO

A voz dos próprios deuses¹ os compele a isso.

¹ Os oráculos”


ÉDIPO

Filho caríssimo de Egeu: somente os deuses

fogem aos males da velhice e aos da morte;

o tempo onipotente abate tudo mais;

decai a força da terra, decai o corpo;

a lealdade finda e floresce a perfídia

e tanto entre os amigos quanto entre as cidades

não prevalece para sempre o mesmo ânimo;

agora para uns, amanhã para outros,

cede a doçura seu lugar ao amargor

e depois volta a transformar-se em amizade.

Com Tebas acontece o mesmo. Atualmente

tudo está bem por lá em relação a ti,

porém durante a sucessão interminável

das noites e dos dias que o tempo infinito

vai produzindo, podem eclodir de súbito

lutas armadas capazes de destruir

as boas relações que hoje vos aproximam.

Assim, meu gélido cadáver em seu sono,

oculto sob a terra, um dia beberá

seu sangue quente, se Zeus ainda for Zeus

e se Apolo, filho de Zeus, diz a verdade.

Mas, já que não é agradável retomar

assuntos interditos, deixa-me parar

no ponto de partida. Apega-te somente

à tua lealdade e nunca poderás

queixar-te de que Édipo foi para ti

um simples habitante inútil desta terra

– se os deuses não quiseram apenas mentir.”


ÉDIPO

Se de teu lado prometes auxiliar-me.

TESEU

Confia quanto a mim; não te abandonarei.

ÉDIPO

Não quero sequer que jures, como um vilão.

TESEU

Por mim, jurar não valerá mais que falar.”


Infladas pela cólera as ameaças com freqüência se propagam como palavras vãs, mas logo que o espírito retoma o seu domínio elas desaparecem.”


Aqui o rouxinol, constante hóspede,

entoa sempre o canto harmonioso

no fundo destes vales muito verdes;

seu ninho é feito na hera sombria,

inviolável ramagem do deus,

compacta proteção ao mesmo tempo

contra o calor do sol e contra o vento

de todas as tempestades”


CREONTE

(…)

Deixa-te convencer, Édipo desditoso:

retorna a Tebas. O povo cadmeu unânime

te chama justamente, e mais que todos eu;

e isso é muito natural, pois só se eu fosse

a mais ignóbil de todas as criaturas

não me comoveria com tua desgraça,

vendo-te aqui na deplorável condição

de um estrangeiro permanentemente errante,

um mendigo amparado apenas pela filha

que nunca imaginei ver reduzida assim

a tais extremos de penúria – infortunada! -,

guiando-te e proporcionando-te alimento,

levando a vida de pedinte nessa idade,

sem conhecer o casamento é à mercê

em seu caminho de qualquer estuprador.

É lamentável este ultraje que te atinge,

e a mim também, e a toda a nossa nobre raça!

Mas, já que é de todo impossível disfarçar

essa evidência, livra-nos os olhos, Édipo,

desse espetáculo definitivamente!

Peço-te pelos deuses de teus ancestrais:

confia em mim, consente em regressar agora

à tua pátria, à casa que foi de teus pais,

dizendo adeus a esta terra acolhedora.

Ela é digna de ti, mas tua própria terra

tem mais direito à tua consideração,

pois em tempos passados ela te nutriu.”


(…) No passado,

quando, fora de mim por causa das desgraças

que sem querer eu mesmo me causei, ansiava

por me ver exilado, não te dispuseste

a conceder-me o benefício desejado;

contrariando-me reiteradamente,

logo que viste o fim de minhas aflições

e que já me agradava estar em minha casa,

então quiseste repelir-me e me expulsaste.

Não tinhas interesse algum naquela época

pelos laços de parentesco de que falas…

Agora, em face da acolhida generosa

que esta cidade e todos os seus habitantes

me dispensaram, tentas tirar-me daqui,

dissimulando tuas intenções brutais

com palavras cobertas de suavidade.

Mas, que prazer é este de amar as pessoas

contra a sua vontade? De certa maneira

é como se implorasses que te dessem algo,

mas nada conseguisses e não te ajudassem,

e só quando teu coração já estivesse

cansado de tanto querer e desistisses

alguém se dispusesse a te satisfazer,

pois a conquista já não seria conquista.

Não te pareceria vão esse prazer?

Estás me oferecendo exatamente isso:

bens em palavras, males na realidade.

Quero, entretanto, dirigir-me aos circunstantes

para mostrar-lhes quão grande é tua maldade.

Não vens buscar-me para me reconduzir

à minha casa, e sim para me abandonar

nas imediações das fronteiras de Tebas,

salvando assim tua cidade dos perigos

que lhe sobreviriam vindos desta terra.

Teu destino, entretanto, não é este; é ver

meu nume [gênio] vingador fixar-se para sempre

neste lugar, e o destino de meus dois filhos

é conseguir de minha terra o necessário

para morrerem. Dize, então: não são melhores

que as tuas próprias as minhas informações

a respeito de Tebas? Com certeza são,

e muito, pois saíram de bocas verazes,

de Febo e – quem sabe? – do próprio Zeus, seu pai.

E hoje chegas aqui, com a boca mentirosa

e com a língua afiada, mas tuas palavras

hão de trazer-te mais males que benefícios.”


Entras num território submisso à justiça,

onde nada se faz contrariando a lei,

e menosprezas os seus chefes e te atreves

a tirar dele à força aquilo que te apraz.

Ages como se achasses que minha cidade

fosse deserta de homens ou fosse habitada

apenas por escravos, e eu nada valesse.

Tebas não te criou para fazer o mal,

pois não costuma preparar seus cidadãos

para serem vilões. Sem dúvida, Creonte,

ela não te elogiaria se soubesse

que roubas os meus bens e até os bens dos deuses

tentando retirar daqui violentamente

esses seus suplicantes¹ tão desventurados.

Eu, ao contrário, não me atreveria nunca

a penetrar em tua terra, embora tendo

razões melhores, sem obter a permissão

dos detentores do poder, quaisquer que fossem;

não ousaria arrebatar ninguém de lá

e saberia como deve comportar-se

um estrangeiro em relação aos cidadãos.

Tu, entretanto, desonras a tua cidade,

que não merece essa desconsideração;

os anos que viveste fizeram de ti

ao mesmo tempo um ancião e um insensato.

¹ Édipo e suas filhas”


(…) Nunca imaginei

que Atenas iria acolher um parricida

com sua mácula, um homem cujo himeneu

se revelou incestuoso. Mais ainda:

eu soube que o sábio Conselho com assento

no topo da colina de Ares proibiu

a estada de andarilhos desse tipo aqui.

Por haver confiado em tais informações

tentei apoderar-me agora desta presa.

E nem assim teria feito a tentativa

se ele não tivesse lançado imprecações

amargas contra mim e toda a minha raça.

Diante desse tratamento insultuoso,

considerei-me no dever de revidar.

A cólera não envelhece e só a morte

a doma; apenas os defuntos não a sentem.


Teus lábios lançam contra mim assassinatos,

núpcias, desgraças, tudo que tenho sofrido

– ah! infeliz de mim! – sem qualquer culpa minha,

para a satisfação dos deuses, ressentidos

– quem sabe? – há muito tempo com meus ancestrais”


Fica sabendo: quem prendia será preso e o destino já tem nas mãos o caçador. Tesouro obtido pela astúcia desonesta não se conserva”


Quero augurar vitória no confronto

e gostaria de ser uma pomba

mais rápida que o próprio vento, oculta

nas alturas de uma nuvem etérea

para ver com meus olhos o combate.”


Depois, contai-me os fatos, mas concisamente

(poucas palavras condizem com vossa idade).”


(…) Peço-te, rei,

que me estendas agora a tua mão direita;

quero apertá-la, e se for lícito desejo

beijar-te a fronte… Mas me excedo na ousadia!

Como, sendo o infeliz que sou, posso atrever-me

a impor-te o contacto com um homem cujo corpo

abriga a mácula de todos os pecados?

Não vou tocar-te, nem permito que me toques,

Somente quem passou por provações iguais

pode participar das minhas (…)”


Estranhamente autobiográfico:

Que risco pode haver em ouvi-lo falar?

Planos perversos se revelam na linguagem.

Tu o geraste; logo, ainda que ele fosse

fazer-te as mais impiedosas vilanias

não terias direito de retaliar

tratando-o com maldade. Numerosos pais

já puseram no mundo filhos celerados

e sentiram por eles a mais forte cólera,

mas as ponderações suaves dos amigos

como se fossem sortilégios contiveram

os ímpetos iniciais de sua índole.

Não olhes tuas desventuras atuais,

e sim as do tempo passado, cuja culpa

coube ao teu pai e à tua mãe; se meditares,

verás – tenho certeza – que maus sentimentos

só podem conduzir a resultados maus.


CORO

Quem não se satisfaz com um quinhão

normal de vida e deseja um maior,

parece-me em verdade um insensato.

Dias sem número nunca reservam

a ninguém nada mais que dissabores

mais próximos da dor que da alegria.

Quanto aos prazeres, não os discernimos

e nossa vista os buscará em vão

logo que para nossa desventura

chegamos ao limite prefixado.

E desde então o nosso alívio único

será aquele que dará a todos

o mesmo fim, na hora de chegar

de súbito o destino procedente

do tenebroso reino onde não há

cantos nem liras, onde não há danças

– ou seja, a Morte, epílogo de tudo.

Melhor seria não haver nascido;

como segunda escolha bom seria

voltar logo depois de ver a luz

à mesma região de onde se veio.¹

Desde o momento em que nos abandona

a juventude, levando consigo

a inconsciência fácil dessa idade,

que dor não nos atinge de algum modo?

Que sofrimentos nos serão poupados?

Rixas, rivalidades, mortandade,

lutas, inveja, e como mal dos males

a velhice execrável, impotente,

insociável, inimiga, enfim,

na qual se juntam todas as desditas.²

Não é apenas meu esse destino.

Vede este infortunado semelhante

a um promontório defrontando o norte,

açoitado em todas as direções

por altas ondas e duras tormentas.

Este infeliz também é flagelado

sem tréguas por desventuras horríveis,

como se fossem vagalhões, uns vindos

lá do Poente, outros lá do Levante,

outros lá de onde o sol lança seus raios

ao meio-dia, outros do alto Ripeu

sempre coberto pela noite escura.³

¹ [Legítima primeira aparição da nostalgia do útero, da vontade de voltar a ser um feto, tão alardeada por Fraud? Mas quem viveu então melhor que Édipo, que <voltou ao útero> já na idade adulta? E se ele concebesse em Ismene e Antígona, como o velho ermitão do Gênese? Porém, o Não-Ser como primazia data de muito antes de Cristo.] Sófocles repete aqui, quase literalmente, conceitos pessimistas contidos nos versos 425/428 do poema de Teógnis (poeta moralista do século VI a.C.). Heródoto (1,31) atribui conceitos semelhantes a Croisos (Creso), rei da Lídia de 560 a 546 a.C.”

² Édipo é, com efeito, um velho que viveu muito mais do que deveria, de acordo com o testemunho de todos os helenos contemporâneos a ele e dele mesmo; pois vários anos servem de intervalo entre as calamidades da peça ÉDIPO REI e das conclusões mormente satisfatórias de ÉDIPO EM COLONO, onde temos uma espécie de redenção do Herói nas Luzes.

³ Ripeu: montanha lendária, seria o “Oiapoque europeu”, ou seja, limite setentrional do mundo antigo conhecido.”


Mas junto a Zeus e partilhando o mesmo trono,

senta-se a Piedade, atenta aos nossos atos.

Que venha ela, então, ficar perto de ti.

Não é possível corrigir faltas passadas,

Mas tampouco podemos torná-las mais graves.”


O último sou eu, teu filho – ou, se não teu,

gerado pelo mais cruel destino – eu”


Perverso, que quando tiveste o cetro e o trono

usufruídos hoje por teu próprio irmão

em Tebas, expulsaste, tu mesmo, teu pai

e o transformaste simplesmente num apátrida

coberto por estes andrajos cujo aspecto

te leva às lágrimas, porém somente agora

que vives nessa angústia semelhante à minha!

Já não é hora de chorar; cumpre-me apenas,

enquanto estiver entre os vivos, suportar

meus males, ciente de que és o meu verdugo.

É tua a culpa se vivo nesta miséria,

pois me expulsaste, e se levo uma vida errante

de mendigo pedindo o pão de cada dia,

tu és a causa. E se eu não tivesse gerado

estas meninas a quem devo o meu sustento,

e dependesse só de ti para viver,

já estaria morto. Devo-lhes a vida

e minha nutrição, pois elas se comportam

como se fossem homens em vez de mulheres

para ajudar-me em minha existência penosa.

Etéocles e tu nasceram de outro pai,

e não de mim. Por isso os olhos do destino

fixam-se em ti, não tanto agora, mas depois,

se os contingentes de que falas já avançam

em direção a Tebas. Ouve bem: jamais

poderá conquistá-la; antes morrerás

sangrentamente e teu irmão cairá contigo.

É esta a maldição que vos lancei há tempo

e reitero agora para a vossa ruína,

pois só assim achareis justa a reverência

em relação a quem vos deu a existência

e injusto o menosprezo por vosso pai cego

que vos gerou assim (…)

Queiram eles também que nunca mais regresses

a Argos rodeada de muitas colinas,

e que, ferido pela mão de teu irmão

usurpador, morras e ao mesmo tempo o mates!


Não posso anunciar a todos os amigos

este insucesso, nem fazê-los recuar,

e só me resta agora marchar em silêncio

para enfrentar o meu destino inelutável!

Ah! Filhas dele! Ah! Minhas queridas irmãs!

Ao menos vós, que ouvistes as imprecações

impiedosas deste pai, não me afronteis.

Em nome de todos os deuses vos suplico:

se um dia sua maldição se consumar

e se tiverdes meios de voltar a Tebas,

dai-me uma sepultura e oferendas fúnebres!¹

¹ Tema da terceira peça do ciclo”


Agora vou mostrar-te sem guia nenhum

o pedaço de terra onde devo morrer.

Em tempo algum, porém, poderás revelar

a qualquer outro homem o lugar oculto,

nem mesmo a região onde ele se situa,

se queres que eu te envie no futuro ajuda

igual à de escudos e lanças incontáveis

mandados por vizinhos para socorrer-te.

Conhecerás mais tarde o mistério sagrado

lá no local, só tu, pois nem eu mesmo posso

transmiti-lo a nenhum de teus concidadãos,

nem às minhas próprias crianças, apesar

do meu amor por elas. Terás de guardá-lo

por toda a vida, e na hora de tua morte

confia-o somente ao súdito mais digno,

para que por seu turno ele o revele um dia

a um sucessor fiel e assim se faça sempre.

Desta maneira manterás a tua pátria

ao abrigo das incursões devastadoras

dos soldados de Tebas.¹ Cidades sem número,

apesar de bem-governadas, muita vezes

adotam a arrogância em relação a outras,

porém o olhar dos deuses, embora demore,

descobrirá aquelas que, contrariando

a divina vontade, agem com violência.

(…)

Avançai por aqui, assim! É por aqui

que me conduzem Hermes, guia dos finados,

e a deusa dos infernos. Ah! Luz que meus

olhos não podem ver! Há muito tempo foste minha

e pela derradeira vez meu pobre corpo

está sentindo-te presente.”


MENSAGEIRO

(…) Quando seus passos o levaram

à frente do escarpado umbral onde se vêem

os primeiros degraus de bronze de uma escada

que leva às raízes recônditas da terra,¹

ele parou diante de uma das estradas

que partem do local, perto de uma cratera

onde se guardam para sempre os juramentos

de lealdade outrora feitos por Teseu

e por Peirítoo. Ali, a igual distância

da cratera profunda, da rocha Torícia,

de uma pereira oca e da tumba de pedra,

afinal Édipo sentou-se. Lá tirou

seus míseros andrajos e elevando a voz

pediu às suas filhas que fossem buscar

água corrente onde a encontrassem, pois queria

lavar-se e fazer libações. (…)

¹ Uma fenda na rocha, que segundo a lenda era a entrada para o mundo dos mortos. Teseu e Peirítoo teriam descido aos infernos por essa fenda, quando os dois foram ao Hades numa tentativa para raptar Perséfone. Esses detalhes topográficos, da mesma forma que os mencionados em seguida, eram familiares aos atenienses da época de Sófocles. ”


olhamos para trás e notamos que Édipo

já não estava lá; vimos somente o rei

com as mãos no rosto para proteger os olhos

diante de alguma visão insuportável.

Pouco depois – quase no mesmo instante – vimo-lo

fazendo preces e adorando juntamente

a terra e o divino Olimpo com seus gestos.

Mas nenhum dos mortais, salvo o próprio Teseu,

pode dizer como Édipo chegou ao fim.

(…)

O homem desapareceu sem lamentar-se

e sem as dores oriundas de doenças,

por um milagre inusitado entre os mortais.

E se pareço estar falando loucamente,

Não posso reprovar quem me chamar de louco.


Disso já muito se viu sobre a Terra…


ANTÍGONA

(…) Quanto a nós,

uma noite mortal escureceu

nossa visão. Ah! Como poderemos

agora, errantes em terra distante,

ou sobre as vagas do oceano, obter

o pão do qual depende a nossa vida?”


De certo modo antigas desventuras

podem ter sido prazeres perdidos;

as coisas menos doces eram doces

enquanto o tinha aqui entre meus braços!”


Cessai vossas lamentações, meninas!

Quando contamos com a benevolência

dos deuses infernais, por que gemer?

Provocaríamos a sua cólera.”


ANTÍGONA ou PRIMEIRO LIBELO FEMINISTA

ISMENE

Pobre de mim! Pensa primeiro em nosso pai,¹

em seu destino, abominado e desonrado,

cegando os próprios olhos com as frementes mãos

ao descobrir os seus pecados monstruosos;

também, valendo-se de um laço retorcido,

matou-se a mãe e esposa dele – era uma só –

e, num terceiro golpe, nossos dois irmãos

num mesmo dia entremataram-se (coitados!),

fraternas mãos em ato de extinção recíproca.

Agora que restamos eu e tu, sozinhas,

pensa na morte inda pior que nos aguarda

se contra a lei desacatarmos a vontade

do rei e a sua força. E não nos esqueçamos

de que somos mulheres e, por conseguinte,

não poderemos enfrentar, só nós, os homens.

Enfim, somos mandadas por mais poderosos

e só nos resta obedecer a essas ordens

e até a outras inda mais desoladoras.

Peço indulgência aos nossos mortos enterrados

mas obedeço, constrangida, aos governantes;

ter pretensões ao impossível é loucura.

ANTÍGONA

(…)

e santo é o meu delito, pois terei de amar

aos mortos muito, muito tempo mais que aos vivos.

Eu jazerei eternamente sob a terra

e tu, se queres, foge à lei mais cara aos deuses.”


(…) Se calares,

se não contares minhas intenções a todos,

meu ódio contra ti será maior ainda!”


ISMENE

Se houvesse meios … Mas desejas o impossível.

ANTÍGONA

Quando sentir faltar-me a força, pararei.

ISMENE

Mas o impossível não se deve nem tentar.”


o estrondo de Ares oponente invicto

dos inimigos do dragão tebano.¹

¹ Dragão tebano: alusão à suposta origem dos primeiros habitantes de Tebas, que teriam nascido dos dentes de um dragão morto por Cadmo, fundador da cidade, ao chegar ao local onde ela se situaria. Dos dentes semeados teriam nascido soldados inteiramente armados, os primeiros tebanos.”


Nas sete portas, enfrentando os nossos,

seus sete chefes foram derrotados,

deixando as armas de maciço bronze

como tributo a Zeus – árbitro único

da decisão de todas as batalhas –”


Não é possível conhecer perfeitamente

um homem e o que vai no fundo de sua alma,

seus sentimentos e seus pensamentos mesmos,

antes de o vermos no exercício do poder,

senhor das leis. Se alguém, sendo o supremo guia

do Estado, não se inclina pelas decisões

melhores e, ao contrário, por algum receio

mantém cerrados os seus lábios, considero-o

e sempre o considerarei a mais ignóbil

das criaturas; e se qualquer um tiver

mais consideração por um de seus amigos

que pela pátria, esse homem eu desprezarei.”


fique insepulto o seu cadáver e o devorem

cães e aves carniceiras em nojenta cena.

São estes os meus sentimentos e jamais

concederei aos homens vis maiores honras

que as merecidas tão-somente pelos justos.”


Sede implacável com quem não bebe água!


E estou aqui, contra teu gosto e contra o meu,

pois ninguém aprecia quem dá más notícias.”


Se a Zeus ainda agrada a minha reverência,

escuta e dize aos outros guardas: juro agora

que se não descobrirdes o real autor

desse sepultamento e não o conduzirdes

à frente de meus olhos, simplesmente a morte

não há de ser pena bastante para vós;

sereis dependurados todos, inda vivos,

até que alguém confesse o crime!”


Ah! é terrível quando, embora preparado

para ser bom juiz, um homem julga mal!…”


É bom livrarmo-nos de males mas é triste

lançar amigos nossos na infelicidade.

Mas, isso tudo para mim neste momento

importa menos do que a minha salvação.”


(…) e não me pareceu

que tuas determinações tivessem força

para impor aos mortais até a obrigação

de transgredir normas divinas, não escritas,

inevitáveis; não é de hoje, não é de ontem,

é desde os tempos mais remotos que elas vigem,

sem que ninguém possa dizer quando surgiram.

E não seria por temer homem algum,

nem o mais arrogante, que me arriscaria

a ser punida pelos deuses por violá-las.

Eu já sabia que teria de morrer

(e como não?) antes até de o proclamares,

mas, se me leva a morte prematuramente,

digo que para mim só há vantagem nisso.”


Pois homem não serei – ela será o homem! –

se esta vitória lhe couber sem punição!

(…)

nem ela nem a irmã conseguirão livrar-se

do mais atroz destino, pois acuso a outra

de cúmplice na trama desse funeral.”


(…) Muitas vezes

o íntimo de quem não age retamente,

na sombra, indica a traição antes do feito.”


CREONTE

Nem morto um inimigo passa a ser amigo.

ANTÍGONA

Nasci para compartilhar amor, não ódio.

CREONTE

Se tens de amar, então vai para o outro mundo,

ama os de lá. Não me governará jamais

mulher alguma enquanto eu conservar a vida!”


CREONTE

Afirmo que uma destas moças neste instante

nos revelou sua demência; a outra é insana,

sabidamente, desde o dia em que nasceu.

ISMENE

É, rei, mas a razão inata em todos nós

está sujeita a mutações nos infelizes.

CREONTE

Isto se deu com a tua, quando preferiste

ser má em companhia de pessoas más.

ISMENE

Sem ela, que prazer teria eu na vida?

CREONTE

Não digas <ela>; não existe mais.

ISMENE

Irás matar, então, a noiva de teu filho?

CREONTE

Ele pode lavrar outras terras mais férteis.

ISMENE

Isso não foi o que ele e ela pactuaram.

CREONTE

Detesto, para os filhos meus, mulheres más.”


mesmo as pessoas corajosas tentam fugir se ameaçadas pela morte.”


CORO

(…)

as gerações mais novas não resgatam

as gerações passadas. Um dos deuses

agarra-se insaciável a elas todas

e as aniquila; não há salvação.

O pálido lampejo de esperança

que sobre o último rebento de Édipo

surgira, esvai-se agora na poeira

dos deuses infernais, ensangüentada

pelo arrebatamento das palavras

e por corações cheios de furor.

Que orgulho humano, Zeus, será capaz

de opor limites ao poder só teu,

que nem o Sono precursor do fim

de todos vence, nem o perpassar

infatigável do tempo divino?¹

Governas o fulgor maravilhoso

do Olimpo como soberano único,

imune ao tempo que envelhece tudo.

E no porvir, tal como no passado

a lei para os mortais será mantida:

nada haverá de realmente grande

em suas vidas sem desgraças juntas.

É um conforto para muitos homens

a instável esperança; para outros

é uma ilusão de seus desejos frívolos

insinuando-se junto aos ingênuos

até que aos pés lhes chegue o fogo ardente.

Pois com sabedoria alguém falou

as célebres palavras: <cedo ou tarde,

o mal parecerá um bem àquele

que os deuses resolveram desgraçar>.

¹ No original: divinos meses.”


Desejam para isso os homens em seus lares

crianças obedientes que eles engendraram

para mais tarde devolver aos inimigos

dos pais o mal que lhes fizeram, e também

honrar, como seus pais honraram, os amigos.

Mas, de quem teve apenas filhos imprestáveis,

só poderíamos dizer que semeou

muitos motivos de aflição para si mesmo

e muitas gargalhadas para os inimigos.

Jamais deves perder o senso, filho meu,

pela volúpia de prazeres, por mulheres,

ciente de que tal satisfação esfria

quando a mulher com quem convives é perversa.

Existirá, então, ferida mais pungente

que uma esposa má? Deves repudiá-la

como inimiga; deixa a moça desposar

alguém lá no outro mundo. (…)

Mas a anarquia é o mal pior;

é perdição para a cidade e faz desertos

onde existiam lares; ela é causadora

de defecções entre as fileiras aliadas,

levando-as à derrota. A submissão, porém,

é a salvação da maioria bem-mandada.

Devemos apoiar, portanto, a boa ordem,

não permitindo que nos vença uma mulher.

Se fosse inevitável, mal menor seria

cair vencido por um homem, escapando

à triste fama de mais fraco que as mulheres!


HÊMON

(…)

o teu cenho inspirador de medo impede

os homens simples de pronunciar palavras

que firam teus ouvidos. Eu, porém, na sombra,

ouço o murmúrio, escuto as queixas da cidade

por causa dessa moça: <Nenhuma mulher>,

comentam, <mereceu jamais menos que ela

<essa condenação – nenhuma, em tempo algum,

<terá por feitos tão gloriosos quanto os dela

<sofrido morte mais ignóbil; ela que,

<quando em sangrento embate seu irmão morreu

<não o deixou sem sepultura, para pasto

<de carniceiros cães ou aves de rapina,

<não merece, ao contrário, um áureo galardão?>

Este é o rumor obscuro ouvido pelas ruas.

Com relação a mim, meu pai, nenhum dos bens

é mais precioso que tua satisfação.

(…)

Não tenhas, pois, um sentimento só, nem penses

que só tua palavra e mais nenhuma outra

é certa, pois se um homem julga que só ele

é ponderado e sem rival no pensamento

e nas palavras, em seu íntimo é um fútil.

Não há vergonha alguma, mesmo sendo sábio,

em aprender cada vez mais, sem presunções.

Não vês, ao lado das torrentes engrossadas

pelas tormentas, como as árvores flexíveis

salvam-se inteiras, e as que não podem dobrar-se

são arrancadas com a raiz? Da mesma forma,

aquele que mantém as cordas do velame

Sempre esticadas, sem às vezes afrouxá-las,

faz emborcar a nau e finaliza a viagem

com a quilha para cima.”


CREONTE

Posso, na minha idade, receber lições

de sensatez de alguém da natureza dele?

HÊMON

Se houver razões. Sou jovem? Olha mais, então,

para os meus atos que para os meus poucos anos.

(…)

CREONTE

Discutes com teu pai, pior das criaturas?

HÊMON

Porque agindo assim ofendes a justiça.

CREONTE

Ofendo-a por impor respeito ao meu poder?

HÊMON

Tu mesmo o desrespeitas ultrajando os deuses.

CREONTE

Caráter sórdido, submisso a uma mulher!

HÊMON

Não me verás submisso diante de baixezas!

CREONTE

A tua fala toda, ao menos, é por ela!

HÊMON

Por ti, por mim e pelos deuses dos finados!

CREONTE

Jamais te casarás com ela ainda viva!

HÊMON

Pois ela morrerá levando alguém na morte!

CREONTE

O atrevimento leva-te a tais ameaças?

HÊMON

É atrevimento refutar idéias vãs?

CREONTE

Chorando aprenderás que vão é o teu saber!

HÊMON

Queres falar apenas, sem ouvir respostas?

CREONTE

Não tagareles tanto, escravo de mulher!

HÊMON

Não fosses tu meu pai, dir-te-ia um insensato!

CREONTE

Isto é verdade? Pelos céus, fica sabendo:

essas censuras torpes não te alegrarão!”


O apedrejamento é um ato puro, pois não se maculam as mãos tocando-se no criminoso:

Acaso não sabeis que hinos e lamúrias

na hora de morrer jamais acabariam

se houvesse o mínimo proveito em entoá-los?

Ides, ou não, levá-la imediatamente?

E quando a houverdes encerrado, como eu disse,

em sua cavernosa sepultura, só,

abandonada para, se quiser, morrer

ou enterrar-se ainda viva em tal abrigo,

estarão puras nossas mãos: não tocarão

nesta donzela. Mas há uma coisa certa:

ela será privada para todo o sempre

da convivência com habitantes deste mundo.”


Nossos altares todos e o fogo sagrado

estão poluídos por carniça do cadáver

do desditoso filho de Édipo, espalhada

pelas aves e pelos cães; por isso os deuses

já não escutam nossas preces nem aceitam

os nossos sacrifícios, nem sequer as chamas

das coxas; nem os pássaros dão sinais claros

com seus gritos estrídulos, pois já provaram

gordura e sangue de homem podre. Pensa, então,

em tudo isso, filho. Os homens todos erram

mas quem comete um erro não é insensato,

nem sofre pelo mal que fez, se o remedia

em vez de preferir mostrar-se inabalável;

de fato, a intransigência leva à estupidez.

Cede ao defunto, então! Não firas um cadáver!

Matar de novo um morto é prova de coragem?”


negociai, se for vossa vontade,

o electro lá de Sardes¹ ou da Índia o ouro,

mas aquele cadáver não enterrareis;

nem se quiserem as próprias águias de Zeus

levar pedaços de carniça até seu trono,

nem mesmo por temor de tal profanação

concordaria eu com o funeral, pois sei

que homem nenhum consegue profanar os deuses.

Mostram sua vileza os homens mais astutos,

velho Tirésias, ao tentar dissimular

pensamentos indignos com belas palavras,

preocupados tão-somente com mais lucros.

¹ Suntuosa capital da Lídia”


Ceder é duro, mas só por intransigência deixar que a cólera me arruíne, é também duro.”


1º MENSAGEIRO

Hêmon morreu; matou-o mão ligada a ele.

CORIFEU

A mão paterna? Ou terá sido a dele mesmo?

1º MENSAGEIRO

Foi ele, em fúria contra o crime de seu pai.

CORIFEU

Ah! Adivinho! Era verdade o que dizias!

1º MENSAGEIRO

Isso é passado. Cumpre-nos pensar no resto.

CORIFEU

Mas, vejo aproximar-se a infeliz Eurídice,

esposa de Creonte; ela vem do palácio

para saber do filho, ou, talvez, por acaso.”


vimos pendente a moça, estrangulada em laço

improvisado com seu próprio véu de linho;

Hêmon, cingindo-a num desesperado abraço

estreitamente, lamentava a prometida

que vinha de perder, levada pela morte,

e os atos de seu pai, e as malsinadas núpcias.

Quando este o viu, entre gemidos horrorosos

aproximou-se dele e com a voz compungida

chamou-o: <Ah! Infeliz! Que estás fazendo aí?

<Que idéia te ocorreu? Qual a calamidade

<que assim te faz perder o senso? Sai, meu filho!

<Eu te suplico! Imploro!> O moço, todavia,

olhando-o com expressão feroz, sem responder

cuspiu-lhe em pleno rosto e o atacou sacando

a espada de dois gumes; mas o pai desviou-se

e recuou, fazendo-o errar o golpe; então,

com raiva de si mesmo, o desditoso filho

com todo o peso de seu corpo se deitou

sobre a aguçada espada que lhe traspassou

o próprio flanco; no momento derradeiro

de lucidez, inda enlaçou a virgem morta

num languescente abraço, e em golfadas súbitas

lançou em suas faces lívidas um jato

impetuoso e rubro de abundante sangue.

E jazem lado a lado agora morto e morta,

cumprindo os ritos nupciais – ah! infelizes! –

não nesta vida, mas lá na mansão da Morte,

mostrando aos homens que, dos defeitos humanos,

a irreflexão é incontestavelmente o máximo.”


Não sei… Silêncios excessivos me parecem

tão graves quanto o exagerado, inútil pranto.”


É o fim sangrento de minha mulher,

caída nesta sucessão de mortes?”


Levai-me imediatamente, escravos,

para bem longe, pois não sou mais nada!”


A desmedida empáfia nas palavras

reverte em desmedidos golpes

contra os soberbos que, já na velhice,

aprendem afinal prudência.

FIM”


Notas (quando não-incluídas nos fragmentos acima):

Destaca-se em todas as tragédias de Sófocles a extrema religiosidade do autor, e seu respeito irrestrito às crenças tradicionais, inclusive aos oráculos.” Dá para perceber.

* * *

PREFÁCIO

Sófocles nasceu no ano de 496 a.C. em Colono, um subúrbio de Atenas.

Em 468, portanto aos 28 anos de idade, obteve sua primeira vitória num concurso trágico em que venceu Ésquilo, o mais velho dos três grandes tragediógrafos da Grécia clássica.

Durante sua longa vida Sófocles presenciou a expansão do império ateniense, seu apogeu com Péricles e finalmente sua decadência após a derrota na Sicília durante a Guerra do Peloponeso.

(…)

Sófocles compôs aproximadamente 123 peças teatrais e obteve 24 vitórias nos concursos trágicos; isto significa que 76 de suas obras foram premiadas; nos outros concursos de que participou obteve o segundo lugar, feitos jamais igualados na história literária de Atenas.

Desta vasta produção chegaram até nossos dias 7 tragédias completas (Aias, Antígona, Édipo Rei, Traquínias, Electra, Filoctetes¹ e Édipo em Colono), um drama satírico incompleto (Os Sabujos) e numerosos fragmentos de peças perdidas, conservados em obras de autores posteriores (páginas 131 a 360 dos Tragicorum Graecorum Fragmenta editados por Nauck).

¹ [Em vermelho as que ainda não li. (2023)]

½ MALDIÇÃO: “Laio (Laios), filho de Lábdaco (Lábdacos) nutrira em sua juventude uma paixão mórbida por Crísipo (Crísipos), filho de Pélops, inaugurando assim, segundo alguns autores gregos, os amores homossexuais. Laio raptou Crísipo e foi amaldiçoado por Pélops, que desejou a Laio o castigo de morrer sem deixar descendentes.”

O autor, com seu senso estético extraordinário, deve ter intuído que somente um tratamento artístico adequado evitaria que a peça descambasse para o escabroso.”

De fato, o Édipo em Colono é uma peça prolixa (o mais longo de todos os dramas gregos conservados) e às vezes até repetitiva, mas, embora lhe faltem a severidade e a concentração do Édipo Rei e mesmo da Antígona, ainda assim não desmerece a genialidade de Sófocles. Com efeito, no Édipo em Colono o poeta usa mais os meios externos para produzir piedade e temor, e recorre mais obviamente a efeitos visuais e auditivos, passando a ser, em linguagem moderna, mais melodramático e menos trágico.”

O tema principal da Antígona é um choque do direito natural, defendido pela heroína, com o direito positivo, representado por Creonte. Ao longo da peça, porém, surgem ainda os temas do amor, que leva Hêmon (filho de Creonte) ao suicídio; do orgulho, que leva Creonte ao desespero; do protesto dos jovens contra a prepotência dos pais.” O tema principal é a tirania despótica e o vislumbre do papel social cada vez mais relevante da mulher.